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PINK TONES:

Álvaro Espinosa: Guitarra, voz y theremin.

Nacho Aparicio: Teclados y samplers

Cefe Fernández: Bajo, sintetizadores y voz

Antonio Fernández: Batería y percusión

Pipo Rodríguez: saxo, guitarra y voz

Ángela Fernández: coros

Cristi López: coros

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Sábado 24 de mayo de 2014.

Teatro Colón (A Coruña).

A veces la vida da segundas oportunidades. Quizá no idénticas, vale, pero segundas. Allá por el año 88 u 89, ya no me acuerdo bien, recuerdo el berrinche que me había agarrado cuando la noche de fin de año me enteré de que podría haber ido al concierto que había dado Pink Floyd con motivo de su gira “Delicate sound of thunder” en San Sebastian en julio de aquel año. Así que cuando me enteré de que había una banda llamada Pink Tones que hacía música de los Floyd (no les gusta que les llamen “homenaje” ni “banda tributo”) me dije a mí misma que esta vez no habría fallo, aunque no pudiesen ser los originales. Mala fecha eligieron los Tones para actuar en La Coruña: 24 de mayo, día de la archiesperada final de la Champions, con los dos equipos principales de la capital española como protagonistas, pero… ¿quién lo sabía? De hecho, el evento futbolero obligó a la organización a cambiar la hora del concierto de las 21.30 a las 23.00, por si acaso no llenaban. No me preocupó en absoluto. Lo que sí lo hizo fue el hecho de que el evento se celebrara en el Teatro Colón. Fruncí el morro al enterarme. ¿Rock en un teatro? ¿Sin copas? ¿Sin bailar? ¿Sin pitillos? Y lo por de todo ¿sin sacar la air guitar? No me pareció bien en absoluto. Ya había pasado por la experiencia de ver a Jeff Tweedy hace un par de años con Wilco en un teatro y me cortó el rollo, francamente. Pero como no podía elegir, agaché las orejas.

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Álvaro Espinosa.

Decidí ir completamente virgen al concierto, sin saber el repertorio ni nada de la banda, el único dato con el que me quedé era que sus miembros son tan españoles como la tortilla de patata y poco más. Hacía un par de años que tenía ganas de verlos, puesto que había leído o escuchado en algún sitio que era la mejor banda de las muchas que hay recreando a los de David Gilmour y si yo soy algo en esta vida, es friki de los Pink Floyd.

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Nacho Aparicio.

Empezó el concierto con diez minutos de retraso (veinte minutos después seguía entrando la gente que llegaba de la prórroga del fútbol) y, la primera en la frente, pues esta listilla pensaba que abrirían con “Shine on a crazy diamond”, comenzó a sonar el potentísimo bajo que anunciaba el comienzo de “One of these days”. Tonta de mí, difícilmente iban a empezar con otro tema si ése es justo el título de la gira. Álvaro le daba caña a la slide como si no hubiera un mañana mientras al fondo del escenario se vislumbraba un círculo de luz con el triángulo de “The dark side of the moon” dentro. Muy buena también la parte no musical del show, con humo formado por hielo seco y juegos de luces que cambiaban al ritmo de la música. El sonido, espectacular, una acústica alucinante. Unos minutos después llegó mi primer momento de delirio cuando sonaron los relojes de “Time”. Es mi tema favorito, no solo de Pink Floyd, de toda la historia de la música. Y me pregunté cómo se iban a repartir las voces. Originalmente lo hacen Gilmour y Wright. En este caso Álvaro cantaba la parte de Gilmour y el guitarra Pipo Rodríguez la de Richard. Perfectamente acoplados en la alta y la baja, por cierto, yo siguiendo la letra sin cantar en mi asiento y poniéndome enferma por momentos por no poder gritarla a pleno pulmón y sacando discretamente una air muy pequeñita durante el solo de guitarra, en fin… aparecieron las chicas del coro y se retiraron tras acabar su parte. Un rato después me tocó flipar con “Dogs”, mi tema favorito de Animals y uno de los motivos es porque ya está presente la progresión de acordes del tema “Hey you” de The Wall.

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Cefe Fernández.

 

A partir del quinto tema empecé a apreciar en lo que vale el que el espectáculo se hubiera hecho en un teatro y no en una sala de conciertos: se marcaron “Shine on your crazy diamond” entera y verdadera, las nueve partes, señores, con un enlace cojonudo entre la quinta y la sexta, les recuerdo que en el disco original hay tres temas entre ellas. Ahí ya cerré los ojos y me repanchingué en la butaca para seguirla sin que me interfiriera la imagen y les juro que no difería de la original ni en un microsegundo de tirón de cuerda de un bending (marca de la casa Gilmour, por cierto). Sólo note diferencias cuando entró el saxo y no fue la única vez en esa noche, por cierto.

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Antonio Fernández.

Las nueve partes juntas duran unos veintiséis minutos, y dado que ya antes habían hecho temas largos entendí, repito, la comodidad de estar en un teatro, bien sentadita y sin distracciones que desviaran mi atención de nada que no fuera escuchar la música. Y entendí también que los Pink Tones no tienen el menor reparo en llenar su repertorio de temas larguísimos. Y por último entendí también por qué sus conciertos duran tres horas: al terminar los primeros sesenta minutos sólo habían tocado seis temas.

