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José Luis Ducid: Alerta no Orzán. A saga enteira da escrita do politoxicómano arxentino – cruñes.

Publicado el 8 mayo, 2020 | Literatura, Noticias, Prensa

 ALERTA EN EL ORZÁN

Día 1

El cristianismo es al judaísmo lo que la hamburguesa al chuletón de ternera. Es la versión popular y rentable, «democratizada», de la obsesión de un club de nómades semitas (algo esquizofrénicos, supongo que por el calor del desierto, y bastante psicópatas, supongo que por la sed); digo que es la versión multitarget del sueño excluyente de esa famosa tribu de vagabundos, que escuchaba voces amplificadas, retumbantes. Por ejemplo, la orden celestial de asesinar a los legítimos propietarios de la tierra donde manaba leche y miel.

Obedecieron.

Tal modelo de comportamiento, pero en plan ultramasivo, milagroso como el boom económico de un gigantesco bazar chino, nos llega con la Buena Nueva del Nuevo Testamento. Un éxito de marketing-low cost irrefutable. O lo ha sido hasta hoy, viernes13 de marzo de 2020, a las once de la mañana. Momento histórico en que dos jóvenes norteamericanos llamaron a mi puerta para regalarme una Biblia mientras intentaban explicarme (en un castellano poco trabajado, todo hay que decirlo) el advenimiento del Apocalipsis. Les perseguí escaleras abajo tosiéndoles generosamente en la nuca.

Termino mi último cigarro viendo como el día acaba de un modo un poco lésbico, restregándole las nubes a la curva de la luna. En la radio, por tercera vez, emiten el discurso de un incompetente que declara a España en ESTADO DE ALERTA. ¡Qué bien me sienta andar en bata durante las pandemias!, ¡cuánto me gusta hacer buches desinfectantes con el amable Johnnie Walker…! Lamentablemente, no todo puede ser ideal: además de los bares, ha cerrado el kiosco de tabaco. Me haré un cigarro con la primera página del Génesis, ¿por qué no? ¿por temor a lo Sagrado?

Buscando hielos compruebo que queda un paquete de hamburguesas, cuatro huevos, medio tomate, y relleno el vaso convencido de que la única Eternidad posible está en la mutante memoria de los virus (lo gracioso de esta olímpica victoria futurista ya fue escrito: «…no habrá nadie para recordar su triunfo…»).

¡Salud!

ORZÁN EN ALERTA / Día 2
José Luis Ducid

Hoy tiré desde el balcón una tira del tranquilizante-ansiolítico Orfidal, para que se la repartieran entre dos prostitutas históricas del barrio.

Una de ellas me explicó por el telefonillo que ni en el puticlub «Copas» ni en el «Charrúa», consiguen dormir; sabiendo que ya ningún paisano de la aldea vendrá los domingos a echarles un kiki o casquete.

Primeras víctimas del parón turístico. Hablo de ambas partes.

Ahora me siento pleno, justificado a nivel humano, sabiendo que a las diez de la noche, una pequeñísima parte de los conmovedores aplausos programados, serán para mí.

Me gusta fantasear que también soy un Doctor (sin tesis)… Igual que el Presidente de España!

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 3
José Luis Ducid

Un lunes en España significaba resaca, tarjetas sin crédito, firme promesa de cambio personal. Pero gracias a unos entes azules, gorditos y pinchudos -que giran sobre sí mismos estilo salvapantallas- detrás de dos periodistas con mirada de Mi Pequeño Pony, esta mañana del lunes significa:

CLARIVIDENCIA.

Sí, gracias a estas bolas flotantes, me he dado cuenta que no se entiende la obligación de permanecer a 1,5 m (un metro y medio) de distancia de otro ser humano para evitar el contagio, simultáneamente con la noticia oficial de que las peluqueras y barberos pueden seguir haciendo su trabajo. Sí, es gracias a estos simpáticos intrusos microscópicos que por fin advierto, acodado con un Johnnie Walker en el quinto piso de calle Orzán, que según el ángulo en que incida el sol matinal sobre los matojos que destrozan el tejado de la casa de enfrente, se produce un leve cambio de color. Es gracias a ellos. A ellos: GRACIAS.

Son los célebres «beneficios secundarios de la enfermedad».

La percepción serena que me hace comprender cabalmente la gran Verdad del Universo: la mafia del fútbol ha suspendido la Champions League. Ese show deleznable. Capaz de vender más camisetas y gorras que el Vaticano o Star Wars. La mafia perdiendo miles de millones… Lo repito en voz alta para convencerme viendo la invasión de matojos tornasolados del techo vecino, «…han suspendido la Champions League». Tercer día de encierro. Rumiando los hielos del whisky. La peste va en serio. Desde mi balcón se ve clarísimo.

Por fortuna, después de un punto y aparte, también pienso que gracias al Real Decreto Ley, los camellos desdentados -los que tengan perro, no es obligatorio que sea un pitbull- pueden desplazarse libremente. Entonces no están confinados como yo. Luego la bolsa no se ha desplomado del todo.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 4
José Luis Ducid

Demasiado solo, me pregunto que estará haciendo, dónde estará mi novia… Tan bella. Tan feroz. Tan quejica. Tan dulce. Tan gallega.

-¡No queda papel, joder!

Me parece reconocer que esos chillidos inhumanos emergen del fondo a la derecha: Área Váter.

-¡Usa el bidet y la mano, principessa!
-¡Papel de fumar, gilipollas!
-¡Hay una Biblia protestante arriba de la nevera, al lado de la caja de whisky!

Es increíble lo bien que funciona el papel Biblia. Los yanquees son la hostia; ya voy por el Éxodo.

-¿Entonces lo que escribiste era verdad?
-Tengo una «responsabilidad civil», corazón. Ahora la gente, además de matarse a pajas, tiene tiempo para leer los WhatsApp.
-¿Pero cómo coño no me dijiste que suba papel?
-Siempre he sido más de Sinatra que de Marley.

Empieza a reírse a carcajadas -tan alta como es (quizás el bajito soy yo) en chanclas y pijama celeste desteñido- me coge del cuello y me pega un morreo a fondo.
Es una auténtica limpieza de laringe. Una desinfección.
No cabe la menor duda: el Coronavirus ese, con guerrilleiras como esta, lo tiene complicado.

ALERTA EN EL ORZÁN
Día 5

Desde otro balcón, a unos 30 metros en diagonal hacia la izquierda, me saluda una anciana que jamás lo había hecho antes… Es la que me denunció a la Policía porque con un amigo empezamos sin permiso a construir un cerramiento, un vivero para plantas divertidas, terapéuticas. A la vieja le molestaba que alterásemos su escenografía, que modificásemos la perspectiva del paisaje. Alzo mi vaso a modo de brindis por la sabiduría que conceden las canas, los años dando vueltas alrededor del sol; y ella me corresponde estirando con esfuerzo los labios pintarrajeados, dos gomas demasiado resecas.

Es cuando los vecinos del ático contiguo, recién reciclado (que midiendo la mitad del mío alquilan al cuádruple de precio) me dan los buenos días:

-Good morning, «loco»!
-Good morning, «darlings»!
-Ha, ha, ha…, tú que eres argentino y sabes de TODO…
-No soy argentino Freddy, soy alcohólico…
-¿Cómo sigue esta locura?
-Lo entenderéis perfectamente: es como el SIDA, pero sin sexo en las discotecas y con militares en las rotondas.

Son un público agradecido, ríen a coro.

-¿Qué tal vosotros?
-Very bad. Nos echaron de la empresa el sábado.
-¿Perdón?
-Somos diseñadores para una subcontrata de INDITEX… Autónomos. Imagínate.

La conjugación verbal es importante: «Eran diseñadores para una subcontrata…» Me quedo mirándolos.

-Nos volvemos a casa.
-¿Os dejarán pasar con esas pintas?
-Ha, ha… ¿Tú cómo estás?

Me atraganto con una hebra de tabaco o con algún Mandamiento impreso en el papel biblia, del tipo «Honrar padre y madre», y no puedo parar de toser. Michael, el afro-londinense, recoge las tacitas de NESPRESSO y entra en la casa sin despedirse.

-Ya ves… A mí me han suspendido todas las grabaciones, conciertos, y los festivales de cine desaprecieron hasta diciembre; para completarla, hoy cesaron a mi novia en la cafetería, a ella y a todo el personal, no te vayas a creer…

Como un hereje inhalando el humo de su propia hoguera, empiezo otra vez a toser. Creo que el Mandamiento que me fumé era «No fornicar». Cuando me recupero, comprendo que Freddy también ha desaparecido y, en un pestañeo, vislumbro en el fondo del vaso vacío de Johnnie Walker, La Solución a mi futuro profesional.

ATENCIÓN: Ocuparé los terrenos municpales malolientes aledaños al vertedero de Bens y montaré un autocine que se llamará PANDEMIC.

Se atiborrará de Alfas y Romeos de la nueva élite dominante, la que tiene verdadera clase y posee efectivo real: cajeras de supermercado y transportistas de arroz.
Para no interrumpir el sueño de los coruñeses decentes, y de paso ahorrarme un pastón en derechos, proyectaré únicamente cine mudo.
¡»La quimera del oro» será un estreno rutilante!

ALERTA EN EL ORZÁN
Día 6

Pues ocurrió. Acabo de recibir la noticia de la primera muerte de un conocido del entorno familiar.

Nuestro allegado falleció en el Hospital; se contagió del COVID-19 durante la convalecencia de una exitosa y sencilla operación… La paradoja es perfecta. La ironia, insoportable. Aforo limitado en tanatorios; sólo VIPs…

Lo lloro sin lágrimas, contemplando el valle de tejados que se extiende ante mí; edificios de la postguerra civil que rodean a una plazuela imposible de ver desde aquí; pero que, hasta hace apenas seis días, escuchaba.

Ya no hay niños. Había pocos. Siendo sincero, hasta la pandemia -que ninguno de los payasos «a cargo» es capaz de explicarnos con información fidedigna-, de la plazuela ascendía más el murmullo de los adultos en los bares colindantes, que de los chavalitos jugando.

¿Qué será de esos críos en su encierro, percibiendo mejor que nadie al terrible monstruo sentado en los columpios, paseándose tan ancho por el patio de la Escuela, disfrazado de invisible?

Los Analfabetos Modernos, los Psicólog@s de la Nada, las Periodistas Teñidas, afirman que en casa están mejor que nunca…

Rompo a llorar.

Y el odio y el asco al Mono-Sapiens, es decir, a mí mismo, me apuñala. Tan sólo sumergido en la botella estoy a salvo, el cereal líquido me sana el pecho como una Madre Eterna.

¡Entonces resulta improcedente contaminar a los demás con la triste tristísima tristeza; darle la razón por triplicado a la costra grasienta que nos manda!

No voy a permitirlo.

Jamás seré Bono cantando sobre la realidad de los negritos en un desfile de Victoria’s Secret; jamás aburriré como un chupóptero flotante -porque ya no viene a limpiar el jardinero- en la tensión superficial de cierta piscina de Galapagar.

Me higienizaré los genitales, el ojo del culo y los dos del alma con el amable Johnnie Walker, y hallaré a lo largo de esta noche, las 9 Revelaciones que provoquen el milagro de TU sonrisa insobornable, ¡eso es lo que haré!:

1) Peor que una cantante lírica solidaria en el barrio, es un gaiteiro solidario. Peor que un gaiteiro solidario en el barrio son cuatro.

2) La mano derecha sirve, además, para eliminar sin culpa cientos de WhatsApp (sin ni siquiera haberlos visto).

3) El Minué será la Lambada del futuro.

4) Estás siendo sometido a un entrenamiento suave de cara a las próximas pandemias duras.

5) Formar parte de un coro online en plan multipantallas -dirigido por un espástico-, ya es considerado un crimen de lesa humanidad en Jamaica.

6) La geolocalización del móvil delata a las Autoridades Sanitarias si te saltaste la cuarentena (antes anunciada como quincena…).

7) Aunque tu casa sea pequeña, se puede hacer tan grande como la suma de todas las facturas que sí o sí te harán pagar más adelante.

8) Lo positivo del puto Coronavirus de los cojones, es que directores oscarizados como Almodóvar volverán a ser capaces de contar algo que interese.

9) El bisnieto de Matías Prats se llamará DAMIEN.

ALERTA EN EL ORZÁN
Día 7

Un chiste de gusto dudoso que andaba circulando en aquel maravilloso y remoto mundo anterior a la nueva mutación de este viejo virus, era más o menos así: «Un universitario de Santiago de Compostela es un chavalote que sus padres bautizaron como Jorge y él se hace llamar Xurxo.»

Conocí el chiste en persona. Me tocó presentar mi última película (aún sin estrenar en ninguna sala) a un Xurxo programador de cine, preferentemente alternativo.

Acariciándose la barba de forma exasperante, me escuchó argumentar (tal vez argumentar demasiado) respondiendo a la vez a los WhatsApp (argumentando demasiado con mi acentazo) sin molestarse en ver ni un minuto del material que le llevé (argumentando demasiado con mi acentazo de rioplatense estafador), comentando al fin:

– Ducid, non o tomes a mal. Admírote. Cando era cativo ía verte ao «Crápula» co meu pai, lémbraste? Cando lías a prensa sentado, a dous metros de altura, nun inodoro… Unha pasada!
– ¿Y?
-As producións que difundimos neste Centro son cento por cento galegas.

Por no vomitarle la empanada de zamburiñas sobre la pantalla japonesa del ordenador patentado en EEUU a juego con el escritorio de diseño sueco, me despedí:

– Saludos a tu padre, Jorgito.

Mirando muy hacia dentro en el reflejo empañado de la ventanilla del tren, de regreso a mi ciudad adoptiva, me dio por pensar que en agosto de 1969, en el Centro Gallego de Buenos Aires tenían su teoría de la Raza: no permitieron que mi madre me pariese ahí. ¿Por qué? Por ser mestiza. Falso. Por no ser gallega… Tal como lo cuento. Se que jode. Sobre todo por los votos de ultramar. Lo tragicómico, aún más literario: lo ESPERPÉNTICO, es que los nietos bien nacidos,»los puros», externalizaron no sólo el Centro Gallego, sino todo el puñetero país (por supuesto, con ayuda de los italianos «puros», los judíos «puros», y los autóctonos que siempre son impuros); ay… los sudacas sí qué sabemos de sobra lo tóxica que puede llegar a ser la globalización, con la única ventaja comparativa de pronunciar mejor la palabra

bistec.

Son las 21 horas de la nueva era que empezó hace exactamente una semana, “El Glorioso Viernes 13” -Fiesta Nacional-.

Voy a llamar a mamá.
Ya no vive conmigo. “Se la banca” sola. Ella da, no pide.

Esa cascarita de naranja amarga, criada en el extrarradio de una mega polis durísima como Buenos Aires, chapaleando entre el barro de las chabolas, vino a verme hace años a Europa y decidió quedarse. No por la guita (¿qué guita?). Se sintió más libre.

– ¿Cómo estás,viejita?
– Agotadísima, no puedo respirar.
– ¿QUÉ PASA?
– Nada, nada, hijo… Ja, ja, ja… Es que aparté la mesa del comedor y me puse a bailar unos pasodobles que sonaban en la radio.
– ¿Sola?
– Con un caballero imaginario, muy pintón.
– ¿Con papá?
– Dejá al gallego descansar en paz…
– ¿Entonces estás bien?
– Estupendamente. Leo lo que escribes. ¿Por qué no bebes vino en vez de whisky?
– Grandes preguntas de la Humanidad. Te dejo, perdona, se me quema el guiso.
– Soy tu madre. No me mientas. No haces guisos.
– Hasta mañana.
– Abrígate y no bajes.
– Hasta mañana, mami.
– Si Dios quiere.

Don Álvaro, mi padre, dejó una libreta repletas de refranes, retazos de prensa copiados a mano, consejos varios. Un remedo personal del desaparecido boletín agrícola “Mentireiro verdadeiro”, una proto Wikipedia. Ilustrada por él. Donde explica en reiteradas ocasiones que la Tercera Guerra Mundial es inminente. Y que lo más importante es saber qué plantar, cómo y cuándo.

Se pueden apreciar en los dibujos “unha vaquiña, uns coellos, unhas patacas e un carro” (eso ocurre si uno mira las ilustraciones con “xeito”, porque los conejos parecen vacas y las cebollas parecen tirar del carro).

Hacia el final inconcluso de la libreta, habla del río de su aldea de Pobra de Brollón, el río Cabe, “fonte de vida para todo ser vivente…”.

ALERTA EN EL ORZÁN Día 8

– Voy a bajar.
– Bajo yo.
– No, bajo yo.
– Jose…
– Después de ocho días creo que me toca.
– Jose, tienes todos los números para pillar el bicho.
– ¿Bióloga? ¿futuróloga?
– Angina de pecho, dos bypass, EPOC, higado encebollado, 50 años, ¿te parece poco?
– Me parece poco el whisky que queda. ¿Traigo algo más?
-Vale… Anota: patatas, ajos, cebollas, huevos, tomates, aceite, algo de fruta, una bolla de pan… No, cebollas hay. Anota que luego no te acuerdas de nada. Aguacates. Y TRAE CEREALES.
– Ya traigo cereal líquido.
– Trae cereales de masticar; sin azúcar, ni chocolate. Los normales.

