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MEDALLAS, 20 de enero de 2016

Mi hermano mayor, mi hermana y yo nos llevamos un año cada uno. Jugábamos juntos en casa, Marqués de Amboage, hasta que empezaron a ir al colegio y me quedaba solo y aburrido. Mi madre atendía a mi padre, que padecía tuberculosis pulmonar, y me aislaba para evitar un contagio. Aquello era un suplicio y empecé a pedir insistentemente ir al colegio con mis hermanos hasta el punto que mi madre habló con su profesora, Doña Sara, que vivía al final de Marqués de Figueroa.

_ Si no molesta puede venir, le contestó.

La consecuencia fue que inventé la guardería en 1952 con sólo dos años y recuerdo que la gorda aquella cuando incordiaba, me pedía que juntara las yemas de los dedos y me daba en ellos con una regla. Pero ya no paré porque a partir de ahí fuí al Colegio Cristo Rey, que estaba en un 1º de la calle Sánchez Bregua, enfrente de La Rosaleda, donde aprendí a leer con el Catón y a escribir con los Rayas 1, 2 y 3. Bueno, aquí hacía trampas porque como no podía ir al ritmo de los compañeros, dada mi edad, arrancaba hojas de los libros y así pasaba también al siguiente.

El caso es que cuando llegué a Infantil en los Maristas ya sabía leer, escribir y las cuatro reglas: sumar, restar, multiplicar y dividir. Una gran ventaja que me sirvió para ser el 1º de la clase mucho tiempo. Daban notas quincenales y a los primeros los incluían en el cuadro de honor que exhibían en el pasillo del colegio y les ponían una medalla para que los compañeros del colegio supieran que eras el 1º ó el 2º y para que tus padres te viesen en casa condecorado por un par de horas y la devolvieses después de comer.

Yo lo fui bastante tiempo porque partía con ventaja como dije y la verdad es que la medalla del 1º era blanca y un poco sosa, mientras que la del 2º era roja y llamativa por lo que en una ocasión le ofrecí un cambio al 2º.

_Te la cambio si quieres, que yo ésta ya la llevé muchas veces, le dije.

El aceptó incrédulo y allá me fui todo contento con mi reluciente medalla roja camino de mi casa.
​Íbamos a comer​ y al verme con esa distinción dijo mi padre​ al que tenía mal acostumbrado​:

_Sólo 2º…? Qué pasó?

_No papá. Fuí el 1º, pero le cambié la medalla al segundo porque me gustaba más su color, le dije.

_Eso es una tontería. Eres un mentiroso.

Yo insistí en que era cierto lo que decía y se podía comprobar en el colegio pero ni me creyeron, porque siempre fuí muy fantasioso, ni hicieron gestión alguna. Aprendí lo de “coge fama y échate a dormir”. Supongo que el compañero que llevaba mi medalla tuvo más éxito en su casa, pero yo le daba más valor al color vistoso que a lo que representaba la mía sabiendo además como sabía que yo era el 1º de la clase.

Os pongo Maristas y un dibujo que me hizo mi madrina con 5 años. Edad que tenía en esta historia.

nat king cole – cachito mio