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Pipo Rodríguez.

Después de Shine llegó una agradable sorpresa para mí porque “Have a cigar” es un tema que jamás había escuchado tocar a los Floyd en directo y cuando a continuación escuché en el piano los primeros compases de “A great gig in the sky” me dio por pensar que su osadía superaba la que yo les presuponía. Subieron las dos chicas del coro y se lanzaron a la piscina sin agua, porque mira que es difícil cantar un tema que no tiene letra, de hecho cuando se grabó fue una improvisación, lo cuenta el mismo Richard Wright en un documental, cogieron por banda a la cantante Clare Torry y le dijeron que pensara en la muerte o en algo igual de horrible y cantara, así, sin anestesia ni nada. El resultado lo conocemos todos y Ángela y Cristi no defraudaron en absoluto, una con su voz aguda y clara y la otra con la suya profunda y aterciopelada, aunque la transición entre una y otra no fue del todo limpia, o al menos así me pareció percibirlo. La parte del piano, magnífica y emocionante. Por seguir con el orden original del disco entraron con “Money” y el bajista Cefe Fernández pudo lucirse a gusto. Álvaro llevaba la parte vocal y me estaba gustando más su voz en los temas de Waters que en los de Gilmour, la verdad sea dicha, aunque cantaba bastante bien en ambos. Nuevamente me decepcionó un poco la parte del saxo, al no subir los agudos todo lo esperable. Y continuaron con TDSOTM: la preciosa “Brain damage”, dedicada a Syd Barret, y la muy épica “Eclipse”. Me emocioné en esta última, lo confieso.

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Ángela Cervantes y Cristi López.

 

El primer tema en inaugurar los dedicados a ese ejercicio de megalomanía suprema de Roger Waters titulado The Wall (lo cual no quiere decir que no me guste, ojo), fue “The thin ice”, casi dos horas después de haber comenzado la actuación e inmediatamente después llegó la segunda sorpresa de la noche para mí, no esperaba ningún tema del último álbum de estudio de Pink Floyd, The division bell, disco que me parece que ha sido bastante despreciado por la crítica, así que cuando escuché las campanas que introducen “High hopes” salté de alegría en mi butaca por tan genial elección, y Álvaro se marcó un solo final de guitarra slide de quitarse el sombrero que me hizo flotar por la ya abarrotada platea del teatro. Álvaro cambió a la guitarra acústica y comprendí que le había llegado el momento al himno: todos coreamos a gritos la hermosa letra de “Wish you were here”, versión que se mantuvo fiel al tema enlatado de los Floyd. Continuaron con “Echoes”, otro macro de veintitrés minutos de duración donde Álvaro y Pipo volvieron a demostrar su perfecta química a la hora de acoplar sus voces, entre otras cosas, y llegó la tercera sorpresa para mí, que casi me caigo en el asiento al ver que se iban a atrever con el dificilísimo tema “Don´t leave me now”. Debe ser de lo más difícil de cantar que existe en la historia del rock y Álvaro lo hizo sin un solo fallo. Con este tema se abrió entonces la fiesta del muro, como le llamo yo, y atacaron la primera parte de “Another brick in the wall” con todo el teatro en absoluta penumbra y sosteniendo los acordes finales mientras entre las sombras se iba adivinando que algo crecía en el extremo izquierdo del escenario. Al entrar el helicóptero se hizo la luz y todos nos quedamos alucinados al contemplar un hinchable enorme con la efigie del malvado profesor al que sus alumnos demandan libertad. Mientras se le iluminaban los ojos, prorrumpimos en aplausos y la banda se dispuso a regalarnos el segundo himno: la segunda parte de “Another brick in the wall”, que ya nos obligó a desmelenarnos y levantarnos de los asientos, aunque yo hubiera preferido hacerlo antes y con otros temas. Álvaro alargó el solo hasta el delirio entre las palmas de un público que ya jaleaba sin recato e incluso lo aceleró al final casi emparentándolo con el heavy. Tras tanta trepidación, “Good bye cruel world”, cantada por Cefe, anunciaba la despedida. Por supuesto, no les dejamos marcharse tan fácilmente. Tuvieron que volver para tocar mi adorada “Run like hell” y mi todavía más amada “Confortably numb”, la cual cerró tres horas de increíble concierto. Seguí todas y cada una de las notas de los dos solos de guitarra sabiendo que el sueño terminaba y queriendo tener un disco duro dentro de mi coco para poder recordar todos los detalles de esa noche mágica. Que al parecer no acabó bien para todos, sobre todo para el batería de los Pink Tones que tuvo que ser ingresado de urgencia al terminar el concierto por una infección de tráquea que se resolvió felizmente. Yo, por mi parte, no puedo más que agradecer la segunda oportunidad dada, que sé que será una tercera e incluso una cuarta, porque los Pink Tones cambian continuamente el repertorio de sus giras y actúan con bastante frecuencia por la piel de toro, y me he quedado con ganas de escuchar “Us and them”, “Hey you” y unas cuantas más, pero como ellos dicen, con un espectáculo con temas tan largos es imposible que llueva a gusto de todos, y lo mejor que se puede hacer es verlos muchas veces, con la marcha que llevan acabarán tocando todos los temas de Pink Floyd.

Texto por Ana Vázquez Villareal.

Fotos cortesía de www.pinktones.net