Afortunadamente llueve, y eso atenúa el vacío del barrio. En la puerta del súper que queda sobre la avenida, cinco personas hacen cola a metros de distancia una de otra. Excepto un tío de chándal, todos llevan mascarilla y guantes descartables. Además van equipados con algo muy útil para semejante ocasión: paraguas. Ay, ay, ay… Sin embargo, el efecto de las gotas heladas percutiéndome en la calvorota me espabila y una súbita ola de alegría me trepa por el esternón y me empiezo a reír sólo y me gustaría abrazarlos a todos, invitarlos a bailar el boogie-boogie, cocinarles pollo a la aceituna, pagarles una ronda en el bar del Casino. Sale un cliente, entra otro. Ya no soy el último. Por fin saludo a Carmen, la cajera parlanchina que está protegida de las exhalaciones detrás de un metacrilato transparente. No lo está pasando nada bien. Vaya locos años 20… ¿Lo habrán soltado Trump y sus secuaces o será Made in China? Recién comprendo las dimensiones del desastre al acercarme a la estantería de los whiskys: NO QUEDA JOHNNIE WALKER. Empezó la Tercera Guerra Mundial. Rápido, me decanto por el JB. ¿Por qué JB en vez de Ballantine’s? Porque quiero dirigir el film de época «Justerini»: Las desventuras del colega italiano de Brooks, que viajó hasta Escocia persiguiendo a una cantante lírica, dama obesa que lo desdeñó sin contemplaciones. Brooks prosiguió con las bodegas y el apasionado Giacomo Justerini regreso a Italia perdiéndose para siempre. ¡Pero no fue tanto dolor en vano! El premio a su fabulosa gesta amorosa es la inmortal J de JB. O algo así.

Ya de pie ante el portal de casa temo haber olvidado algo fundamental:

cómo se suben las escaleras.

En el quinto piso, al borde del infarto, mi chica (las chicas no son de nadie, lo sé, lo sé…), siguiendo el protocolo de la NASA, me hace sacar los zapatos y me manda a la ducha.

Cuando emerjo del vapor, la encuentro sentada con una tijera, cortando una botella de plástico. Qué hembra maravillosa.

– ¿Puedes dejar de meterme mano?
– Lo siento, es una Emergencia.
– No se si te das cuenta que tú estás en pelotas y que yo tengo una tijera…
– Mi no entender idioma mujer rostro pálido.
– ¡Pero puedes quedarte quieto…!
– De acuerdo… Me rindo. ¿Qué estas fabricando?
– Aquí van los cereales, ¿ves?, y por aquí salen. Lo colgaré en el balcón.
-¿Para?
-Si no quedan viejos, ¿qué comerán los pájaros?

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 9
José Luis Ducid

Adoro a la «Muy noble y muy leal ciudad de La Coruña, cabeza, guarda y llave, fuerza y antemural del Reino de Galicia»; pero sobre todo adoro este ático delirante «…dónde pasé tantos años que arruiné y perdí…». Lo adoro porque tiembla con las tormentas huracanadas del invierno, explicando que el faro se llame Torre de Hércules y no Torre de Baco. Lo adoro porque se llueve justo a través del sistema eléctrico (el plafón de la «sala principal» colecta el agua y hay que vaciarlo cada tanto para que no salte la llave térmica -operación complicada en la noche: requiere tener linterna, con las pilas cargadas). Adoro este ático porque se niega a ser cruel del todo dejándose atravesar por la luz, en treguas inesperadas con aroma a brisa marina. Lo adoro porque en verano, la uralita -declarada cancerígena por la Unión Europea- me calienta tanto la cabeza que no puedo parar de blasfemar y de componer canciones (por cierto, a la U€ le encanta declarar pomposamente cosas imposibles de cumplir: por ejemplo la prohibición de mercar en las ferias queixos que se hacen en las casas desde el Neolítico temprano). Menos mal que adoro este ático… Acaban de anunciar una prórroga del encierro hasta el 11 de abril. En directo, el mentiroso compulsivo que preside este país, sin cambiar su expresión de muñeco de torta, su estilo personal de zapatilla gastada, redefinió ante toda España la palabra «quincena». Manda carallo…

Como un poseso, quito la mesa de la cocina, meto la nevera en una habitación y desmonto la alacena. Mi novia sabe que cuando estoy en calcetines, calzoncillos y camiseta de asas, mejor no decirme nada. ¿De qué cojones voy a vivir sin poder trabajar y sin ahorros importantes? Es la gran pregunta que se están haciendo ahora mismo tres cuartas partes de la población mundial. ¿Del fondo de pensiones? La única Democracia real es esta: al COVID-19 no le importa si eres parte del Consejo de Ministros.

Ahora o nunca. Ha llegado el momento de bailar el Boogie-woogie.

(Explicar en que consiste el Boogie-woggie resulta complicado con palabras; tedioso, como leer con cinco años las reglas del Parchís en la parte interior de la caja. Pero yo no soy un Poetuber. No cederé a la tentación tecnológica de grabar con la camarita del móvil un tutorial… «Un tutorial»… Wow! Menudo día… en este preciso instante, intuí un chiste. Bueno… la prueba de que uno ha sido capaz de inventar algo tan difícil, nada más ni nada menos que UN CHISTE, es si alguien que no conoces viene a contártelo como propio dentro de un año exacto. Yo, y perdonad esta larga digresión antes de explicaros en que consiste el Boogie-woogie, creía que los chistes los inventaba una cofradía secreta reunida en las entrañas de un montaña inaccesibe, 12 sabios payasos tomando Johnnie Walker en torno a una mesa inmensa de caoba, sentados en butacas de cuero repujado con respaldos de águilas bicéfalas, esnifando rapé y luciendo peinados estilo Reina Sofía en una vernissage del Grupo Bilderberg. Pero no, ahora sé que los chistes nacen accidentalmente, quizás como este virus que no causa puta gracia.

Voy: Una mujer sorprende a su marido viendo porno duro y le grita «¡¿Te hace falta ver esas guarradas a tu edad?!»; el responde impávido: «Es un tutorial».

Lo siento. Me niego a hacer el tutorial del Boogie-woogie. Os lo explicaré por escrito, de forma que si se produce el famoso apagón tecnológico, las cucarachas del futuro podrán bailarlo y cantarlo igual que nosotros.

Reglas del Boogie-woogie:

1) Se requiere de un espacio despejado y cómodo.

2) Se puede bailar solo o en grupo.

3) Dando vueltas en círculo alrededor de una hoguera imaginaria o real, cantamos a viva voz (la melodía varía según las culturas, el Grupo Scout, el Colegio Salesiano o el Cabaret del barrio donde trabajase tu padrino):

Bailando el Boogie-woogie
Bailando el Boogie-woogie
Bailando el Booogie-woogie
TODO (dos golpes -suaves- en las rodillas con las manos)
SERÁ (un golpe en las chichas o en ambos lados de la cadera)
ME (partimos la palabra MEJOR y nos tocamos los hombros en la primera sílaba)
JOR (nos tocamos el gerolo, bocha, balero, capocheta, cabeza o testa con la punta de los dedos -siempre con ambas manos-)
HEY! (rematamos la coreografía alzando los brazos en V hacia el cielo y gritando con brío la interjección HEY!)

*Puedes hacer la versión cruzada de manos.

4) Seguimos alentándonos a nosotros mismos, pero ahora quietos, cantando:

Y pongo la pierna derecha adentro (levantamos la pierna derecha hacia el fuego; después haremos lo mismo con la pierna izquierda, brazos, culete, etc.)
y la sacudo afuera
y doy la media vuelta
y bailo el Boogie-woogie (aquí es menester hacer una interpretación personal del baile, ejemplos: «Marioneta loca» o «Niña del exorcista»)

5) Antes de reiniciar la ronda entorno a la hoguera, cerramos con:

Y TODO

SERÁ

ME

JOR

HEY!

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 10
José Luis Ducid

– Este pantalón me está violando.
– Haz ejercicio conmigo.
– Yeah…!
– ¡Joder, no esa clase de ejercicio…!
– ¡Fin del mundo! ¡Fin del mundo! ¡Fin del mundo!
– ¡Quítate de encima, pesao…!
– ¿Pero, cómo es la cosa? ¡¡¡¿Te disfrazas de Flashdance, y no puedo echarte un polvo?!!!
– Ja, ja, ja, ¡Flashdance…! Ven, no te enfades. Haz estas series conmigo.
– Tengo una reputación que mantener, olvídalo.
– ¿Reputación de gordito?
– ¿Sabes qué?
-¿Qué?
– Del deporte se sale.
– Venga, anímate.
– ¿Tan gordito estoy?
– Veeeen…
– Hice suficientes «abominables» en el talego. Dame otra opción.
– Mmm…, ¿qué tal si subes y bajas las escaleras un par de veces al día?

Al pasar frente a la puerta de mi vecino del 4to, no puedo dejar de emocionarme; menos mal que falleció hace dos meses… En el 3ero recuerdo al acordeonista vasco, al que le gustaba ponerse pelucas, que según tengo entendido regresó a Irún. En el 2do, a la pareja de hermanos solteros de casi cien años que tampoco volví a ver, ahora al cuidado del santo varón de su sobrino. En el 1ero, evoco al gran Celestino, cocinero nacido en Sao Paulo, que prosperó con su negocio en el remoto barrio de Montealto (a nivel meramente informativo: los habitantes de Montealto son expansionistas y supremacistas; siendo casi de la periferia, se empeñan en mover los lindes, confundiendo su denominación de origen con el resto de la ciudad herculina).

Al llegar a la entrada, advierto que las cajitas vacías de los buzones de madera, podrían funcionar como micro barras. Me explico: el hall, aunque estrecho, es un espacio ideal para beber en compañía de otros seres humanos, sin ser detectados por las Autoridades Sanitarias; en los buzones abiertos, libres de la publicidad de Telepizza, se pueden apoyar los vasos. Si acaso pasase la policía, basta con que cada uno de los parroquianos enclaustrados suba disimuladamente a su casa, ¡y aquí no pasó nada! Con la ventaja añadida de que si todos los vecinos del edificio llegasen a contagiarse del dichoso virus y estirasen la pata, ya no habría más reuniones de la Comunidad para decidir quién barre el portal.

Lamentablemente soy el único que ha quedado en todo el inmueble. Mundo-Quirófano, de marras… ¿Le pondrán ascensor cuando se acabe el contrato?

Para sentir mejor el tufo de los hongos en las paredes de mi edificio, cierro los ojos y me guío siguiendo la barandilla. No por romanticismo. Es un test que circula en las redes: dicen que uno de los síntomas claros de la infección es perder el olfato. He llegado al descansillo del 4to; lo sé sin mirar porque todavía huele a los meados del «Negrito», el gato orondo de don Miguel Ángulo Solier. Mi vecino. Consagrado banderillero de la cuadrilla de El Cordobés (que goza de una reseña en la Biblia del Toro, El Cossío). ¿Cómo nos hicimos tan amigos?

Nuestra relación empezó el primer fin de semana en que alquilé. Durante la fiesta de inauguración, con todos los músicos, camellos, musas, poetas y demenciales que fui capaz de convocar. Fiesta lisérgica que poco a poco se fue haciendo más y más desaforada, hasta que sonaron unos golpes fortísimos en la puerta. Como los que dan las fuerzas del orden o los acreedores. La puerta parecía salirse del marco emulando los dibujos animados, tipo Tom y Jerry. Nos quedamos mudos, petrificados. Abrí.

-¿Estáis muy de jarana, eh?
– Buenas noches. ¿Usted quién es?
– El vecino de abajo.
– Ah. Perdone.
-¡Qué perdone ni que perdone! ¿Por qué no me invitáis a la juerga?!

Con la carcajada general, como un auténtico miura, Don Miguel Angulo Solier entró en mi vida. Qué tipo. Granadino de malafollá, algo más bajito que yo, resistente y duro como un látigo. Fue niño durante los bombardeos de Barcelona, pasó verdadera hambre negra, acarició el sueño de ser matador recorriendo todas las plazas de Iberia, abandonó a una hija… se enamoró de una gallega que, cómo no, lo ató a su yunta, y hasta su jubilación mínima, trabajó 30 años en el restaurante Fratelli (una suerte de tablao con cantantes de boleros y pizzas, las primeras en Galicia). Apasionado de las mujeres, con 85 años subía tías a su apartamento. Un día calculó mal y una furcia le abrió la cabeza con un cenicero. Durante el forcejeo para quitarle el reloj, ella le partió la muñeca y, mientras el banderillero estaba semiinconsciente, tuvo el quajo de coger un bolso y robarle uno de sus trajes de luces. Pero no le pareció suficiente, y a los tres días volvió a por más acompañada de su chulo. Ahí sí hice ejercicio. Al escuchar los gritos de Miguel, bajé en picado y pude pegarle al macarra, aprovechando mi posición ventajosa sumada a su postura en desequilibrio, una patada olímpica en el pecho que lo lanzó escaleras abajo. La zorra intentó sacar una navajita del bolso, pero le asesté un buen directo. No se mataron en la caída de milagro. Rematé la faena a patadas. Ya desde el portal, la tía chillaba histérica y el fulano amenazaba sin aire:

– ¡Voy a matarte, hijo de puta! ¡Te juro que voy a matarte!
– Hoy parece que no va a ser, pedazo de mierda.

Miguel, conteniendo el llanto, me dio uno de los abrazos más fuertes y sentidos que he recibido a lo largo de toda mi existencia. Luego, limpiamos juntos la sangre de la escalera, y el brillante carmesí selló nuestra Amistad, haciéndola indestructible.

Quedábamos a comer una vez por semana, siempre en su casa, repleta de los objetos más emblemáticos de la España cañí: la folklórica de arriba de la tele, los platitos de Benidorm, una fotaza en blanco y negro -«iluminada» a mano- de una tarde en el ruedo, en pleno apogeo de la juventud. Solía comprarle una botella de Málaga Virgen y prepararle un churrasquito. Después de los «cafeses» con gotas, al «granaíno» le chiflaba poner a todo volumen un gastado cassette de Grandes Éxitos de Elvis Presley -sí, de Elvis Presley- y dejarme a solas con el gato en el sofá, antes de oficiar el ritual de las cinco de la tarde…

Enfundado en su
último
único
mitológico
traje de luces
nazareno,
con «El Rey» de fondo,
hacía su triunfal aparición

y con dos agudísimas banderillas blancas y verdes, empezaba a dar brincos por el salón; mientras que con el «Negrito», perezoso y regordecho como yo, aprendíamos hipnotizados las artes del toreo. ¡Cuántos aplausos en el 4to piso de la calle Orzán! ¡Cuánta gloria y coraje! Mi amigo siempre salía por la puerta grande, muerto de risa cuando lo alzaba en brazos…

La verdad, es que nunca me atreví a serle sincero: los toros me horrorizan. Igual estamos a mano: él odiaba el whisky. Rellenando el vaso, no sé por qué a estas horas de la noche me da por preguntarme, ¿cómo estarán de salud, aquella furcia y su macarra?

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 11
José Luis Ducid

Bob Dylan logró con su hit «Hurricane» que se revisase la condena al boxeador Hurricane Carter, por un triple asesinato que no cometió. William Friedkin, el director de El Exorcista -entre otras obras maestras,- consiguió algo parecido con su primer documental. Yo, humilde servidor, conseguí también con estás crónicas modificar la realidad: el casero del edificio me mandó un WhatsApp anunciando que repararán la gotera del tejado. Aciertan los teóricos de la semiología: la representación de la realidad modifica lo representado y viceversa, en un juego de espejos infinito. Le contesto al casero:

13:15
Gracias, Carlos.
No respondí a las llamadas porque no cojo teléfonos sin agendar.
Debo demasiada guita.
13:17
eres un sinverguenza
pero no quiero que mueras electrocutado
13:17
¿Prefieres que me contamine el aliento de uno tus obreros bolivianos?
14:00
lo que no quiero es que dejes de escribir ALERTA EN EL ORZÁN
mi mujer, mi hija y yo esperamos tus
inexactitudes
todos los días
14:01
¿Inexactitudes?
15:00
inexactitudes cojonudas

Me emociono al reaprender que las palabras tienen sentido. Que pueden operar en la realidad. Las Palabras vs. La Realidad. Si algo me fascina «da lingua galega» es que es que la letra X remplaza a la J: en vez de MéJico, MéXico. La J no existe, excepto para bailarla. Las consecuencias de ese levísimo cambio son revolucionarias. Pensad en el gran Mandamiento, en esa evolución colectiva que nos aleja y protege de la carnicería opulenta de los dioses paganos. Me refiero al archi citado «Ama a tu prójimo como a ti mismo.» (pues sí, ya compré papel de fumar, ahora uso la Biblia en el váter). Fijáos como cambia el Mandamiento gracias al galego: «Ama a tu próXimo como a tí mismo.» PRÓXIMO. ¿Cambia o no cambia? El próJimo es una declaración de buenas intenciones, una interpretación sociológica vaga, sentimental. Como la sinceridad de Bárcenas, el amor por Vallecas de Pablo Iglesias Turrión, o para transmitirlo de forma que no hiera la sensiblidad de ningún bando político: abstracto como el horario del tranvía del paseo marítimo de A Coruña. No existe. Sin embargo, el próXimo es tu casero, tu madre, tu hermano (incluso tu cuñado), tu vecino de abajo, la cajera del súper, etc. Ay… si nos supiésemos de memoria veinte cumpleaños… si fuésemos capaces de preguntarle de corazón sólo a 20: ¿comiste bien hoy? ¿cómo vas de Johnnie Walker en la despensa…? Ahora que no podemos abrazarnos, magrearnos, darnos besos espontáneos… Ahora que todo debe ser lavado y desinfectado y vuelto a desinfectar… Ahora que el ejército entra en los geriátricos enfrentándose a verdaderos escenarios de guerra, identificando muertos que llevan días pudriéndose entre vivos… Ahora que en un flash siniestro comprendemos que no están equiparados los salarios de un vulgar enfermero que limpia materia fecal, con los de un importante marchante de arte contemporáneo…

– Hijo, esto es como la epidemia de polio del 56 en la Argentina. La gente fregaba con lavandina las aceras, las mesas, las ventanas de las casas.
– ¿Con legía?
– ¡Sí! ¡Algunos bestias se murieron por beberla!
– Entiendo mejor porque te gustaba la mesa de formica y cambiaste con papá las ventanas de madera por las de aluminio…
– No, hijo, ¡hasta eso es distinto!, el otro día escuché a un médico hablando sobre este parásito de mierda…
– Virus de mierda.
– …bueno, sobre esta porquería; ¿sabías que vive más tiempo en los metales que en ningún lado, sobre todo en el cobre?
– Estamos de suerte, mamma; nosotros no tenemos un cobre.
– Ja, ja, ja…
– Qué linda sos cuando te reís.
– A cuántas le dirá lo mismo. Cuídate. Y NO BAJES. ¡Ni por whisky!
– Vale, mami. Hasta mañana.
– Hasta mañana, si Dios quiere.

