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19 de abril de 2014.

Dublín (A Coruña).

Hace poco, en mis andanzas nocturnas intentando descubrir los nuevos talentos musicales que van surgiendo en la ciudad, me topé con Big Lis & Her Rodmen,  concretamente en el Dublín. Con semejante nombre se podrán imaginar que la banda se dedica al noble arte de las pentatónicas, es decir, al blues. Y como no todo va a ser rock and roll en esta vida, y el blues es uno de mis géneros favoritos, me quedé a verlos.

Big Lis (anteriormente conocida como Parrocha Blues) es la banda formada por Iria Lis (voz), Rubén Barros Deschamps (guitarra), Fernando Fraga Guntín (bajo) y Samuel Pérez (batería) y hacen blues clásico, entendiendo como tal el de los años 30 y 40. No hay más que ver su repertorio: Dust my Broom, de Elmore James, Nobody knows you when you´re down and out, de Jimmy Cox y popularizada por Bessie Smith (y revisitada, entre otros, por Eric Clapton, pero éste no era el caso), Rock me baby, de BB King y conocidísima por la versión de los Rolling Stones o Got my Mojo working, de Preston Foster y popularizada por Muddy Waters, entre otras. Para una rockera como yo que tuvo su primer contacto con el blues de la mano de artistas como Eric Clapton o Gary Moore, fue toda una lección de música, y, sobre todo, de cómo sonar bien sin necesidad de formar demasiado jaleo.

Iria Lis, la vocalista, posee una voz de contralto portentosa, profunda y aterciopelada perfecta para el género, y, sobre todo, trabajada, además de un buen dominio escénico, lo cual no es fácil, por ejemplo, durante los solos de guitarra, en los que el cantante muchas veces no sabe qué hacer con su cuerpo serrano. No es una novata en estas lides, anteriormente había formado parte de Bliss Blues y de Lis Paul.  Ese día, por cierto, debutaba  con ellos el bajista Fernando Fraga, que desempeñó su papel de forma impecable, marcando esos graves tan característicos del blues sin despeinarse. Lo mismo puede decirse del batería, al que ya había tenido oportunidad de ver con los Octupus´s Garden, que llevó el ritmo casi únicamente con las escobillas la mayor parte del tiempo sin que se echasen de menos las baquetas para nada: hacen un blues elegante y cadencioso. Y Rubén, el guitarra, siguió en la misma línea usando poco la distorsión y en algunos temas voló por el mástil al más puro estilo blues de los 70-80.

Resumiendo: que estamos ante una feliz conjunción planetaria, dado que todos los miembros del cuarteto son buenos en su campo. Les deseo una larga vida musical ( y de la otra también, por supuesto). Espero poder volver a verlos en próximas fechas y pasar por aquí a contarlo.

Texto por Ana Vázquez Villareal.

Foto Big Lis & Her Rodmen cortesía de JEC.