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Llevamos mucho tiempo haciéndonos una pregunta trascendental: ¿Por qué cuando alguien dice: “Yo no soy racista, pero…” está diciendo que sí, que es racista, sin peros? Ya llevamos bastante preguntándonos por este estrambótico nuevo recurso retórico con el cual se pretende afirmar por lo bajinis algo de lo que el diciente, en el fondo, se avergüenza, porque la verdad es que cuando se es racista, se es racista, y cuando no se es racista, no se es racista. Punto com.

Pues lo decimos, porque un locutor llamado Carlos Herrera, el cual lamento no poder juzgar sobre él porque nunca lo he escuchado, y de su ex esposa mejor no hablar sobre su capacidad intelectual, que se le supone, ha dicho: “Yo soy demócrata, pero…” ¿Y qué ha soltado después de esa figura retórica de “Yo no soy… pero…” que haría saltar cualquier programa de ordenador ante su absurda autodefinición, bueno pues el Carlos Herrera, después de afirmar que es “Demócrata”, ha afirmado que con Franco “los de podemos estarían en las cunetas” (sic). ¿Qué cómo se ha atrevido a afirmar ésta “boutade”? Pues creemos que ni él mismo lo debe saber. Llevado tal vez por su generoso impulso a defender al Partido Popular, que para eso estaba en los papeles de Bárcenas, habiendo cobrado casi 100.000 € sin haber pegado palo, simplemente por ser el perro de presa contra los enemigos del partido de la corrupción institucional, ha decidido lanzar un mensaje de amenaza como el de nuestras abuelas amedrentadas por los tenebrosos tiempos del fascismo más recalcitrante que imperó en España (¿Imperó? ¿O más bien sigue imperando?). Y los destinatarios de dicho tétrico mensaje son los integrantes de los círculos podemos. Como decía ese loco egregio llamado Salvador Dalí: “Que hablen de uno, aunque sea bien!”. Pues Carlos Herrera le ha hecho un gran favor a los de Podemos. Sí, porque esa invitación a rellenar las cunetas, y no precisamente con alquitrán o gravilla, demuestra quién es cada uno. Si los de Podemos terminasen en las cunetas, tal y como la amenaza de ese periodisticucho, lo he dicho bien, acompañarían a tantos luchadores por la libertad que las regaron con su sangre. Porque no fueron fascistas cobardes y asesinos, ni los “Yo soy demócrata, pero…” de turno los que poblaron esas cunetas, fueron luchadores por la verdad, la libertad, el progreso y la democracia, y el futuro de sus hijos.

Al pobriño Don Carlos Herrera, en vistas de que se le puede acabar el chollo, y de que el Partido que le pagaba cantidades astronómicas por dedicarse a manipular informativamente terminará de dejar el poder, el poder chupar del dinero de todos los españoles para luego regalárselo a mamarrachos de semejante calibre, capaces de decir las más absolutas burradas sin perder la sonrisa debajo de ese bigotillo. Y ante la inminente desaparición de esa generosa fuente de ingresos, Don Carlos tendrá que trabajar, tendrá que tener talento e ingenio, y no sólo amigos en la administración financiera del Partido Popular. Es decir, cuando ese partido abandone el poder, el poder de chuparnos el dinero, dicho caballerete tendrá que demostrar su valía, y no su capacidad de comer culos a una pandilla de politicuchos tan corruptos como ineficaces.

Para finalizar, alegrémonos de que dicho Carlitos Herrera es “Demócrata, pero…”, porque: ¿Qué llegaría a afirmar si no fuese demócrata? La pregunta queda en el aire. Gracias. Hasta la próxima ocasión.

                              Tony O´Hara