Cuando era idealista = 18 años, durante alguna temporada fui a leer como voluntario a una fundación para tetrapléjicos. Funcionaba en un palacete francés, que había sido propiedad de una familia de terratenientes argentinos, donde había una sala inmensa con cielorrasos decorados rococó, repleta de pulmotores de fabricación soviética. Dentro de esos robustos cilindros grises, 30 años después de la epidemia, sobrevivían algunos de los «elegidos» por la poliomielitis del 56. El escenario era digno de una pesadilla futurista, como la película «12 monos» u otras fantasías autocumplidas. ¿Lo veis? Salón del siglo XIX y una hilera inagotable de máquinas con fuelles, dispuestas en línea. ¿Por qué ese batallón simétrico de respiradores artificiales con personas dentro? Respuesta: porque la parálisis de los músculos respiratorios impide respirar sin asistencia.

Debo chequear si fue en 1987 o 1988, pero sé que justo antes de Nochebuena cobré una paga extra en una fábrica de medicamentos donde trabajaba. Gracias a esos dinerillos y a mi profunda vocación didáctica, convencí a unas mujeres que se ganaban la vida en torno a la estación de trenes de Plaza Constitución, para que tuviesen sexo con algunos de los tetrapléjicos vírgenes a los que yo les iba a leer una vez por semana… Al loro: tetrapléjicos, no impotentes. (Así de gracioso es Dios; ese señor barbudo y sin genitales explícitos, que se ocupa de que haya un mañana para todos y todas).

Tal vez, el único problema en el gran salón del palacete decimonónico que no preví, es que convivían enfermos de ambos sexos; o tal vez el problema es que era demasiado joven: no sabía estar sin ofender (además de no contemplar, ¡tal era mi ignorancia!, la maravillosa posibilidad de la homosexualidad).

Soborné al guardia de seguridad borrachuzas y entré con «los bellezones de Plaza Constitución» guardando un torpe silencio. En principio, nuestra insólita aparición fue vivida entre los paralíticos somnolientos peor que una función de Holyday on Ice. Cincuenta y pico seres humanos inmovilizados, de los que sólo se veían sus cabezas emergiendo de máquinas; al revés, cincuenta y pico máquinas con cabezas (los pobres desgraciados se miraban entre ellos gracias a espejitos retrovisores de bicicleta orientados en distintas direcciones, recurso típico del subgénero de películas carcelarias). Las prostitutas se erizaron de miedo. Las miré a la cara. Hablaron entre ellas. Y sin más preámbulos, actuaron. Recuerdo que mientras transcurrían por turnos las felaciones, un grupo de enfermos ultra catequizados, empezó a coro a rezar el Rosario. Fue cuando el guardia de seguridad me pidió más dinero, y una de las chicas ya lista a dar su próximo servicio, exclamó en voz alta, con eco:

– ¡TREMENDA PORONGA TIENE EL RUBIO ESTE…!

Personalmente yo no inspeccioné su tracto genital. Pero las meretrices se arremolinaron como un enjambre ante la portezuela lateral del respirador; y homenajeando entre risas a Marcel Marceau, con ambas manos representaron el tamaño de una baguette.

Ahí los teóricos de la semiología no tienen puta idea.

¡Ah… rodar la luz de la luna de aquella noche, derramándose a través de los ventanales!. Sin duda requeriría de un gran director de fotografía. ¡¿Y cómo registrar con maestría aquel audio inolvidable?! El rubio de la tremenda poronga gritaba, se escuchaba el Rosario, yo estaba tan nervioso por las consecuencias legales de lo que ocurría que bailaba el Boogie-woogie, mi madriña… «Las ninfas» atendieron a todos cuantos pudieron, incluso a algunos de los que seguían rezando con esmero.

Fue una pena que, por aquel entonces, no existiese el Satisfyer,. NO ME BURLO EN ESTE PÁRRAFO. Hubiese distribuido una dotación entre las víctimas atrapadas de por vida, desde niñas… en esas monstruosas máquinas de acero helado. En esa pesadilla.

Luego ocurrió lo normal. Lo habitual. Lo esperable. Se encendieron la luces generales e irrumpió la caraculiembra Jefa de Guardia, La Responsable. Entre el coro de plegarias a la Virgen, los vítores de los muchachos aliviados, empujones e insultos, nos echaron de la Fundación. Jamás volví.

Lo sorprendente, lo que hace que esta historia REAL -con pocas inexactitudes- se transfigure en un bello Cuento de Navidad, es que las chicas que «yiraban» en torno a la estación de trenes, «las putas de mierda», no quisieron cobrar. Os lo juro. No existe mayor bondad y poesía. No hay más arriba. Vayan desde mi balcón, aunque sea tarde, mis mejores aplausos.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 12
José Luis Ducid

Esta era la calle de las tascas de ribeiro, de las partidas de tute, de los trapicheos, de las peleas, de las putas sencillas, de los travestidos feos, de lo inconfesable; y también de las casas de comidas con su menú del día -dos platos, vino, gaseosa, pan, café o postre-, de los pescadores, de los talleres, de los anarquistas, de la plaza y la escuela, del cura borracho, de las pequeñas tiendas con señoras que se saludaban por su nombre. Y aunque casi me la han matado, malvivo y elijo vivir en esta calle por joderles el selfie a los horteras. Porque aún sigue siendo el anverso, el inconsciente, de la avenida bien iluminada que corre en paralelo a 200 metros de distancia; pero lejos, muy lejos de esta vía húmeda, oscura y con liguero. No, no estoy a la moda. Comparto los turulos y me gusta fumarme una faria después de un buen lingotazo. Y no consigo digerir el nuevo palabrO, que viene adentro de los yogures con Actimel de la Susanna Griso:

GENTRIFICACIÓN
(Gentrificación = Contaminación de baja nobleza)

Hasta el anticomercial COVID-19, los modernos -esa cofradía de bachilleres tatuados-, insistían en su arrogancia de intentar rebautizar este barrio nacido hace casi seis siglos… ¿Os lo podéis creer? Sí, lo intentaron con ahínco. Supongo que el nombre se les ocurrió en un subidón de popper:

– Barrio queda feo, mucho mejor zona.
– Claro, zona, zona…
-¿Pero zona, qué?

Agarraos fuerte a la butaca: «Zona Soho»… El pintor y escritor londinense T. Behrens se moría de risa:

-José Luis, mira cómo acabó el Soho… Ho, ho, ho…

EL SOHO EN CORUÑA. No se puede ser más fatuo y acomplejado. Sin duda no soy fashion. Los modernos del popper acariciaban el sueño de «sanear la zona». Pobres ningundis. Eran sólo «pioneros» de un plan mayor. Títeres de una instancia superior. La de los farlopeiros de traje gris, con licencia para arruinar. ¿Cómo? Echando a la gente de sus espacios y estigmatizando sus hábitos. ¿Pero cómo implementar semejante ortopedia? Declarando tapón urbanísitico todo lo anterior al software de diseño en 3D, AutoCAD. Podando horarios. Cargándose referencias. Llegando a la amenaza y la violencia física para vaciar pisos de renta antigua. Peatonalizando mal, a fin de impedir el tránsito de mercancías y clientes. Dejando caer las casas, para sólo conservar la fachadas. Perpetrando uno de los mayores atentados a la ética de la Estética: concursos de graffitis con permiso municipal. «Tu Street Art me sube el alquiler», escribió algún lúcido en los azulejos del váter del bar Sanín; donde tengo MI taza (que recibí en heredad de un señoriño que se mazó ahí durante 40 años).

¡Ey…!
¡Chist… comeyogures! ¡Ey, comeyogures!
¿Estáis más relajados?

¡Ey…!
Farlopeiros del traje gris…
¿No era justo el mundo que soñabais?

Silencioso. Como un cementerio.
Y ordenado. Como un cementerio.

Os informo de una putada: no podréis disfrutarlo.

Vuestra tecnología apenas es un desodorante de ambiente
-fragancia aire libre-
para camuflar el pestazo

a millones de cadáveres.

Sin embargo, hoy, La Parca se ha bañado.

Es inodora. Hace pilates. No discrimina.
Una gran humorista
que viene desde muy lejos,
desde la China

a sentarse a tu lado.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 13
José Luis Ducid

Al lado de la puerta de los Gadis me encontré con un ex boxeador, terco y sin dientes, adicto a la heroína mórbida; que conocí hace más de 20 años en el gimnasio Flat Brothers, cuando era un prometedor peso mediano. De los increíbles hermanos. Planas

– Chico, ¿puedes comprarme un poco de yogurt?
– Claro, maestro.
– Dominarte.
– Maestro de nada. Quieres algo mas
– Pan y mortadela?
– Es un hecho.
– ¿Y una botella de aceite?
– Estoy yendo muy justo, mi … no creo que pueda. (Soy basura: estaría sin Johnnie Walker.)
Gracias, muchacho. No te preocupes …

La chica que espera en la fila detrás de mí, manteniendo su distancia de seguridad, interrumpe dulcemente: – Le compro aceite.

«… El boxeo es un deporte en el que dos luchadores compiten entre sí con los puños cubiertos con guantes y de acuerdo con reglas precisas. De una manera más general significa el arte de golpear a un oponente y esquivarlo. sus ataques … »

De vuelta en el ático, veo a dos chicas perseguidas y cantadas al unísono perseguidas por su madre: -¡Los aplausos, los aplausos, los aplausos …!

«… Los boxeadores deben usar:

* guantes que cumplan las características especificadas en la normativa

* pantalones cortos con una cintura de diferente color (porque está prohibido golpear debajo de ella) … »

En 1993, cuando me refugié en la Patagonia, Chichipío -alias «El Cacique», una modista, ladrona y marica colosal, cosió la lengua de los Rollings en la parte posterior de mis pantalones de boxeo. Completé la obra pidiéndole que me hiciera una túnica de seda verde pistaccio, con un cuello exagerado del Emperador Ming, bordado en la parte posterior con la llamativa inscripción NEOPRIMITIVO DUCID. «El Cacique» Chichipío, estaba lleno, orgulloso del resultado. Sin embargo, al público local no le gustó tanto nuestro diseño vanguardista. El indio silbó y aulló de una manera cruel y malévola. Había realmente muchos. «Gracias a Dios que nadie del bar vino a verme», suspiré … Solo había dos personas únicas a mi lado: Larisa (una bailarina de puerto, hija de ucranianos, con senos del tamaño de su locura) y «Chernobyl», mi entrenador durante cuatro semanas (un niño de gimnasio que sobrevivió al incendio en su casa de zinc). Esta nota es aburrida, pero es necesaria: en la Patagonia cada invierno queman tugurios con los pobres dentro, debido a las brasas de carbón. Debido a las terribles quemaduras en la cara y el cuero cabelludo, de las cuales nacieron pelos al azar, apodaron mi combate «Chernobyl» … El ingenio popular nunca descansa.

Cuando mi oponente se quitó la bata y todos los presentes pudieron apreciar su complexión física, me pregunté, entre muchas otras cosas, qué estaba haciendo en ese hangar abandonado por la Fuerza Aérea en el medio de la estepa, cuál era la razón del viento que soplaba afuera 80 millas por hora, porque insistí en participar en una gala de boxeo amateur en beneficio de no sé. El hombre negro me miró y sonrió como un monstruo. Las cuarenta o cincuenta personas que fueron a verlo exclamaron: ¡Uuuuuuh …!

«…
* protector bucal
* caparazón
* no se puede usar ningún accesorio que ponga en peligro la integridad física del oponente …»

Algunos accesorios que ponían en peligro la integridad física usaban el bronceado en mis guantes, porque desde el primer segundo inflaba la polaina como un globo; milagrosamente escuché la campana y logré llegar a la esquina con mi propio pie:

«¿Cómo estoy, Chernobyl?»
– Si lo matas, empate.

La frase de mi combate me enfureció tanto, que con la campana fui furiosamente al centro del ring para dejar en claro a mi oponente quién era él.

Me desperté en una camilla en la sala de primeros auxilios «Evita Perón». Lo primero que pude ver fue Chichipio, acariciando mi frente. Logré ver a Larisa fumando en el pasillo, sacando a dos enfermeras que la estaban molestando. Con los ojos fijos en las lágrimas, «El Cacique» susurró:

– Me ordenaron cinco túnicas.

Sigo pasando por el barrio. Anoche, mi hermano mayor me dijo, en un inquietante correo electrónico, que cosas extrañas, dignas de Mad Max, ya están comenzando a suceder en Southern Pussy. «Es solo que no es como allí …» Traducción: EL EJEMPLO DE SALUD PÚBLICA ESPAÑOLA no existe. La masa está en bola picada.

De repente, en una catarsis colectiva, desde casi todas las ventanas, balcones y terrazas de la calle Orzán, los vecinos aplauden. Se expresan ellos mismos. Comienzan a tomar conciencia.

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 14
José Luis Ducid

Ex-detenida desaparecida en Buenos Aires durante la dictadura (renunció a todo tipo de «compensación económica» por las torturas y se negó testarudamente a formar parte de cualquier asociación de víctimas del terrorismo); activa protagonista con el retorno de la democracia, implementó a nivel estatal un sistema hospitalario descentralizado (por estos servicios al país también renunció a cualquier reconocimiento económico en su jubilación); sólida escritora; dama porteñísima. Fue mi médico pediatra en la obra social del sindicato de porteros dónde mi viejo, como tantos otros gallegos, era afiliado. Nos queremos desde hace eones de tiempo. Por eso es tan doloroso el tono torvo de la conversación telefónica que mantenemos. El desencuentro es indisimulable:

– No me gustó tu relato de ayer… Gracioso. Pero no me gustó.
– ¿Por qué, Doctora?
– La gente sale a aplaudir a los balcones no por conciencia, sino por contagio…
– Jo, jo, jo… Doctora… No me sea tan aguda.
– José Luis, la inmensa mayoría de los «que se expresan» en los balcones, ni saben porque lo hacen.
– Es posible. Pero la Sanidad Pública Española es un auténtico privilegio. Un milagro.
– La de aquí también, pero sin épica.
– ¿Puedo ser claro?
– Siempre.
– ¿Caiga quien caiga?
– Por favor.
– Detesto a la clase sacerdotal médica. Sea del país que sea.
– Y yo, José Luis, y yo…
– PERO, PERO, PERO. Esto no es «una crisis», ¡es una hecatombe real! No es momento de matices politiqueros.
– Tengo que dejarte.
-¿Te ofendí?
– No.
– ¿Te enteraste que hasta el pelotudo de Boris Johnson esta infectado?
– Espero que no olvides este lado del mundo.
– El mundo ya no tiene «lados».
– Tengo que dejarte.
– OK. Abrazo, Doctora.
– Abrazo prohibido.
– Codazo, entonces.
– Codazo.

Otro día más y otra vez son las 20.00 h. Me queda el último trago de Johnnie Walker. Sí que esto se complica. La vieja de enfrente, la que me denunció por empezar a construir un vivero en el balcón, percute una cacerola. Se la ve feliz, integrada. Los vecinos del ático contiguo, los diseñadores de INDITEX -desempleados- que aún no han podido regresar a su país de origen, también están a tope: graban todo con el móvil. Incluso a mí, sin pedir permiso; les parece normal, simpático. ¿La red propagó el virus o el virus nos atrapó en las red? ¿Virus-Móvil?¿Para los tangueros toda máquina pasada fue mejor? ¿Soy un nostágico de las cabinas telefónicas «vintage»?

