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Pepe Chas

DEDICADO A LOS QUE YO ME SÉ

El escritor catalán Josep Pla decía que lo que más le gustaba era hablar con la gente; con los conocidos y los desconocidos. Disfrutaba viajando aprendiendo de las costumbres de cada pueblo, y le daba el mismo trato a un catedrático que a un analfabeto. De todos se podía aprender algo. El problema –decía– es que la gente no habla. El común de los mortales es tímido y evita expresar sus pensamientos; el catedrático –por incurrir en el más mínimo error– solo habla de su especialidad, allí donde se siente seguro y puede pontificar a sus anchas; el analfabeto –por temor a que se burlen de él o, lo que es peor, que se aprovechen– contesta con muecas y gestos… como mucho algún chiste o refrán. Entre medias hay todo tipo de motivos para las reacciones ante las consecuencias relativas a las relaciones humanas.

El tiempo pasa y la cosa no cambia. Cuando comenzó la revolución digital –y con ella las redes sociales– la gente pareció lanzarse a comentar sin tapujos, cosas que jamás diría en la vida real; como si la comunicación a través de la red lo hubiera liberado de esa supuesta timidez y apocamiento cotidiano que le permitía mantenerse dentro del grupo social, haciendo uso legítimo de su sacrosanto “sentido común”. Poner fotos de jolgorios, insultar al vecino, videos haciendo el parvo, textos farragosos con infinidad de faltas de ortografía… todo valía. Pronto comenzaron las condenas por acoso, abuso, difamación, apología, etc. Como resultado de ello, poco a poco, la gente ya no participa tanto, o si lo hace, recurre a emoticonos, “me gusta”, onomatopeyas; en fin… poco texto y mucha mueca.

Nunca hasta ahora se había dado el caso de disponer de una herramienta de comunicación que funcionase en ambas direcciones. Hasta ahora, libros, prensa, radio y televisión solo precisaban de un emisor y un receptor. Además de esta increíble plataforma de expresión de la individualidad, también tenemos a nuestra disposición un sinfín de enciclopedias, diccionarios, artículos y toda la literatura y ensayo que pueda imaginarse; y lo mejor de todo es que ese ingente volumen de información cabe en el bolsillo del pantalón. Pero da igual. “El que nace redondo no muere cuadrado”. La voluntad para con uno mismo no se vende ni se compra. Cultivarse no es comprar un dvd o un pendrive. Nunca se ha leído tan poco y tan mal libros tan absurdos; nunca se ha hecho tanta música tan mala y de tan baja calidad; nunca el individuo ha disfrutado de tanta libertad para dilapidarla en el más completo aislamiento.

Cada vez me convenzo más de que la vida es un farol; de que las cartas están marcadas; de que la banca siempre gana. Lo peor de todo es que tomar la iniciativa es el peor de los sambenitos. Ahora todo el mundo está esperando a que alguien levante la voz para hacerlo callar. Nos estamos autocensurando de tal forma que el hermetismo ya es patológico. No sabes, Josep Pla, lo bien que se estaba cuando la gente no quería hablar; ahora además no toleran que hable nadie. Por lo menos, antes podías echarle la culpa a un régimen, a una censura, a una religión; ahora ya lo hace el propio congénere. Es un método fantástico para las élites porque ya no se tienen que pringar o encargar a un capataz que meta en vereda al populacho.

Esto no es ni revolución ni evolución… esto es pura involución.

(Foto portada Pepe Chas con Tuuli Jartti)