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ana2nov14

ANA VÁZQUEZ VILLAREAL 
hyde80.com
Se acerca San Valentín, y suele gustarme escribir algún cuento de corte romántico para no celebrar tal fecha. Sinceramente, desde que escribí el primero, “La Cita”, la cosa ha ido evolucionando insidiosamente de romántica a semi-guarrilla, así que este año con el bombardeo erótico-festivo que inunda las librerías y el mundillo de las descargas ilegales he estado buscando inspiración, sobre todo inspiración alejada de la saga Grey y productos afines que, si han leído ustedes la entrada anterior de este blog, me parecen bodrios intragables por lo desmesurado y fantástico, no por lo erótico.
Y fue así, investigando un poco y besando muchísimos sapos, como me topé con las novelas deNoelia Amarillo, escritora madrileña de libros subidillos de tono que, afortunadamente, presentan otras características interesantes que son las que me han enganchado. Empecé leyendo las dos primeras de su serie “Amigos del barrio”: “Falsas apariencias” y “Cuando la memoria olvida”, seguí por “Ardiente verano” y “Quédate a mi lado” y acabo de terminar “¿Suave como la seda?”, la tercera de los amigos del barrio. No he podido evitar hacer comparaciones con el material que seduce a las porno-mamás. Las comparaciones son odiosas, ya lo sabemos, pero una vez más el producto patrio gana por goleada. Ya no sólo por la ausencia de fantasmadas varias: nada de ricachones, nada de helicópteros, ni coches caros, ni rascacielos kilométricos, sino también porque en sus historias la trama principal y el carácter de los personajes desplazan, que no empequeñecen, a las escenas de sexo. Escenas tanto o más picantes que las de Grey y compañía. Y mejor descritas.
La  normalidad, en el mejor sentido de la palabra, parece ser la tónica dominante en la obra de Noelia Amarillo: chicos de barrio, del cinturón sur de Madrid, o personajes de algún pueblo de España, con sus alegrías y sus miserias, con los problemas que cualquiera de nosotros pueda tener: buscar trabajo, aguantar a la familia, llegar a fin de mes… Entornos familiares entrañables, ropa de Zara, coches viejos, cañas y tapas de patatas bravas, excursiones al río, paseos por el parque, gimnasios o centros de día para ancianos, esos suelen ser los espacios y situaciones donde la autora contextualiza sus historias. Y es precisamente esa ambientación cotidiana y costumbrista lo que hace que, por contraste, sus explosivas historias de amor resulten, aparte de más creíbles, mucho más cautivadoras para el lector. Aparte de tramas bien construidas y desarrolladas, aunque con final feliz previsible, como mandan los cánones del género, hay que destacar la caracterización psicológica de los personajes, para mi gusto lo mejor. Tal potencial le veo a le veo a la autora que me gustaría verla brujulearse en otros géneros menos “calientes”, no dudo que saldría airosa de asunto.
En cuanto a los elementos típicos del género, por supuesto que no prescinde de ellos: protagonistas masculinos guapos, mucho sexo y mucha pasión, algún que otro malentendido y personajes malotes que pueden estropear la tórrida relación entre los protas. Quizá para mi gusto hay un pelín de más de monólogo interior, demasiadas comeduras de coco de los personajes, lo que no le quita entretenimiento a la lectura, pero ralentiza el desarrollo del argumento.
Concluyendo, que ya de meterse a leer novelas tórridas, esta autora es de lo más recomendable. Espero con ansias la cuarta entrega de los “amigos del barrio”.