De todas las cabinas no sé; pero de una trucada que había frente a la Farmacia Militar de la Ciudad Vieja, cuando aterricé en Coruña, sí. Desde ahí llamaba gratis durante horas a la Patagonia:

– ¿Pipas? ¿Los niños fuman en pipa?
– ¡No, Chichipío!, los gaitas le dicen así a las semillas de girasol. Facundo es la marca.
– ¡Qué locos estos gallegos…!
– Las pipas vienen en bolsitas muy berretas, de plástico, impresas con la caricatura de un toro muriéndose.
– No te creo.
– Te voy a mandar una bolsita, para que veas. Y no te la pierdas: el toro se muere ante un pibito torero.
– Áspero…
– Te lo juro, y el toro con la lengua afuera, antes de espichar, recita un verso. Me lo aprendí de memoria, escucha bien, eh:
– Me dejas helado…
– «Siento dejar este mundo, sin probar pipas Facundo.»
– Muy áspero…

Con su voz amanerada en extremo, «El Cacique» Chichipío me pedía que le contara cosas fundamentales para él, como si era verdad que Miguel Bosé es producto de un polvo de Charlton Heston durante el rodaje de El Cid; o si era otra mentira de la prensa que a Lady Dy la mandó matar la yegua esa del sombrero. Aprovechando la diferencia horaria, guarecido de las lluvias torrenciales dentro de la cabina, yo le contaba cosas fundamentales para mí, como que los coruñeses, ya desde el lunes al mediodía comienzan a empinar el codo, o que el pulpo se come con aceite de oliva y pimentón. También siempre le preguntaba por Larisa, de la que nadie tenía noticias ni en los cabarets de Puerto Madryn ni en los de Río Gallegos. Rarísimo, ¿no? Pregunta recurrente a la que «El Cacique», mientras pudo, me contestó con evasivas…

A Larisa, a la rubia atómica, la violaron en una comisaría; una violación colectiva de un fin de semana cualquiera. Habitual en aquellas latitudes. Quizá, debido a ese horror, y otros muchos que no vienen a cuento, la bailarina de los pechos descomunales y almita de duende travieso…, mi querida Larisa…, acabó en un psiquiátrico, en un manicomio tercermundista, donde se rebanó el cuello con el cristal de una botella que encontró junto a la tapia.

A Chichipío lo pillaron robando en un almacén (la cajera que le había pasado el dato de la recaudación, se equivocó en el día, y como no había dinero, acabó en prisión por robar un pack de quesos mascarpone y unas cajas de cervezas). A consecuencia de un motín al que no pudo negarse, sumado a otras deudas pendientes, «El Cacique» Chichipío fue condenado a nueve años en la gélida cárcel de Rawson. Sentencia que una neumonía le impidió cumplir. Su prima hermana me dijo que hasta el final siguió confeccionando sus coloridas prendas, sus diseños geniales.

¿Y qué? ¿Qué importancia tiene la anécdota lacrimógena de un indio sidoso o de una sicótica abusada?

Hay cosas realmente trascendentales. Por ejemplo, que la marca de pipas Facundo modificó su imagen institucional, adecuándola a los valores progresistas del siglo XXI: el toro agonizante de antaño ha sido reemplazado por uno vital, sonriente, en camiseta de lycra. El nuevo slogan reza: «Pipas Facundo. UN PLACER DE ESTE MUNDO.»

Iros todos a la mierda.

Completamente borracho, llevo el amplificador Marshall a mi balcón, lo enchufo, cojo el micrófono y cuando estoy a punto de hacer el ridículo total, no sé si las suaves manos de mi novia, o el grave sonido de las sirenas de los barcos en cuarentena, consiguen que no pierda el decoro imprescindible. Escucho. Los aplausos de la multitud en cautiverio van «a tempo», llevan el ritmo. En silencio, mi cerebro herido empieza a entonar un coro con mis cicatrices. Es una bella canción, anterior a la nueva dictadura del miedo, simple y necesaria como un beso:

«…ayer soñé, con los hambrientos, los locos, los que se fueron, los que están en prisión… Mama LA LIBERTAD…siempre la llevarás dentro del corazón, te pueden corromper, te puedes olvidar, pero ella siempre está… Mama LA LIBERTAD…»

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 15
José Luis Ducid

Mientras renuevan cada quince días el encierro, escribiendo este diario con final abierto, me siento feliz como Ana Frank.

Lo que impide que se grabe un biopic comparativo (“Ducid & Frank: Diarios de buhardilla” -la nueva serie de Álex de la Iglesia en NETFLIX-); lo que desdibuja el parecido de ambas biografías no es la diferencia entre el anónimo ático de calle Orzán, con el célebre sucucho de Ámsterdam; o la escasez de pan (cereal duro) en un caso, y de Walker (cereal líquido) en el otro. Lo que jode todo paralelismo, es el anuncio de hoy por la tarde del Presidente electo o Jefe del campo de concentración:

«…Todos los trabajadores de actividades no esenciales, deberán quedarse en casa como hacen el fin de semana…» (sic)

¿Este tipo es español?

¿Sabe a quiénes se dirige?

¿El Consejo de Ministros le informó que hoy es viernes?

A ver si entendí bien…

¿Qué los que no tenemos la condición de «trabajadores esenciales» hagamos lo que hacemos normalmente los fines de semana?

Ji, ji, ji, ji, ji.

Me está llegando un tsunami de invitaciones por WhatsApp a orgías, timbas, guateques y churrascadas, de todos los crápulas de esta maravillosa e irrepetible ciudad: gallarda, cutre, pija y underground, ¡la Ciudad MDMA, la Ciudad de Cristal!

¡Hasta Carlos, el casero del edificio, acaba de llamarme para decirme que mañana me trae una botella de Johnnie!

Que hagamos lo mismo durante quince días…

OK, Sr. Presidente. Soy un buen ciudadano. Le haré caso. De suave. No proseguiré por hoy con la escritura. Me jalaré uno de los hongos que nacen junto a la gotera del techo, e iré a hacer el amor con mi medio pomelo al son de Pucho Boedo y La Polla Récords. ¡Qué tanto escribir, tanto escribir…!

WARNING | CUIDADO:

El comunicado presidencial coincide con el cambio de horario obligatorio,

CUIDADO | WARNING:

junto con la decisión de la República Popular China de cerrar sus fronteras a los extranjeros.

¿Os dais cuenta lo que están tramando? ¿El destino que se aproxima?

¿¿¿Es que no lo comprendéis ???

LOS CHINOS NOS ESTÁN ENGORDANDO PARA COMERNOS, EN UN FUTURO NO MUY LEJANO.

(Comen lo que sea, eso es de público conocimiento; sólo que más tarde, después de limpiar las vísceras del Wok Two.)

Espero que al menos, el Gobierno, les haga pagar caro a esos asiáticos su capricho culinario, y nos vendan bien, por lo que vale nuestro peso en oro.

Manda narices…

¡Nosotros fuimos cebados a base de pollo al whisky!

ALERTA EN EL ORZÁN / DÍA 16
José Luis Ducid

– ¿Y si probamos suerte en el ático del loco?
-Son las once de la mañana,pichurriña.
– ¿Y?
– Se acuesta a dormir sobre las nueve. Notablemente en pedo.
– ¿Qué más nos da?
– Bueno… Vale.
– ¡Mola mucho todo así de despejado!

La pareja de gorriones se lanzó en vuelo casi rasante, cuesta abajo por la avenida Finisterre, libre de ruidos, de humos, de gente. Por puro divertimento iniciaron una vertiginosa carrera, sobrepasando adrede los semáforos en rojo; hasta llegar a Plaza de Pontevedra. Cinco gorriones deprimidos entre el tobogán y los columpios, al verles pasar, se les sumaron:

– ¿Vais para lo del loco?
– ¡Ahí vamos!
– Mala noticia: ya estuvimos…, no hay nada todavía.
– ¡Joder, se lo escucha desde aquí!

Los ronquidos del escritorzuelo borracho eran escandalosos; la bandada podía escucharlos in crescendo desde el bar KVRAS, ominosamente cerrado por la pandemia. Que en España suma a día de hoy 6733 muertos. De forma un tanto caótica, aterrizaron al lado del comedero para pájaros (un sencillo artilugio confeccionado con una tijera y una botella de plástico). Muy digna, muy esponjosa, una paloma también esperaba, paseándose por un zócalo de la fachada del edificio:

– La chica no está.
– ¡¿Otra vez se pelearon?!
– No. Sí… No… Bueno, sí.
– ¿Qué pasó?
– No tiene nada que ver con lo de siempre… El sobrino dio positivo.
– ¡Epa…!
– Tranquilos, él está bien.
– Me alegro. Los que no estamos bien somos nosotros.
– ¡Qué me vais a contar! ¿Encontrasteis algo?
– Nada de nada. ¿Y tú?
– Lo poco que había se lo jalaron las gaviotas.
– Hijas de puta…
– Egoístas de mierda…

Los gorriones se pusieron a buscar infructuosamente algo que comer entre la tierra de las macetas, haciendo vibrar las primeras flores. La paloma siguió dándole al pico:

– Imaginaros cómo está la cosa, que vengo de la calle Torreiro, y…
– ¿Cuál es Torreiro, que siempre me confundo?
– La del Bristol.
– ¿Bristol… Bristol…?
– El garito que queda justo enfrente de la casa de Wenceslao Fernández Flórez.
– Tampoco me entero, pájaro.
– La calle de La Bombilla.
– ¡Acabáramos…, claro!
– Dicen los humanos que ese tal Wenceslao era un facha.
– Lo dirán humanos de poca envergadura, querida.
– Ey, ¿sabíais que Walt Disney quiso comprarle los derechos de la novela?
– Menuda aguililla…
– Más bien buitre…

Sin que lo advirtiesen, una pandilla de gaviotas se posó en el tejado de enfrente. La tertulia de las aves famélicas prosiguió sin sobresaltos:

– No me lo vais a creer, pero aproveché que estaba en La Bombilla, ¡para hacerme una escapada hasta la ventana de Dorda!
– ¿Del rockero ese?
– Del señor Álvaro Dorda, el cantante. Yo con mis mejores plumas, y él que no estaba…
– ¿Otro que se infectó?
– Dios me libre… ¡con lo guapo que es!

Las gaviotas se carcajearon a coro con sus chillidos malévolos; son jodidas, en situaciones extremas llegan hasta el canibalismo, igualito que nosotros. Los tertulianos del balcón no decían ni pío. Pero las gaviotas son muy cobardes, achantan con lo que les resulta imponente: la novia del escritorzuelo chuzas apareció con una caja de cereales.

Empezó a rellenar el comedero y apretó un puñado, esparciéndolo por las baldosas. Los pajarillos, se pusieron inmediatamente de acuerdo para da un garbeo alrededor de la manzana: no vaya a ser que se ande diciendo que van a diario por el ático del Orzán a matar el hambre. Al fin y al cabo, son pajarillos gallegos, tienen su honra.

– ¿Cómo siendo esta chica tan bella y buena, vive con este calvo tan malo y feo?
– ¡Mejor come y calla, paloma…! Que el último que te arrastraba el ala…

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 17
José Luis Ducid

«San Cucufato, San Cucufato,
los huevos te ato,
hasta que no aparezca …… [completar con el objeto perdido]
¡no te los desato!»

– Lo tienes que decir tres veces.
– Ya lo hice.
– Se nota cuando mientes, Jose…
– ¡Si, que lo hice! (No, no lo hice.)
– Tú eres el sordo; yo te escucho desde aquí perfectamente.
– Soy duro de oído.
– Tres veces y CON FE.

La Fe es un don, el Partido Comunista es un PC, el «Pueblo» es una marca de liar (que se fuma) y Dios me retiró la Fe. ¿Dónde habré dejado el paquete de tabaco? Vamos a ver, lo tenía en la mano, me lié un cigarrito, empecé a editar el vídeo de los Rockers Go To Hell, se colgó el ordenador, jodí la gaseosa con ese vino inmundo que vale 1 (un) euro, me di cuenta de lo que me olvidé… ¡¿Dónde coño habré dejado el paquete de tabaco?! Intento sintonizar con San Cucufato y encuentro a mi pareja, mujer europea con estudios universitarios, echándole un toque de lejía al agua de una palangana verde que contiene: cuatro batatas (con b, batatas: suerte de patata dulce que fritada es riquísima), una bolsa de malla con judías (denominadas chauchas en el Río de la Plata), 22 champiñones (hongos aburridos).

– ¿Pero qué cojones estás haciendo, neurótica de libro…?
– El coronavirus se combate así… Sicólogo de barrio.

Súbitamente comprendo porque a los miembros de la Legión Española les llaman Legías… Sin duda, el confinamiento obligatorio nos distancia. Se va perdiendo el swing.

– Perdona, tengo entendido que no es bueno ni beber ni comer lejía…
– 0,1% de lejía; infinitamente menos peligroso que tragar el agua con cloro de una piscina.
– El personal mea en las piscinas. (Tú también lo hiciste, y lo sabes.)
– No tengas miedo. Piensa que los vegetales ya vienen con sulfatos, y listo.

Contabilizo los champiñones dando vueltas sobre sí mismos, mareándome con la pregunta capital: ¿Dónde cojones dejé el tabaco?

– En vez de quedarte como una estatua, contemplándome mientras curro, ¿podrías ayudarme a lavar el resto de la compra?
– ¿Eh?
– LAVAR. Con el estropajo y una gota de detergente.
– ¿Que lave la pizza, la mermelada de arándanos, las latas de tomate frito Solís…?
– Y todo lo demás.

No quiero pelear. Me arremango y empiezo a fregar por fuera los envases de la compra, sin rechistar y con frenesí, como quien ha cometido un crimen y pretende borrar sus huellas digitales… Mejor que no lo sepa… Sí he cometido «un crimen». Metí la pata…

Os prometo que lo contaré esta misma noche, porque hoy
es
ya
mañana.

ALERTA EN EL ORZÁN / Dia 18
José Luis Ducid

«San Cucufato, San Cucufato,
los huevos te ato,
hasta que no aparezca el tabaco
¡no te los desato!»

OK. Ya está bien de buscar el dichoso paquete. Os confieso mi error imperdonable, sin más preámbulos:

Bajé a la sucursal del Banco a por 20 euros para pagar la bombona de butano y… no recogí la tarjeta del cajero. Me fui, la olvidé. FIN.

¿Os parece una vulgaridad, no es cierto? Una tontería típica, común, ¿verdad? ¿Para esto tanto rollo? O aún peor: se trataba tan sólo de un giro de thriller casposo, cuyo único objetivo es robarle al estimado público cinco minutos más… Claro, claro…

No sabéis absolutamente nada del Armageddon.

LA TARJETA ERA DE ELLA – Coming soon!

(La única tarjeta con fondos, porque hasta el ERTE del COVID-19, ELLA lidiaba con dos trabajos para salir adelante.)

– Muy bien, mi amor. Así da gusto.
– ¿También lavo los sobres de queso rallado?
– El bicho sobrevive en las superficies. Todo lo que pueda lavarse, se lava.
– Lavaré la pizza -sabor mediterráneo- de Casa Taradellas, pero sólo un 3%.
– Ja, ja, ja… ¿Cómo puedes ser tan listo y tontín a la vez?

Friego a conciencia, «más culpable que chino en pandemia», toda la lista de la compra. Una pluridiversidad de envases fusiformes con víveres del súper, que dos albano-kosovares subieron a casa. Tremendo pedido; envío sorpresa de mi madre (a diferencia de lo que hizo el Führer, con sus tropas en Stalingrado, ella no nos abandonó en el ático del Orzán -temo que esta última comparación no sea muy feliz-).

– ¡Qué maravilla…! ¡Estoy enjabonando una botella de Johnnie Walker! ¡Mira cómo se pone de roja! ¡Y mira a Johnnie perdiendo la etiqueta, qué pirata..!
– Ja, ja, ja, ja…

Aún no lo sabe. Aún no lo sabe. Aún no lo sabe. Lavar por fuera TODOS los alimentos. ¿Cómo no escuché el pitido de aviso por la tarjeta? ¿Tendrá razón y tendré que ponerme audífonos? ¿Cómo le explico que me distraje fotografiando a un indigente asturiano que celebraba su cumpleaños solo, con torta de galletas, velitas y litrona, adentro del cajero? ¿Cómo decirle que me fui caminando por los Cantones desiertos, con un secreto orgullo de artista contracultural después de la caída de la bomba neutrónica, reenviando mi obra maestra por WhatsApp?

(Trabajadores no esenciales, ANOTAD EN MAYÚSCULAS ESTA IDEA PARA JUSTIFICAR LA CIUDAD DE LA CULTURA: convertirla en el primer «Museo del WhatsApp».)

– Mi amor, dame los 20 euros que los voy a poner debajo de la bombona.
– No.
– Ja, ja… ¿Le dejamos lo que sobra de propina?
– Los 20 pavos quedaron en el cajero.
– Estás de coña…
– El mendigo que cumplía años, no los cogió, de eso estoy seguro. Mira las fotos…
– ¿CÓMO?
– Espeeeera, espera… por qué no llamas al Banco a ver si…
– ¡NO SE PUEDE CONTAR CONTIGO PARA NADA, JODEEEER…! ¡VIVES EN TU PUTO MUNDO Y TODO TE IMPORTA UNA MIERDA! ¡TODOS TE IMPORTAMOS UNA PUTA MIERDA…!
– ¿Quiénes son todos?
– ¡VETE A TOMAR POR CULO!

El portazo subdivide el espacio, haciéndolo inmenso. Convirtiendo el ático en un castillo helado, sin reina, sin fanfarria. ¿Por qué nunca aprendí a vivir? (Me seco las manos y guardo los alimentos desinfectados.) Porque soy víctima de un virus que no tiene cura. (Los acomodo en su respectivos recovecos.) Que lo transforma todo para que no cambie nada. (Y respiro hondo.) Soy portador del virus que da placer pero no salva:

la Palabra.

Al abrir la puerta la encuentro sentada en la alfombra, con los ojos hinchados y la melena suelta, haciendo un collage:

– ¿Te gusta?
– Mucho, Paula. Mucho.
– Es para tu nuevo libro.
– ¿Cuál?
– El que estamos escribiendo en este preciso instante.

***

PD: Se me olvidaba deciros que entreverado con paquetes de queso, mostaza, ketchup y huevos (todo muy bien lavado), apareció el paquete de tabaco. Gracias San Cucufato.

