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¡Judas! Le gritaba un espectador indignado hace casi cincuenta años a un Dylan parapetado en sus gafas negras y empuñando una sacrílega guitarra eléctrica en una de sus actuaciones en el Royal Albert Hall  respaldado por The Band (no se pierdan el concierto editado legalmente en sus Bootleg series porque es uno de los momentos trascendentales en la historia del rock’n’roll).

¡Judas! Parecía llamarle Joan Baez cuando poco tiempo antes le increpó desde la televisión pública por no ponerse al frente de una de las más multitudinarias manifestaciones pro-derechos civiles habidas en Washington.

¡Judas! Pensaba su viejo colega Pete Seeger mientras saboteaba los cables de alimentación del escenario cortándolos con un hacha para impedir que Bob tocase en eléctrico su nueva música.

¡Judas! Pensaría la comunidad judía cuando abrazó la fe cristiana públicamente a finales de los setenta y nos entregó una serie de discos magistrales. (Escúchese “Slow Train Coming”)

¡Judas! Pensó después la comunidad cristiana cuando volvió a abrazar la fe judía.

¡Judas! Bramó la comunidad progresista cuando actuó para el hoy canonizado Juan Pablo II.

¡Judas! Pensaron muchos cuando en el concierto de celebración de su cincuenta aniversario no acudió en ayuda de su invitada Sinead O’connor que era abucheada e insultada por la audiencia después de romper una foto del Papa antes citado y dejándole el papelón al bueno de Kris Kristofferson que sacó del escenario a la díscola irlandesa.

Y Judas le vuelven a llamar por prestar su imagen para anunciar un conocido Banco on-line, se lo llaman aquellos que quieren que Dylan sea el que ellos imaginan que es, o el que imaginaron que fué hace cuarenta años o el que imaginan que debería que ser en los años que le queden. Solo que el Dylan que imaginaron no es Bob Dylan y menos aún Robert Zimmerman, hosco, cínico, esquivo, genial, poeta, músico visionario y poco interesado en agradar a una masa a la que siempre ha mirado con estupor y en muchas ocasiones con justo desprecio. Un Bob Dylan  de setenta y tres años que sigue embarcado en un tour que nunca se acaba y ofreciendo, tantos años después, discos a la altura de su leyenda,  dispuesto a morir sobre el escenario. El grito de Judas resuena en su cabeza y con una imperceptible sonrisa, ocultando los ojos bajo el ala de su sombrero, murmura “…todo está bien Mamá, solo estoy sangrando…”

 

POSDATA: Yo, después de ver por enésima vez  el polémico anuncio del Banco de los huevos, me voy a darle de fumar a mi pájaro, beberme un par de sus discos y cocinar el televisor escuchando el famoso hit de KaKa de Lux “Pero que público más tonto tengo”

Jose Tribeca