ALERTA EL ORZÁN / Día 19
José Luis Ducid

«… MOSCAVACA, El Defensor de Galaika, que como todos sabemos posee la agilidad de la mosca y la fuerza y sabiduría de la vaca, va por los aires propulsado por su inseparable amiga y bailarina, la mosca XIMNASIA …» tscc tscc tscc «… en capítulos anteriores, el apuesto Pedro Sánchez no podía dormir tranquilo con Pablo Iglesias, sin embargo, las esposas de ambos …» tscc tscc tscc «… San Cucufato, San Cucufato, las bolas te ato, si no encuentro la caja de anfetas …» tscc tscc tscc «… nuestro héroe, MOSCAVACA, sobrevuela el Puente de Rande. Gracias a la súper mirada poliedrica de la mosca Ximnasia, las dos archienemigas de Galaika, las gemelas influencers ANOREXIA y BULIMIA MANTEIGA …» ¡riiing! ¡riiing! ¡riiiiiing!

Tres timbres resuenan en la penumbra del ático, por primera vez, desde el inicio de la cuarentena (antes quincena).Y el zapping de historietas que chisporrotean en mi cerebro, se desvanecen…

¿Qué valiente se atreve a andar por las calles de este ghetto después del toque de queda? Insisten con un nuevo timbrazo. Estático, me quedo mirando las agujas del reloj colgado en la cocina. Mi medio pomelo duerme como un tronco, gracias al canal de noticias 24 horas. Otra vez, un toque más largo… ¿Pero yo no arreglé mis deudas con los dealers antes de la pandemia? De pronto, pienso en mi madre. Atiendo:

– ¿Hola…?
– ¡HOLA PRIMITO!
– ¿Fernando?
– ¡Baja, primo!
– Sube..
– ¡BAJA, QUE TENGO UN REGALO PARA TI!
– ¿Whisky?
– Algo mucho mejor.
– Sube, chiflado.
– ¡ESTOY CON LA BICI!
– ¡Deja de gritar, mamon!

Fernandito, carajo… Decir que es una ración doble de Mr. Bean con pimentón, resulta insuficiente. Hablamos de un ornitorrinco. Un espécimen que no debería existir en el actual mundo digital esterilizado. Se gana la vida con una «discoteca ambulante», montada en un triciclo a pedal, maravillosamente decorado. Incluye, bola de espejos y otros detalles de nivel. Podría llamarle poeta, pero no escribe poesía (le cuesta demasiado embocar las letras en un folio, tal vez por su ojo estrábico); pero ni falta que le hace: él, es el poema.

– Saluda y di una frase a cámara.
– Joder… Apaga eso.
– Alguna frase de las tuyas, primo. Quiero tu magia.
– «Estoy harto de nacer, caballeros.»
– Eres un puto genio.
– Sí, porque vivo adentro de una botella. ¿Qué grabas a éstas horas, demente?
– Reúno material para un documental: #pudreteencasa.
– Ja ja… Si te pillan, te crujen, Fer. Las multas son durísimas.
– Tengo coartada.
– ¿Cuál?
– Llevo siempre una manzana, con el ticket de la compra.

Me la muestra, le da un mordisco. Nos reímos a dúo. Él desde la acera de enfrente, con gabardina y una camarita encintada a un casco de obrero; yo desde el portal, en bata y pantuflas. Manteniendo la distancia de seguridad, por supuesto.

– Toma, pa’ ti… La mejor foto de nuestro torero. Creo que es del 57.

Cuando ve algo auténtico, se le endereza el ojo virolo.

– Menos mal que Miguel la palmó antes de toda esta mierda.
– Sabía morir.
– Pues sí, primito… Pues sí.. Ahora te daré tu regalo.

Coge un tupper de la cesta de la bici, choca con el sillín, y derrama casi todo el contenido… De caldo gallego.

– ¡¡¡ME CAGO EN LA PUTA!!!

No puedo parar de reírme, mientras el recoge con una mano parte de lo que vertió adentro de la cesta, para reintroducirlo en el tupper. Por último estira hacia mí el brazo con el tupper chorreante:

– Lo hizo mi madre. Todavía está calentito.

Frente al reloj insomne de la cocina, apurando con la cuchara el final del caldo, mi cerebro empieza a hacer cortocircuitos y veo a Fernandito con MOSCAVACA y la mosca XIMNASIA, bajo una bola de espejos, bailando el Boogie-woogie.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 20
José Luis Ducid

Habiendo comprendido que la epidemia del COVID-19 es una trágica realidad que asola el planeta, y que se aproxima irremediablemente el fin (sobre todo el fin de mes), en pleno uso de mis facultades… redacto el listado de las 5 tareas que aún tengo pendientes en la vida:

1. Saltar la valla de Melilla trajeado de Armani para introducir hachís en Marruecos dentro de un maletín ejecutivo. (NOTA: No están preparados.)

2. Desabrochar los sujetadores, con un solo movimiento elegante.

3. Saber si se dice Poliexpán o Poriexpán.

4. Tirar los bolígrafos a los que se les acabó la tinta.

5. No sentir vergüenza ajena cuando los perros se huelen el culo y sus dueños miran y sonríen.

¡Ups…! Lo olvidaba… Es absolutamente fundamental:

6. Resintonizar con mi novia antes de que ella, y no el COVID-19, me mande al otro barrio.

– ¿Cómo que soy tu medio pomelo, o tu chica, o tu novia, pero los demás personajes tienen nombre?
– Lo malinterpretas todo.
– Lo malinterpretas… ¿Por qué yo no tengo nombre en tu libro, eh? ¿Crees que soy tonta? ¿Crees que no sé a lo que estás jugando?
– No es verdad. Puse tu nombre.
– ¡Una sola vez!
– En una escena final, capital.
– ¡Me ibas a poner el nombre de otra, payaso!
– Te pregunté si preferías salir con un pseudónimo…
– ¡Ahhh… Dios!
– ¿Leíste “Niebla” de Unamuno?
– ERES UN… UN…
– ¿Un?
– ¡¡¡CÍNICO!!!

Voy a por un par de hielos que no encuentro y ella se refugia en el ala del castillo donde hay una gotera cuando llueve fuerte.

7. Rellenar las cubiteras siempre.

Comprendo mejor el significado de la palabra confinamiento (que en esta tesitura acabará siendo arresto domiciliario) y recuerdo cuando salí de un calabozo, hace mucho tiempo…

8. Llamar a la policía para denunciar que todos los días a las 20:00 h, la misma gente, que denunciaba los conciertos de los bares, aplaude y percute cacerolas porque ahora al barrio le falta “vidilla”.

… realmente desquiciado por la cárcel, al borde del suicidio, una india con la que no tuvimos sexo, me amamantó en su lecho, al lado de una cuna, y su leche tibia me devolvió a la vida o me apartó de la muerte; y mientras yo lloraba, ella me acariciaba el pelo que, por aquel entonces, todavía tenía.

9. Suprimir de todas las listas el número 10 para no creernos los sermones de Moisés o del insufrible boludo Diego Armando Maradona.

Pasada la tormenta fuera y dentro del ático, de nuevo conversamos. Tal vez, demasiado hartos.

– ¿Por qué tomaste la leche que era para el niño, que no era tuya?
– ¿Las Autoridades Sanitarias lo declararon delito?
– Para tí todo es sórdido o paródico.
– Será el whisky… ¿Has amamantado, Paula?
– ¿Pero tú qué crees que es una mujer? ¿Madre o puta, no?

Intentando una respuesta conciliadora, “poética”, respondo:

– La fuente.
– No, José Luis.
– ¿Entonces?
– Un igual.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 21
José Luis Ducid

Si la memoria no me es infiel, por aquí abajo había un pene, vulgarmente llamado polla o, en lengua gallega, carallo. Otros sinónimos válidos en castellano son poronga, rabo, goma, toronja, pijo, también pija (forma rioplatense que confunde mucho), y un largo, larguísimo etcétera. ¡Ah…! ¡Siiiií…! ¡Aquí estabas, compañero! Pobriño… Debajo de esta barriga, digna de El Buda, Siddhartha Gautama… Me miro en el espejo del váter y temo que el COVID-19 acabe por transformarme en un «crimen perfecto»: no se encuentra «la pistola». (RISAS GRABADAS)

– Amor…
– Dime, corazón.
– Te apunté en un curso de yoga on line que empieza justo mañana, para que lo hagamos juntos, ¿qué te parece?
– Que mañana es sábado.
– ¿Y?
– En la tradición Pandémica el sábado es el día de descanso. No podré asistir.
– José, de verdad… lo que no puedes es pasarte todo el día sentado escribiendo, a base de whisky, anfetas y bocatas.
– Sánchez Ferlosio se marcó El Jarama siguiendo una dieta muy parecida. ¿Sábes en cuantos días?
– José Luis…
– Dime, Paula…
– Con esa panza pareces Buda.

Tienen un sexto sentido. Confirmado. Tiro de la cisterna y me quedo mirando un bidet rebatible que hice instalar en el inodoro: el BIDEMATIC. A los invitados les miento afirmando sin titubeos que se trata de un diseño mío, patentado, que intenté durante años comercializar sin éxito en los países musulmanes y, mientras lo inspeccionan, los invito a que abran el pequeño grifo lateral. Funciona. Casi siempre el chorro de agua les da de pleno en la cara, con bastante presión, sin que se lo esperen. Esto provoca una mezcla de insultos y risas entrecortadas muy curiosa, como cuando los parlamentarios se reunían en el Congreso a debatir los presupuestos Generales del Estado. Los que habéis nacido antes de la pandemia, sabréis de qué hablo.

Si le ajustas bien las tuercas
El BIDEMATIC, es firmemente solidario

con el sanitario.

En el ático del Orzán disfrutamos del modelo más barato, lamentablemente sólo para agua fría (AVISO: durante el crudo invierno no se disfruta tanto con el BIDEMATIC). De diseño y fabricación argentina, estoy convencidísimo de que si esta maravilla de la tecnología hubiese sido de origen chino, ya se habría distribuido e instalado en todo el planeta.

Hoy, más que nunca,
es necesario saber que el agua
proviene de la cisterna.

Y atender, con atención,
la nueva ALERTA:

«El Coronavirus (3era Mutación) ataca también por retaguardia.
No ganaremos esta guerra lavándonos solamente la cara y las manos.»

Whisky o Muerte

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 22
José Luis Ducid

«…Reivindico el espejismo
De intentar ser uno mismo
Ese viaje hacia la nada
Que consiste en la certeza
De encontrar en tu mirada
La belleza…»

Hasta mañana.

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 23
José Luis Ducid

– ¡¡¡Qué passaaaaa, Duciiiii…!!!
– Jo, jo, jo… ¿Cómo va, Monchito?
– ¡Ni Monchito, ni pollas! Martita y yo estamos cabreadísimos contigo,
¿pero tú qué cojones te crees? ¿Pensabas que iba a colar con un corta
y pega del mariconazo de Aute?
– Bueno, bueno, bueno…
– ¡Achanta y escucha, sudaca de los cojones!: si no tienes de lo que
ya sabes, me llamas y listo, pero que ni se te ocurra dejar de
escribir. ¿O tú qué te piensas, que los médicos y los enfermeros
pueden parar de currar porque están cansados?
– ¿Sabes qué pasa…?
– Que no tienes un puto duro, ni lo vas a tener, como todos los
artistas de verdad, pero ni a Martiña ni a mí nos dejas tirados con
“ORZÁN EN ALERTA”, ¿vale? Pásate por casa antes de las diez y
arreglamos. Pero solo tú, ¿eh? Los demás vampiros que se busquen la
vida. Éste es un regalo que te hacemos Martiña y yo. ¿Te queda claro?
Si llego a enterarme de que andas haciendo de ONG en el barrio, te
reviento.

Confirmo y amplío: las mujeres y los camellos tienen un sexto sentido.

– ¿A dónde coño vas, José Luis?
– A reflexionar acerca del dolor y la muerte frente al océano Atlántico.
– ¿Cómo puedes ser tan fantasma? Al menos, trae una barra de pan… hay
monedas en la lata. Y dile al pailán de Moncho que, cuando acabe esto,
le patearé el culo delante de todo el personal de la Ciudad Vieja.
– Se nota que empezaste yoga. Te armoniza.
– ¡COGE EL TICKET Y GUÁRDALO EN UN BOLSILLO…!

Fue la última orden doméstica o sabia sugerencia que le escuché gritar
a Paula por el hueco de la escalera. Si le hubiera hecho caso… no
hubiese pasado lo que pasó en el accidente de la rotonda… Pero ese
desastre fue después, cuando regresaba abstraído en mis trágicas
ensoñaciones, desde casa de M&M (Martiña & Moncho) al palomar del
Orzán.

Ahora iba feliz, a mi aire, con la barra de pan bajo el brazo (me
negué a coger el ticket para no rozar la mano de la cajera y sentir el
tacto inhumano del guante de látex). Cuesta arriba por calle
Panaderas, cavilo que en esta pandemia soft sobrevivirán mejor los
seguidores de Mahoma, el Profeta: se lavan las manos siguiendo
precisas instrucciones de Alá, hacen flexiones varias veces al día en
un tapete y están delgados a más de treinta grados de calor. Incluso
algunos se cubren la cara. Me falta fuelle y exhalo sin retranca:
“¡Ay, Coruñita, mi piedra podrida!”. Siempre la definí como un
polideportivo emocional. Es mucho más que eso. Es una cama redonda en
la que, si se desea con fuerza, se materializan encuentros insólitos,
situaciones comprometidas, objetos que uno no sabía dónde coño había
metido. Tres pruebas irrefutables:

1) el casero del edificio me dejó una botella de Johnnie sin juzgarme
(PRIMER MILAGRO DE LOURDES);
2) el dealer llamó para estimularme gratis justo cuando se me había
terminado la inspiración (LLAMADA DE LA DIVINA PROVIDENCIA);
3) aparece un mechero a la primera -¿quién compra mecheros?-, decorado
con una calaverita mejicana (RESURRECCIÓN DE LA CARNE Y VIDA
PERDURABLE).

Ahora y en la hora
del choque idiota
en la rotonda

Amén

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 24
José Luis Ducid

– Duciiiii, que pasa … !!!
– ¡El hijo de puta perdió mil, Moncho …!
– Ja, ja, ja …!

Siempre le gusta sorprenderme de alguna manera nueva; esta vez, en el portal oscuro, escondido detrás de la hoja de la puerta, ya entornado para que pase sin sonar.

– Joder, tío … casi me matas con un ataque al corazón …
– «La hierba nunca muere», Duci, no me vengas con mierda.
– Distancia, Monchito. DISTANCIA

Con una cara de perdón, arroja una bolsa de plástico a mis pies.

– Con esto rejuvenecerás 20 años.
– Bolsa tremenda …
– Material vasco, etiqueta superior beluga negra. El acaba de llegar.
– Oh, mi madre … entiendo mejor por qué existía ETA … ¿Martiña?
– Deprimido, viendo la jodida televisión todo el día.
– Arranca el cable.
– Estas loco? ¿Quieres que terminemos follando?
– Jo, jo, jo …
– Lo único que distrae a Martiña son tus historias. Así que jódete
, no puedo aceptar esto, Monchito; Es un verdadero magnate.
– Tiene a su hermano en la UCI.

La luz se apaga nuevamente y gracias al encendedor del cráneo mexicano, milagrosamente con gas, fumamos en la oscuridad.

«Además, una sudadera de mierda no vendrá y me dirá qué hacer con la mía, ¿entiendes?»
– Siempre has sido humanista.
– No me malinterpretes, Duci … Es la primera y última contribución a la causa. Dosis sabiamente, no seas un imbécil. Esto dura mucho, mucho tiempo: los italianos comenzaron un mes antes que nosotros y dicen que los dejaron ir en julio, así que hasta agosto …
– Pensé … pensé …
– Eran los jodidos yanquis. Lo liberaron a los chinos. Una operación encubierta, como lo hicieron en Cuba, Vietnam, Irak …

Te perdono aquí todo el discurso geopolítico-místico de Monchito. Imagine un artículo colaborativo de diez páginas de Rappel y Noam Chomsky publicado en ForoCoches. Abrevo más la escena: degustación rigurosa del material, abrazo machista reprimido (declarado ritual arcaico hace 24 días), disparado al Orzán, velocidad de crucero.

Frente a la extinta Farmacia Militar, dejo atrás la cabina telefónica llamada, desde la que hablé gratis con Patagonia, durante horas, con «El Cacique» Chichipío. Lo mismo, aunque ahora «modernizado», en el que una mujer gallega acordó dejarme fuera de garantía para alquilar mi primer apartamento en España, ignorando a su familia y amigos, que estaban tomados de la mano para respaldar, con ella propiedad exclusiva de un inmigrante sin comercio o beneficio. Allí, temblando de nervios ante la incertidumbre, la escuché preguntar:

– ¿A qué hora tiene que estar para firmar el contrato en bienes raíces?
– A las 10:30.
– Pediré permiso en el trabajo.
– Dios mío … ¿Por qué estás jugando así para mí, Inés?
– Porque ayudo a las personas que tengo cerca, no a las personas de África que no conozco. [sic]

«… siguiente = siguiente …», me enfrento a la línea peatonal que delimita el cuartel del ejército. Dos campanas me hacen mirar a la izquierda y una tercera campana incorrecta del reloj del Ayuntamiento, provoca la noche. La niebla de un mundo apestoso me rodea. Me quedo en el sitio. Estoy realmente solo Todos lo somos Abro la bolsa para desempolvarme y la música de una compañía dirigida por el triciclo de discoteca de Fernandito me hace reír a carcajadas, como las gaviotas. Después de él, están bailando y cantando en voz alta la habanera “… ¿Qué más se puede pedir que vivir en La Coruña? Que viviendo en La Coruña, Dios mío, ¿qué más puedes pedir? … ”Reconozco a muchos:

“El Perchas”, Suso “El Chapas”, “El Marqués”, Chusmi, Morate, Juan London, Richi, Xosé Patata, César de Santiago, Alberto Carpo, Melu, Chus Modinos, Jaime Portobello, Germanciño, Calochos, Ángel Perra Loba ”, Xaime Cabanas, César Otero, Jorge Ricoy, Chelín, Fernando Rey Wonenburguer, Taxes, Cousi, Ivandido, Peteiro, Miguel Angulo … En un podio, en el centro de la caravana espectral, como Reina-Poeta: Elisa Painted Moon «… Tim Behrens me guiña un ojo para unirme al Golf Companion … También soy otro fantasma de A Coruña. Si Yo soy Y a punto de perderse en la niebla para siempre, un rumor seco, seguido del grito de una mujer, me revela que todavía es de día.

Hubo un accidente alrededor del cuartel. La ciudad está tan silenciosa debido al virus que pude escuchar el shock muy claramente, sin haberlo visto. Corro a la esquina …

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 25
José Luis Ducid

Lo primero que pude interpretar con mi cerebro mientras corría fue una motocicleta que cayó al pavimento, un repartidor quitándose el casco, una mujer desparramada retorciéndose. Al mismo tiempo, lo primero que pude sentir con el músculo cardíaco fue que el material de Monchito era una bomba abertzale. Tuve que parar. En la acera, justo en frente de la entrada del cuartel, concluyó: «Voy a abofetearla en medio de una pandemia transnacional, bajo el letrero TODO PARA EL PAÍS». La mujer gimió de dolor en el silencio higiénico del coronavirus y mis rodillas se doblaron. Lo apreciaba desde una perspectiva casi imposible, horizontal, ligeramente inclinada. El repartidor comenzó a hablar por teléfono, a centímetros de ella, con un pie en el maletero del pedido de pizzas baratas «Made in Spain». Entonces el CONFINADO comenzó a asomarse a los balcones y ventanas. Pero nadie bajó para ayudarlos. Mi corazón latía con fuerza:

– Serán hijos de puta …

E inmovilizado frente a la plaza del cuartel, recordó que había un grupo escultórico dedicado al fundador de la Legión española, de excelente mano de obra, más soviético que nacionalsocialista, recientemente reemplazado por juegos infantiles. Propuse que no se elimine. Que se coloque la estatua de Unamuno al frente (que, como todos sabemos, fue al principio partidario del Levantamiento Nacional). ¿Por qué la estatua de un civil? De modo que por primera vez en España existió un lugar didáctico, donde se erigieron dos visiones divergentes una frente a la otra. Eternamente. Ante mi insistencia «de dudoso gusto», un periodista comentó con picardía en su columna provincial, que había inmigrantes retrógrados que no entendían la historia porque no la habían vivido … En Buenos Aires, la Guerra Civil española continuó librándose en las mesas familiares, Fui heredado por un abuelo «rojo»; incluso los caballeros de las asociaciones gallegas «leales» a cada una de las dos partes, salieron a la piedra el día del Levantamiento, y entraron en los años 80 … cientos de miles de años y millas de esa «pandemia» verdaderamente dura. En la única megaciudad gallega, Buenos Aires … Gran argumento para un documental (subvencionado) … ¿Pero qué más? Bill Gates ganó: con Internet es difícil abolir el pasado. Y me dirán que es mejor reemplazar la estatua de un asesino en serie con juegos infantiles. Es posible Pero lo que propongo es un poco más punk: instalar una tirolina de estatua en estatua, del profesor Unamuno al soldado Millán Astray, dar impulso a la máscara de «hombres», e ir con el ombligo en el aire, comenzando con la risa. . Aparte ¿Dónde están los niños? El último refugio de los mediocres, como el jazz, es mentirle a la infancia. (ACLARACIÓN: Jazz, pronunciado con el cuello vuelto y la boca llena de burbujas de cava, no de champán, como sigue: ¡Yaaaz …!)

– Oye, deja de grabar y bájate, joder! ¡Oye, deja que se grabe y se caiga o pondré tu teléfono celular en el jardín hasta que tus alvéolos sanos suplican por un coronavirus como Trump ordena! Sí, tú, alvéolos de ojales limpios! ¡Voy a subir a tu búnker para contaminarte a ti y a toda tu pandilla asintomática!

Las sirenas de la policía en la distancia me arrestaron para acercarme a la mujer y al repartidor. Me miraron desde sus posturas aterrorizadas y esculpidas en bronce. De repente me sentí perfectamente bien, con una misión, un trabajo para ganarme la vida:

La entrega de la muerte.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 26
José luis Ducid

La pierna izquierda de ella no lucía en su sitio y desde mi plano cenital percibí en sus pupilas el dolor agudo; el chavalito, claramente de antepasados andinos, con lágrimas rodando por las mejillas cobrizas, jugaba en el móvil al Angry Birds. JUGABA EN EL MÓVIL AL ANGRY BIRDS. PUDE VERLO DE REFILÓN. TAL COMO OS LO CUENTO. Y al intentar cogerle la mano a la señora accidentada, en un acto reflejo, la apartó con asco. Quizá porque yo no llevaba guantes ni mascarilla. Posible explicación. Espantado por la reacción “animal”, dí un paso largo por encima de ella y, pisé, sin querer, su otra mano apoyada en el pavimento. Algo óseo crujió. La mascarilla cumplió con otra de sus tareas, aplacando el grito verde. Estallaron los aplausos. Sincrónica y cívicamente; a las 20:00 h o’clock. Sonaba también alguna cacerola convocada, haciendo referencia vaya a saber uno a qué empresario o político deleznable y, por supuesto, famoso; amortiguando la llegada de la policía municipal y una ambulancia que aparcaron muy macarras, bajo las palmeras de la rotonda (siempre me jodió que las palmeras se dieran tan bien en “climas fríos”, fastidiándome la postalilla de “Tintín, en el Congo”, o algún tópico-trópico similar). Coches, aplausos y cacerolas: el batiburrillo del virus al unísono. Coronándolo.

– Buenas noches. Documentación.

El poli más viejo me apartó. La mujer hacía gestos raros en dirección a mí, mientras empezaban su labor los enfermeros.

– ¿Qué cojones haces aquí, Ducid?
– Pensé que como los Ministros son inmunes a la cuarentena, yo también.
– Se te va a caer el pelo.
– Como no sea el de los huevos, Atilio…

Atilio. Tremendo hijo de puta. Nieto de un vagón de yeguas putas. En la Ronda de Outeiro, tuvo un garito en plan salsero, con actuaciones en directo y con dominicanas menores de edad o casi menores de edad, semi analfabetas o analfabetas del todo, y negros con una lubricante gota de semen en la punta del glande. Glande. ¡Siempre listos!, para atender divorciadas de melenita corta, fresca, cómoda; a las que él les cobraba por recibir masajes de su jauría en el cuello; el cuello del útero. Vale agregar que algunos jueces, médicos y abogados decentes, catequéticamente “decentes”, padres de familia bien constituidas (que sé positivamente que me están leyendo), también iban a bailar salsa, a expresar todo lo guays de lo que son capaces de ser cuando nadie los mira, “… con movimientos rítmicos centroamericanos, sensualidad fabricada …”, y acabar en el entrepiso de arriba con aquellos curanderos, “componedores” de espalda. Atilio. El policía municipal al que le iba tan, pero tan bien, que se le fue la pinza como al impune Jesús Gil o al condenado Jefe de la Guardia Civil Roldán, hasta que lo pillaron en el despacho de atrás con casi un kilo de farlopa arriba del escritorio; y que, A CAMBIO DE NO CHUPAR TALEGO, delató a todo el mundo y se hizo munipa…. Qué clásico… Sé que por esto me ajustarán las cuentas cuando termine nuestra risueña pandemia, pero me la suda. ¿Sabéis por qué? Por que soy torero sin vocación, pero torero. Y porque ya me dieron por el culo y no me gustó. Unha mágoa.

– Dame lo que tienes.
– Llevo una barra de pan.
– No la veo.
– Allá, en el bordillo, delante del cuartel, abajo del TODO POR LA PATRIA. ¿La ves o no la ves?
– No.
– ¿Te vale el ticket…?

– No encuentro el ticket.
– Eres patético. ¿Te reviso yo?

Nada. No encontró nada. Se quedó con el mechero de la calaverita, que mi amigo Tom, el guitarrista flamenco y escritor, me reveló anoche por WhatsApp que era suyo. Pero debo confesaros, por honor, que durante los tres minutos que Atilio me cacheaba envejecí unos cuatro años… ¿Que fue del tremendo bolsón de M&M? Afortunadamente, se me da bien aguantar el tipo. Soy un auténtico hijo de puta con escamas. Podría ser presidente del PP y dar conferencias por plasma en-go-mi-nao, ¡igual que el Secretario General del PSOE! (AVISO: Si quieres ser cronista del COVID-19, debes tener cara de piedra y, sobre todo, dar la información racionada sabiendo callar lo importante.)

Entonces

el ángel de la guarda que protege a los politoxicómanos, poetas, vendedores ambulantes senegaleses y niños, interrumpió:

– ¿Algún problema?
– Déjame a mí a este capullo. POR FAVOR.
– El indio del delivery se está poniendo farruco, vente.
– AngrInca.
– ¿Eh?
– Angry Inca. Una contracción… Chiste malo.
– Vete, Ducid, antes de que me cabree. Y saluda de mi parte a tu socio, Pedreira.
– Qué loco que te acuerdes de Pedreira, Atilio. Soñé con él hace unas semanas. Se bajó de todo. Está en la aldea.
– Hace bien. A ver si sigues su ejemplo
– ¿Puedo ir a buscar la barra de pan?
– Pírate en línea recta cagando virutas, enano de mierda.

Creo que el bolsón de Martiña y Monchito me lo levantó alguno de la Golfa Compaña; Ángel “Perra Loba” seguramente, el muy cabrón… O quizá lo perdí en mi carrera rumbo al accidente, junto al muro del cuartel. Sí, fue así. ¿Os animais a buscarlo, zorrones? La bolsa era un recorte del Gadis…. ¿Da miedito ahora, que pueden trazar con los móviles donde estamos y estuvimos, no es cierto, o no es cierto que da miedito confinados del orto? Ja, ja, ja, ja… Ahora que somos “la nueva carne”… Pseudo-robots…

Lo que me atormenta es como reaccionarán M&M cuando lean esta paja.

Lo que intuyo es que esta Semana Santa empezaré el calvario de las clases de yoga….

Lo que me ilusiona de esas elongaciones con Pauliña… ¡Es que sean “on line”!

Foto: Paula Gomez.

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 27
José Luis Ducid

Me siento en un sillón de plástico plegable que persiste en el rellano,
para que podamos
eliminar cómodamente el calzado contaminado del hostil mundo exterior.
El microespacio del sillón es caótico. Hay bolsas de súper,
basura, zapatos y una botella: es la cabina de despresurización
prehistórica. En las futuras naves navales, evocaremos con nostalgia y
ternura el candor profiláctico actual. PERO YA ES BUENO.
Debo hacerme cargo y enfrentar la furia de Paula por mi eterna
incompetencia. ¡Ánimo, Ducid! Es inevitable. Vamos allá

– Hola, amooooor! (Sí, suspiro)
– ¡Hola, José!

Sonriendo y sudorosa, la encuentro frente a la pantalla de la computadora,
vestida solo con una camiseta larga y botas de tacón
bajo. Él explica que comenzó un tutorial de
tap. Dios mio

– No haremos yoga. Haremos tapping. ¡Quiero bailar cuando montas en el
Club Mitchum! ¡Mira qué buenos son los gráficos en el video!

Suspendido en medio del ático, veo en 3D, una flecha indicativa gigante.

– Creo que es mejor comenzar un tutorial de tango. Yo soy el profesor
– Ah … si …?
– Repita conmigo: «El tango es una expresión vertical de un deseo horizontal».
– Acércate … No entiendo tu acento … ¿Qué tengo que decir …?

Horas después …

¡Sí, malditos incrédulos! Horas después … la luna llena, como la
luna en el reloj del Ayuntamiento, me iluminó frente al inodoro, a
través del cristal grueso de la ventana del inodoro.

– Por suerte te portaste bien. ¿Dónde diablos estabas?
– ¡Ñe, ñe, ñe, ñe, ñe …!

La risa de mi polla, no sé por qué, siempre fue un poco
lasciva. Un poco de películas de Pajares y Exceso.

– Fueron todas las pastillas que el cardiólogo te recetó,
gracias a Dios esta pandemia te hizo olvidar la farmacia.
– Estas equivocado. Le di prioridad a los camellos que salen gratis, sin título.
– Ñe, ñe, ñe, ñe, ñe …!

La boca del gallo malévolo continuó elocuentemente:

– Ducid, hemos estado juntos toda nuestra vida. Vea si
comprende de inmediato: Más Elvis, Más Piazolla, Más Johnnie,
Más velocidad, MENOS LITERATURA.
– Jo, jo, jo … Te extrañé, ¿sabes que básicamente mi amiga
Pedreira intentó transmitirme el mismo mensaje, cuando caminábamos
juntos, rompiendo las bolas?
– Anfitrión, Cantera …! Como estas
– En el pueblo. Dejó totalmente el merecumbé. Fue realmente reciclado.

La sacudí un par de veces.

– ¡Sigue, sigue …! Dame una probada!
– Qué vicio tienes.

Bebiendo unas cervezas, garimbolas, para Pedreira, en el bar de un
bar en el puerto de Sada, frente a una chatarra de
naves espaciales de Hollywood , guerrera y moralista, por supuesto, que se aplastó a
todo volumen en la televisión, comentó Pedreira en su gallego castrapo:

– Me gustaron las películas del futuro. Pero del futuro antes.
– Eres el Castelao Reloaded. Jo, jo, jo … El futuro de antes …
Castelao Siglo XXI!
– Ay, Ducid … Siempre escribes en el gerolo. Mira lo tonto que eres … ¿
Otra garimbola?

Que tan correcto es el suyo. Y qué desgracia mía: incapaz de sentir, de
vibrar sin categorizar. Aposté el doble contra el sencillo de que Pedreira y
William Burroughs aplastarían sus cervezas confirmando sin decir nada …
Esa noche continué con mis diatribas, con mis rapsodias apocalípticas,
con mi análisis cuidadoso del significado del Universo y Pedreira, de
repente, supongo que algo cansado , se rompió al borde del estuario:

– Hablas mucho de la vida. No se habla de la vida …
– ¿Por qué no? ¿Sabes qué es la vida?
– La vida es eso.

Y señaló el cardumen de manantiales que se alimentaban de la tierra del
desagüe del muelle. Sorprendido por su tono agudo, molesto
por la metáfora visual del ego (y ya bastante borracho), me tiré al
agua. Salté donde Pedreira señaló a Life.

¡Salté!

No era tetrapléjico porque la marea era alta (mi pequeña contribución
a la industria cinematográfica española: Amenábar en lugar de filmar un
largometraje, habría lanzado un corto sobre Vimeo). Pedreira esperó y esperó.
Fue muy difícil para mí escalar las rocas hasta que llegué al muelle. Silencioso donde lo dejé
, mirándome, hizo la pregunta
metafísica fundamental sin amargura :

«¿Una garimbola, Ducid?»

Nunca lo supo (y dudo que lo sepa), me curó esa noche. Al
menos por un momento. Sin pretensiones terapéuticas. De que? La vida
no habla … Me sanar como Jodorowsky puesta por
la psicomagia, o una peluquería en un amor transfigurante Cubela la
casa antes de los espejos, el que está metido en la reflexión
en sí desconocida. Por un segundo intemporal, logré asociar la
palabra saludo con el gesto de saludo. Y, aterrorizada, estreché la mano de
mi amigo y maestro.

– ¡Ñe, ñe, ñe, ñe, ñe …! ¡Qué final tan travieso! ¡Cómo te das cuenta de que hoy
vas a relajarte, presuntuoso jugador de tango!

Foto: Paula Gomez

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 28
José Luis Ducid

El olor no puede ser del cadáver, porque personalmente identifiqué sus restos mortales en un tanatorio de Carballo.
***
[08:37]: Te falta la definición de confinar
[08:37]: Por mera curiosidad y aburrimiento, he buscado en la RAE el significado de la palabra confinamiento, cosa que parece que nadie ha hecho:
***
Coincidió con el Martes de Carnaval, hace casi dos meses. Todo estaba cerrado (“por aquel entonces”, España era el país de la fiesta o de la siesta, un destino turístico impepinable como Auschwitz).
***
[08:38]: CONFINAMIENTO
1. m. Acción y efecto de confinar. 2. m. Der. Pena por la que se obliga al condenado a vivir temporalmente, en libertad, en un lugar distinto al de su domicilio.
[08:38]: Sí primero lo destierras
***
Fue cuando descubrimos que en Carballo hay 7 (siete) tanatorios. «La excitante Ruta de los Tanatorios de Carballo», filón por explotar en los tiempos del COVID-Diecinueve. ¿Y cómo fue el COVID-15? ¿Cómo será el 32?
***
[08:38]: «en libertad fuera de su domicilio”
[08:39]: Es raro, yo siempre creí que confinar era encerrar, punto.
***
¿Seguiremos viendo comedias de situación en RTVE súper ácidas, baratas y divertidas como ALERTA EN EL ORZÁN? (Buena Nueva de ayer, Jueves Santo: los romanos no pillaron a Jesucristo entre los olivos del huerto, la escasez de papel higiénico lo llevó a hacer de vientre a casa de María Magdalena, alterando este año el Plan Divino y el puente de Semana Santa.)
***
[08:39]: Encerrar no, pues podría ser en un espacio abierto, pero definido por un límite imaginario. No sabía que el hecho de desterrar estaba asociado
[08:39]: Yo antes como que lo escuchaba más en cuentos
***
Mientras dábamos vueltas en la furgoneta por Carballo, una amiga nos explicó por teléfono a qué se debía semejante concentración de casas de sepelios: “Hicieron un estudio de mercado y, al comprobar que la proporción de población envejecida es altísima, invirtieron.” El conductor asintió: “Lo seguro es montar una panadería, pero si se deja de ir a la panadería durante mucho tiempo se acaba en un tanatorio fijo.”
***
[08:40]: Pero sí que si lo piensas, como que implica movimiento; “…y lo confinaron a pasar la vida en una torre…”
[08:40]: En maldiciones y rollos así
***
Tengo las llaves del piso vacío. Nunca me atreví a entrar otra vez.
***
[08:40]: Exacto
[08:41]: Aquí mucha gente lo llama “el encierro” directamente
***
Pero el olor que sube hoy por el patio de luces desde el 4º, es insoportable.
***
[08:41]: A ver qué pondrán en los libros de historia

Foto: Paula Gomez

Foto de Álvaro Dorda.
 
ALERTA EN EL ORZÁN / Día 29

José Luis Ducid

– ¿Qué haces con los zapatos puestos dentro de casa?
– Oh… Perdón.
– ¡Ahora TODO está lleno de virus! ¡TODO ESTÁ LLENO DE VIRUS!

Presiento una noche de interrogantes.

– ¿Estás fumada?
– NO. Me duele mucho el pie.

Se da media vuelta (¡qué espalda…!, longilínea, infinita: una procesión pagana de lunares) y vuelve a su escritorio a seguir editando vídeos por encargo. También es capaz de eso.

¿Seré capaz de “crear” algo hoy?

“NO. Me duele mucho el pie.” Si esta no está fumada, tiene el pie engangrenado… Intentando estar a la altura cultural del 2020, me dirijo al balcón del ático, quinto piso, sin ascensor. Pero nada. Tal vez, el problema es que guardo el fundado temor de que el presente diario se convierta en una enciclopedia de exabruptos y horrores. Ejemplo: “Me cago en la puta… esta semana murieron 3 (tres) del barrio…” Tranquilidad, tampoco es para asustarse, basta con ver las sonrisas de las cabezas parlantes en la maratón estadística televisada, o saber que uno de los tres que estiraron la pata en el Orzán, lo hizo en su cama durmiendo, de un infarto. Conociéndole, sospecho que inconscientemente eligió este momento histórico para dejar de existir, porque le gustaba pasar desapercibido. Muy buen tipo. Empezamos juntos un fanzine e invertimos mucho hígado en el bar Borrazás. Ambos cosechamos un puñao de risas. Simplemente se fue. Y sé que esa partida normal le jodió al COVID-19: es capaz de matar con tal de llamar la atención.

¿Y yo?

También: me sirvo un mega-ultra lingotazo, con dos piedras de hielo, del amable Johnnie Walker ¡que empezó a caminar en 1820 y sigue tan campante! Una vez más, verifico con admiración su andar brioso: ha sido capaz de llegar desde Escocia hasta mis papilas gustativas, haciendo escala en Vigo, vía Amazon. (Un buen samaritano me envió la botella con motivo de la Semana Santa. Se lo agradezco más que un huevo.)

¿Y si no lo pillaron en el Huerto de los Olivos, quién resucitará mañana? ¿Jesucristo se encuadra dentro del subgénero cinematográfico de zombies?

Algo huele mal en el piso de abajo. No perdí el olfato (señal de buena salud) y, tras el latigazo de un escalofrío, sacudo la cabeza. No, no hay un sepulcro en el 4to. No puede haberlo. Dios mío… Estoy tan harto de encarnar al Delivery de la Muerte, que pospongo mi deber para mañana. Domingo de Pascuas.

Malo será, ¿no?

Nuevamente el ritual de las ocho de la tarde… Como desfilar por la calle ya no dejan, la gente al menos quiere cantar un Himno… Vivir para potar. Otra vez las cabezas parlantes casi lo han conseguido con su prédica: hacerle entonar al personal, la chispeante y esperanzadora balada pop Resistiré. Escuchó con atención la letra, ladrada desde los balcones: “Cuando sienta miedo del silencio, cuando cueste mantenerme en pie, cuando se rebelen los recuerdos y me pongan contra la pared”

¿Estarán siendo acosados en sus casas por Mcnamara (Fabio McNamara)?

Es el momento de aportar mi grano de arena. No puedo ser un perpetuo cúmulo de negatividades. Eso hace que se envejezca mal y que a la larga te abandonen en un geriátrico. Así que os propongo EL HIMNO OFICIAL DEL CORONAVIRUS. (Se trata de una letra adaptada, sobre la base del standard Hit the road Jack; con Pablo Rega en guitarra y arreglos, Álvaro Dorda en el papel del Dúo Dinámico y la vibrante participación de la mejor banda de free jazz de Galicia: Comando Radar.) Ah, un secretito: ayer pensé en titularla ¡CORUÑAVIREMOS JUNTOS!, pero Gadis no quiso patrocinarla; opté por respetar el título original. Visto lo visto, lo que no se vió y lo que, sin dudas, se verá, creo que es el más acertado. (Os mandó la letra domani.)

¿Estaréis
ALERTAS?

Foto: Paula Gomez

Foto de Álvaro Dorda.
 ALERTA EN EL ORZÁN / Día 30

José Luis Ducid

Domingo de Pascua y el olor es insoportable. No hay segundas vidas en Orzán. Cierro todas las ventanas y, como aprendí en la Patagonia, con cinta de embalaje cierro los huecos en las puertas (el polvo de la estepa se filtra durante la temporada de viento a través de las aberturas más estrechas, particularmente las mujeres trastornadas). La idea de la suciedad a través de las ranuras, agregada al cierre, las liquida. También porque educativamente en Sudamérica, al menos hasta que era joven, estaban condenados a limpiar. Es por eso que, en parte, hay un gran intercambio de parejas con la llegada del verano. Descubres que el imbécil de tu vecino era una persona encantadora en comparación con el monstruo al que pasaste seis meses confinado … Hasta el invierno siguiente, lamentablemente, te dice que cubras mejor las ventanas. Por desgracia, el polvo en los lugares equivocados … Esa idea me remite al tabaco, una práctica casi abolida en Europa, que ha regresado con un feroz individualismo: el tabaco. Es la prueba definitiva de que nunca nos hemos preocupado por las Autoridades de Salud. De manera altruista, quiero decir: no pusieron fin a la epidemia de tabaquismo, como todos sabemos, porque otorga ganancias de pingüinos en impuestos directos al estado (es decir, a la clase política, esos trabajadores NO son esenciales para que, como un corcho o una mierda, nunca se hunden, flotador). El tabaco nos impide compartir lo que aún no se ha privatizado, el aire; pero qué, individualmente, «sigamos fumando». A nivel personal, me encanta, porque no tengo dinero para atrapar cocaína; entonces es un sustituto que funciona de manera tibia, como la metadona para los adictos. Por eso, y lo sé positivamente, Lectores de ALERTA EN EL ORZÁN en la próxima quiebra, me lo agradecerán por el hecho: logré que la señora del estanco que está frente al obelisco, en la calle / rúa Nueva, traiga un par de cajas importadas. No te quedes sin existencias. Déjame algo, queridos bastardos. AVISO: El New Street / Street Tobacconist solo abre por las mañanas.

También debo decirles que hoy, por primera vez en mi vida, participé en una videoconferencia grupal, con motivo del cumpleaños de un amigo que sabe cómo adaptarse a las pandemias. En la pantalla subdividida en cuadrados, hacemos coincidir un buen número de colegas. Pero no pude soportar la presión: ¿cómo es posible hablar y ver, vivir, a esas personas que amas tanto sin poder abrazarlas? «… El futuro llegó hace un tiempo. Un palo entero, ya ves … «Me disculpé con una llamada de mi madre, a quien nadie escuchó o creyó, y apagué la sesión.

Como esta mi madre Con la esperanza de aprender el HIMNO CORONAVIRUS nacido de un tema grabado por Moris en los años setenta. Un resumen de temas que harán las delicias de grandes y pequeños, antes de que se abran fosas comunes como en la ciudad que nunca duerme: Ferrol, Ferrol. Música, maestra! ¡Y para mover el esqueleto!

Es inútil escapar de este virus … Es inútil escapar de este virus.
Veinte horas con Netflix puedes fumar hasta que mueras.
Con mil mujeres puedes fingir, con amigos puedes chatear.
Es inútil … No, es inútil.
Los que van al Super, dicen que todo funciona.
Los que hacen música creen que es lo más importante.
Los que van a lo materno, les duele la espalda.
Es inútil, si lo usas para la inmunidad eterna
que siempre nos maneja, que siempre nos maneja … ¡Oh, sí!
COVID-19, COVID-19, COVID-19
Cuando están solos, están bien solos, no
hay más porno en línea, no hay consoladores,
están solos en la cama y comienzan a mirar al techo,
comienzan a mirar al techo y no hay nada en el techo.
Solo hay un techo.
¿Qué pueden hacer ellos? ¿Qué pueden hacer ellos?
Es muy tarde, son las seis de la mañana.
Los bares están cerrados, los camellos están dormidos, los
chinos también están cerrados,
la guitarra no se puede tocar, de lo
contrario el vecino se despertará.
COVID-19, COVID-19, COVID-19
¿Qué es este virus? Cual es mi vida Que soy yo
Me estoy volviendo loco …! No sé qué hacer, no sé qué hacer …
Volvemos a la cama, que es un gran lugar
para dormir o también para follar, cuando lo consigues
(en A Coruña es difícil, estamos confinados, wow, wow, wow).
Muerden la almohada de la desesperación. No saben qué hacer con sus vidas,
y todo ha fallado: masticaron chicle, fumaron chocolate,
vivieron en Futurama, follaron a sus vecinos,
comieron hasta reventar, olfatearon hasta morir.
¿Y qué queda? No se queda, no se queda,
no queda nada, no queda nada.
COVID-19, COVID-19, COVID-19
¿Pregunta de nuevo? No hay nada que hacer
Tienes que vivir, tienes que sufrir, tienes
que escupir, tienes que jugar para que te rompan la cara, te
maten, te pisoteen.
Tienes que amar a cualquiera, tienes que odiar a cualquiera.
Dios mío, estoy solo
y todos se hacen a un lado. Nadie me toca Nadie me mira.
O si me miran es para … multarme.
Estoy muy encerrado
COVID-19
No tiene
sentido
escapar de este virus
COVID-19 autoinfligido

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 31
José Luis Ducid

«No te vayas para mañana, lo que puedes dejar para el pasado», pero la broma tampoco funcionó para él. Estaba enojada con una buena razón (lástima, la razón es una pequeña parte del universo, completamente sobrevalorada) y, además, se la vio muy concentrada y balanceando su clase de tap, frente al tutorial de la computadora. Sin explicación, se vistió en silencio, recogió las llaves de la 4ta, puso sus zapatos en la silla plegable en el rellano y bajó las escaleras.

Desde que vaciaron el departamento de «cosas importantes, útiles y valiosas» y le dieron un juego de llaves para terminar con los «detalles, los recuerdos», se negó a regresar. Para la higiene mental pura: hay que dejar ir, dejar ir … Lo que hizo que su corazón latiera tan fuerte no fue Johnnie ni el tabaco; había algo sigiloso o sacrílego al cruzar el umbral. Pero la paliza ya no podía ser ignorada. Le iba a costar una ruptura de rocas, en medio de una pandemia pop. Y cuando giró la llave del tambor, recordó que no había estado tomando medicamentos para la angina durante días. ¡Cómo podría ser de otra manera, en ese preciso momento, la luz de las escaleras se apagó en un CHAK! y el audio de la automática lo transportó a 1978 / Buenos Aires / Recoleta / corredor de un edificio con ventiladores de alto nivel, donde su padre era el portero. «Los chinos blancos son los gallegos». Presionó el interruptor y apareció en 2020 / A Coruña / Pescadería / abrió la puerta. El golpe del mechón produjo una arcada y, al mismo tiempo, lo retó a buscar en la penumbra la llave térmica de la casa de su difunto amigo. No funcionó.

(Se apresuran a cortar el suministro de luz; o no reconocer una póliza de seguro de defunción de 30 años, cuando se realizan pagos de suspensión en el mostrador, durante los dos últimos meses agonizantes de hospitalización … Esto normalmente sucedió antes del aplauso a partir de las 20:00, antes de la solidaridad COVID-19 … ¡A la fosa común si nadie te defiende! Esos viejos maníacos, solían enfrentar y pagar sus cuentas en la mano … ¡por favor! ¡Qué robot en ¿Puede Barcelona entenderlo?)

Afortunadamente, el adicto a las drogas múltiples que abrió la puerta con el corazón en la boca es un hombre moderno: tiene una linterna que también se usa para hablar por teléfono.

Lo primero que hizo fue ir resueltamente al salón, abrir las ventanas; sin mirar en dirección a la cama doble debajo de esa pésima acuarela de una mujer desnuda, pero no de un nazareno torturado. Y cuando cruzó frente al espejo del pasillo, un reflejo biselado y confuso brilló en la terraza de ese edificio «de gran altura» / 1978 / Buenos Aires / donde sucedieron tantas cosas deformadas, violentas y quizás diabólicas.

Conteniendo el aliento, después de levantar las persianas y abrir las ventanas, con el último suspiro del día, pudo contemplar la verdad.

Vomitó mucho whisky desde el cuarto piso, hacia la calle Orzán.

Imagen cortesía del fotógrafo y vecino de Orzán Jesús Ricoy.

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA DE ORZÁN / Día 32
José Luis Ducid

«¿Cómo pueden vaciar un piso y dejar el congelador abierto con una costilla de ternera?» … «, entonces se hizo la pregunta que lo duplicó en dos, de dolor espiritual:» ¿Miguel compró las costillas de ternera para celebrar su cumpleaños conmigo? »

Si Fue la parte acordada. Solo la enfermedad, la hospitalización, la muerte y COVID-19 retrasaron la sorpresa …

Los gusanos caminaron olímpicos, ignorantes del perjudicial ejemplo para los ciudadanos que transmiten, entre los imanes de la Virgen del Pilar y Visitar Asturias: Paraíso Natural. El adicto a la polidroga no poseía grandes dones morales; pero física … o esto solo contrasta con la certeza: «Huevos pequeños pero pegados al culo, COMO EL TIGRE» (para decir la verdad, esa fue la frase recurrente de su difunto amigo banderillero, que adoptó como propio). Disparó el paisaje del suelo ruinoso, en dirección al lavabo. El banderillero de El Cordobés, era un hombre de hábitos y comportamientos, limpio y atlético, condiciones necesarias, aunque no esenciales, para poder seducir, sin comprometer, a la moda esquelética, la parka en los debates. El que mata en silencio. Gracias a esa disciplina vital, Miguel, tenía la casa impecable (e instó a su vecino el quinto cada quince días, por ejemplo, a barrer y fregar las escaleras de todo el edificio); Además, por las mismas razones profundas, salió muy bien para hacer su caminata diaria de diez kilómetros … hasta los 88 años.

Al adicto a las drogas múltiples le resultó difícil en la cocina con guantes casi oscuros, grandes bolsas de basura, un trapeador, lejía y suficiente agua en el tanque de calor. Como poseedor, comenzó a limpiar LA MIERDA y apareció en 1978 / Buenos Aires / Recoleta, en un departamento «convertido», la mañana siguiente a la que fueron tomados un par de estudiantes universitarios «comunistas», los paramilitares occidentales y cristianos. «… Con el portero, que era su padre, recogieron en bolsas negras lo que quedaba en el apartamento destrozado, limpiaron a fondo las manchas de sangre (no es fácil, no es fácil) y pudo salvar un pájaro de cerámica en el bolsillo de sus hijos. Fue más difícil para él convencer al gallego, que por primera vez en su vida lo vio llorar, para dejarle llevarse a casa un récord roto de «los hippies». Un vinilo que marcó su vida para siempre. A partir de los ocho años.

VIDA

Cuando terminó de limpiar la mayor parte del congelador, percibió, con una sonrisa, lo que las pobres paletas que vaciaban el piso consideraban superfluas …

Y ya soltando una risa atronadora al ritmo del martilleo rítmico de una sesión de tap, viniendo desde el piso superior, fue en busca de lo INVENDIBLE, deambulando por el pasillo en la oscuridad, entre los destellos de la linterna de su móvil que En el espejo biselado, reflejaban una cara que seguramente no era la suya … Tauromaquia y humano. Victorioso. El adicto a la polidroga transformado

en el Minotauro
corriendo y bailando directamente a través del laberinto,
chocando contra las paredes del mundo, a
punto de tomar vuelo

con dos alas de cerámica

Foto: Jesús Ricoy.

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA DE ORZÁN / Día 33
José Luis Ducid

El correo electrónico interrumpió el toque. Era un inquietante corte y pegado de la dueña del bar donde trabajaba para el coronavirus, titulado:

TEMPERATURA Y GRABACIÓN

Materia fuerte. Sobreimpreso en el monitor que reproduce el tutorial de un baile; según algunos, nacido como un código de comunicación secreto, «telegráfico», entre esclavos negros de plantaciones en el sur de los Estados Unidos. Un video elegante, con gráficos didácticos, protagonizado por una bailarina blanca con un culo abultado.

“… Antes de ingresar a un establecimiento en China, los gerentes de acceso toman la temperatura corporal de cada cliente, que también debe identificarse a través de una aplicación móvil con su historial médico. Un registro indispensable para permitir la entrada … «.

Cansada, todavía estaba enojada persistentemente con «su novio mimado»; pero debajo de su piel sudorosa se sentía clara y poderosa entre sus muslos.

«… En cuanto al personal de hospitalidad, los empleados de bares, restaurantes y cafeterías deben someterse a una prueba exhaustiva de temperatura y una prueba Covid-19 antes de comenzar a trabajar …»

Sin ser catastrófico, el coronavirus llegó a cambiar todas las reglas sociales y el futuro económico de España, un destino turístico por excelencia. Un país de sol, playas y huertos (según lo postulado por el fallido plan de distribución internacional del trabajo del idiota Hitler & Co).

«… Evitar la congestión será una de las premisas clave del Gobierno para evitar el contagio entre grupos de personas. En China, no se permiten reuniones o eventos de más de 50 personas … »

«Pasarán años hasta el próximo Sónar», razonó, tragando saliva.

«… Actualmente en China, se requiere desinfección de manos al ingresar a un establecimiento …»

Y se imaginó en una casa rural, restaurada con sus propias manos, en la Ribeira Sacra. Los hay en relativamente buenas condiciones por 10.000 euros, e incluso menos (luego tienes que pedir un préstamo para completar la renovación, pero con tenacidad y sentido común puedes llegar lejos, e incluso …, bueno, bueno, bueno, es mucho decir …)

«… Ahora más que nunca, compartir utensilios está totalmente prohibido. Además, compartir platos se ha eliminado de los menús … »

Fue allí donde sabía con certeza, sin saberlo con seguridad, por supuesto, que, incluso con todo lo que amaba de ese bastardo, lo dejaría.

«… Posiblemente sea una de las medidas más drásticas. En China, no se permiten reservas de más de 4 personas y en algunos establecimientos han optado por pantallas transparentes entre el cliente y el cliente … »

Era una verdadera rata de la ciudad, asqueroso pero extrañamente saludable. Esa contradicción, la idea de una rata adorable, lo hizo querer acariciar su espalda.

«… Lo que no está muy claro es la distancia de un metro, difícil de implementar en un restaurante …»

No lo encontró en su trampa para ratones inferior, escribiendo o machacando whiskies y tabaco. Ni cagar en el baño ni fumar en el balcón. ¿Dónde se estaría escondiendo?

«… Se está volviendo cada vez más común ver a personas solteras comiendo en un restaurante …»

Notó que la puerta de la casa estaba entreabierta. Se sintió abandonada, como siempre. Pero esta vez, un tsunami de toba y terror la arrastró escaleras abajo.

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA DE ORZÁN / Día 34
José Luis Ducid

“Perlita de Huelva”, “Pasodobles populares”, “Atún del Distrito Universitario de Granada”, “Pepe de Rosa” (qué bueno, qué ríe), “Bachata Rosa / 4.40”, “Marietta y Demetrio”, “Pepe Marchena” , «Inolvidable Nat King Cole en español», «Erik Satie» (…?), «Más éxitos en América Latina», «Lo mejor de Engelbert Humperdinck», «Los Panchos», «Antonio Machín -20 Grandes éxitos – «,» El Fary «,» Elvis en concierto «…

LA CAJA DE CASETES, el verdadero premio gordo, la caja que los idiotas nunca podrán apreciar ”, continuó en su lugar. A diferencia del aparato de reproducción -doble deck-, separado para siempre de las cintas que se conocían de memoria, para revenderlo en una tienda de tercera o cuarta mano.

“Confunden lo fundamental con lo accesorio. Típico de los humanos, esa especie finalmente se extingue «, resopló el Minotauro alado. Y cuando se acercó a los muebles del bar y reafirmó cuán predecibles podrían ser los coronavirus, se sintió animadamente feliz:

«¡También dejaron la botella de Lepanto, jo, jo, jo …!» Junto a tres tazas de vidrio tallado, de siglos de antigüedad, con bordes ligeramente regados (lo que las convierte automáticamente en basura, «inútil» para la escala vintage de comeyogures).

Se acomodó en el sofá golpeado por la gente de «El Negrito», un gran gato que el banderillero se negó a castrar porque no era su mascota, era su compañero de cuarto. El Minotauro alado llenó las tres tazas con el fabuloso brandy de lujo de Jerez: para él, para el difunto dueño de la casa y para «El Negrito», que no estaba presente, pero como si lo estuviera. Brindó por el establecimiento temprano de la Tercera República, hizo sonar las ventanas y apagó la linterna del teléfono celular, dejándolo casi a oscuras. Solo las farolas callejeras iluminaban la tortuga de su toro, su prodigiosa cornamenta, sus dos alas de cerámica. Arriba, el bailarín siguió con la clase de tap.

¿Cuánto dura un instante de plenitud?
Se necesita el toque para apreciar el vidrio, tallado cuando aún estábamos en la belleza.

¿Cómo mide el tiempo un cerebro lesionado?
Según la botella, con su húmedo secreto de miel y locura.

Cuando el Minotauro alado se desvaneció en los vapores de alcohol, susurró la canción favorita de su difunto amigo, «… No seas cruel con un corazón que es verdad», y lentamente se transformó en el vecino del quinto, el del ático Hasta que terminó desnudo en la bifurcación de dos calles imposibles frente al puerto: una era la calle de su infancia en Buenos Aires; el otro, el de su declive en A Coruña. Optó por el más tortuoso y oscuro, en el que se podía escuchar a Elvis Presley cantando a lo lejos, y dejándose guiar por su voz, llegó exhausto frente a un sofá, donde se encontró sangrando por la boca.

«JOSÉ LUIS …! ¡DIOS MÍO …, LO QUE TE SUCEDE …! Las manos del bailarín de claqué lo sacudieron:

-Ah, MI AMOR …!

Esa última palabra, tan pronunciada, se levantó de entre los muertos.

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 35
José Luis Ducid

-¿Qué es lo que pasa?

Preguntó uno de los gorriones en representación de todos, muy sorprendidos de que no hubiese cereales en el comedero. La paloma chismosa contestó compungida:

-Ella se largó de casa.
-Bah… son cosas de los confinados, no es para preocuparse.
– Os equivocáis; se fue de verdad.
-¿Pero de verdad de verdad?
-Sí.
-Joder… La llevamos clara para papear con el barandas este…

Todos los pájaros asintieron.

-¿Y él, dónde está ahora que no se le ve?
-Encerrado en la habitación, con las luces y el ordenador apagados.

Las aves aguzaron sus poderosos oídos y lo escucharon lamentarse y sollozar.

-¿Tanto la quería?
-O se le terminó el whisky…

Puntualizó macarra una de las gaviotas, con marcado acento de Montealto, desde el tejado de enfrente. A pesar de que las detestaban, los gorriones le celebraron el comentario piando en festivo desorden. La paloma los cortó indignadísima:

-¡Mereceríais ser humanos…! No entendéis lo que le pasa al pobre muchacho…
-¿Muchacho?

Volvió a intervenir retranqueira la gaviota de Montealto, seguida de los cómplices píos.

-¡Estoy hablando en serio, banda de estorninos…! Él padece de algo peligroso, mortal..
-¿SE CONTAGIÓ EL VIRUS?
-Mucho peor.

Hasta las gaviotas del tejado de enfrente guardaron un silencio expectante. La paloma les informó triste:

-Hoy no puede fabular.

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 37
José Luis Ducid

¿Y el día 36?
Desapareció.
Al igual que la respuesta del presidente del Gobierno de España en su rueda de prensa -vía plasma- a la pregunta capital:

-¿Han calculado el monto del endeudamiento?

Por arte de magia, el día 37 del confinamiento arrancó plagiándose a sí mismo, ahora como comedia. Con los aplausos, las cacerolas, las canzonettas en los balcones. Yo también lo celebré apartando una nalga en el colchón y soltando un largo y cálido pedo que neutralizó el avance del COVID-19 en el ático del Orzán; e hizo que Paula saltase de la cama, desnuda y a los gritos.

¡Qué mujer temperamental…! ¡Tan gloriosamente reconciliados y reacciona así…! No hay quién las entienda… (Sí, soy un experto en echarle la culpa a algo o alguien de mis desavenencias amorosas; como hacen las parejas Borbón-Ortiz, Iglesias-Montero, Abascal-Ortega Smith, etc. En este caso le echaré la culpa a la fabada del rockero-chef Álvaro Dorda, que jugándose la multa vino a traerme un tupper, una botella de Johnnie y un consejo fraternal: “Llama a la bailarina de claqué y pídele perdón, enano de los cojones”

No hay virus que por bien no venga. A mí esta pandemia me ha hecho mejor persona. Me ha servido para ser más tolerante, menos intransigente. En futuras conferencias -vía WhatsApp- tal vez os conteste a las preguntas que me hacéis y que, curiosamente, siempre empiezan así: ¿Es verdad que…

a) … perdiste el bolsón de anfetamina que te regalaron Martiña y Monchito?

b) … don Miguel de Unamuno fue partidario del golpe?

c) … tu amigo Pedreira es druida?

d) … la bailarina de claqué se largó del ático porque te empeñaste en repartir Orfidal y recortes de prensa del banderillero entre las putas viejas del barrio?

Eh… ¿Es verdad? ¿Es verdad? Ains… ¿De verdad os interesa la Verdad? Jo, jo, jo… LA Verdad… OK. Os la enseñaré. Seguid las instrucciones:

1) Leer con mucha atención la letra de los Gypsy Kings -plagio de dos temas tradicionales remixados, tipo tesis doctoral- del hit mundialmente famoso “Bamboleo”.

“… Este amor llega asi esta manera
No tiene la culpa
Caballo le ven sabana
Porque muy depreciado,
Por eso no te perdon de llorar
Este amor llega así esta manera
No tiene la culpa,
Amor de comprementa
Amor del mes pasado
Bebele, bembele, bembele

Bamboleo, bambolea
Porque mi vida, yo la prefiero vivir así…”

2) Pasar esta letra escrita en la lengua de Cervantes, utilizando el traductor de Google, a la lengua de Dante; dicho resultado a la de Voltaire para, nuevamente, regresar a la rica lengua original.

¿Resulta complicado el proceso? Bah… os ahorro el trabajo. Hoy estoy de humor, gaseoso. Aparto una nalga y suelto LA VERDAD LITERAL:

“… El lV partido de Alemania
propuso en el Parlamento,
a consecuencia de La Peste
marcarse un Dexit

Dexit, estilo Brexit,
Deutshit, estilo Brexit,
porque a la Europa pobre
es preferible
vivirla así…”

*Foto cortesía de Paula Gomez

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 38
José Luis Ducid

Estaba totalmente volcado a contaros en tercera persona, bebiendo un amable Johnnie Walker -en vaso bajo, con dos piedras de hielo- acerca de cómo me rescató del piso de Miguel “la bailarina de claqué”; la razón física de por qué yo sangraba semi inconsciente en el sofá; quién era y qué historia surrealista había vivido con “el personaje histórico” del barrio que nos abordó a mi chica y a mí frente al contenedor, mientras intentábamos deshacernos del costillar de ternera agusanado; cuando sonó el teléfono. Demasiadas veces. Era imposible ignorar el titilante cartelito: MAMMA…

-¿Qué pasa viejita?
-Nada hijo. Hice empanaditas.
-¿Empanaditas? ¿Estás bien?
-¿Venís a buscarlas antes de que se enfríen?
-Llego en quince minutos, mamma.

Pauliña me persuadió de que pasase por la farmacia que hace esquina en San Andrés y Juana de Vega para comprar guantes y mascarillas-excusa, por si me detenía la Policía. Guantes afortunadamente no quedaban, porque las mascarillas-excusa me costaron ocho euros cada una… Ya puede Amancio Ortega, ese genio que no da puntada sin hilo, poner a los chinos a abaratar precios. Incluso pensé en acercarme hasta su mansión en la Ciudad Vieja -somos casi vecinos- y proponerle lanzar una línea juvenil de mascarillas en Bershka que se llame Wuhan. Pero rumbo a la parada de taxis, temí que los guardaespaldas me desintegrasen con sus bazookas láser antes de la entrevista, y preferí pensar que lo positivo de mi escala profiláctica en la farmacia es que guardé concienzudamente el dichoso ticket. (Amigos de ALERTA EN EL ORZÁN, la maestría para sobrevivir en los tiempos del coronavirus, sin que te rompan las pelotas, se basa en el ensayo y error: Guardad siempre el ticket de la compra junto a vuestra petaca de whisky, ahí jamás lo perderéis.)

-A las torres de Avda. Monelos, por favor.
-Bhjjunii, nnnkkl.
-Tengo prisa.
-Hjkllyu kkuiuu.

Heredé de la rama de mi madre la sordera progresiva -todos usan audífonos- pero el taxista además de hablar como un oligofrénico, llevaba una mascarilla reforzada, look Primera Guerra Mundial.

-Hjjlunnmmunnl, hhjjlllnmmrtt. Jjluimnn.

Era muy charlatán. O quizá yo era el primer cliente del día. Para confraternizar, le ofrecí un trago y empezó a sacudir la cabeza como con un leve ataque de epilepsia. Fue cuando advertí que una furgoneta de atestados de la Policía iba a nuestra par. A través de las ventanillas nos miramos a los ojos con el uniformado de bigotes que conducía, y le pegué otro buen trago a la petaca, y otro aún más largo, y otro más… Sabiendo -por experiencia propia- que siempre es mejor disfrutar del material antes de que te detengan, a que luego te lo incauten para disfrutarlo ellos. Una ambulancia nos rebasó con las luces encendidas y activó las sirenas. La furgoneta de atestados no tuvo más remedio que salir disparada detrás.

-¡¡¡Jjkkkgbnnyrrtt!!! ¡¡¡Jjjkjhjygbfvnmoou!!!
-Tranquilo, Schumacher, es droga de curso legal, jo, jo, jo…

Antes de llegar a las torres de Monelos, donde alquila mi madre en un piso catorce -desde su ventana puede verse Groenlandia-, nos cruzamos con la ambulancia, la furgoneta de atestados y unos coches patrulla. Ay… nueva noticia de la pandemia que nunca se publicará: «Señora mayor distraída, preocupada por el futuro de sus nietos, acaba atropellada por un repartidor adolescente». (Amigos de ALERTA EN EL ORZÁN, otro consejo para sobrevivir en los tiempos del coronavirus: Debéis cuidaros de las motos demenciales atravesando la ciudad fantasma; sin embargo para haceros de oro debéis vender sushi o pizzas a domicilio.)

Subiendo en el ascensor, bajo la luz cutre, me miré en el espejo y vi lo descompuesto que estaba por la tensión: ¿Por qué mamá, que tan bien llevaba el confinamiento desde hace 37 días “hizo empanaditas”…? Dios mío… ¿No me dijo y me recontra aseguró que se encontraba estupendamente, no dijo «entretenidísima»…? Las cosas como son: si acaso mi crianza y la de mi hermano fueron un despropósito típico de inmigrantes pobres en una mega ciudad, la de mi madre fue sin dudas un auténtico calvario suburbano. Pasó una infancia cruel, hardcore. Me cago en todo. Esa criollita, no es mujer de andarse con estupideces… ¿No repitió rotundamente, hace apenas unos días, que prefería seguir comiéndose sola el encierro antes de que la contagiemos o contagiarnos? Entretenidísima… El ascensor se detuvo al llegar a su tope, las puertas se abrieron automáticas. No había nadie esperando.

Cardíaco, timbré en el 14 A.

Entonces mi madre, a la que durante años no escribí ni una carta, con la que tanto me costó sintonizar, la argentina sufrida que un buen día se presentó en mi ático de Galicia, corrió el cerrojo y empezó a girar la llave.

*Foto cortesía de Paula Gomez

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 39
José Luis Ducid

Completamente inquieta, la madre del escritor de drogas múltiples comenzó a releer el último libro de su hijo en la soledad del piso 14. Lo tenía a mano, en la parte superior de la televisión (descontando Las aventuras de Tom Sawyer, la Biblia y una enciclopedia de animales que dejaron inquilinos anteriores, no había nada de mayor importancia en todo el piso). Lo revisó a menudo, en voz baja, arbitrariamente. Como una oración pagana que la asustó mientras la consolaba. Era un libro sucio y confuso que, sin embargo, de manera clara y concisa, reflejaba la culpa y las dudas de que no podía confesarse a sí misma a los casi 80 años. Miró su reloj con impaciencia. ¿Por qué José Luis nunca llegó a tiempo? Desde el embarazo: tan rebelde, tan frágil … Tan diferente de los otros dos … Se asomó al balcón, sabiendo lo inútil que era controlar las avenidas vacías. Una vez más, miró la hora del reloj de pulsera: esa máquina pequeña y persistente que su padre, su padre, Don Álvaro «el gallego» le había regalado en Buenos Aires hace más de medio siglo; y descubrió que las nubes grises y doradas de abril, sobre el estuario, eran un collage imposible. El viento soplaba en una ráfaga de frío. «¿El virus viaja por el aire? ¿Qué pasa si estoy enfermo? ¿Podría propagarlo? Te mostraré mi sorpresa frente a los ascensores, para que no entres en la casa». Cerró la ventana de golpe y, junto a la estufa, rezó: esa máquina pequeña y persistente que el padre de sus hijos, Don Álvaro «el gallego», le había regalado en Buenos Aires hace más de medio siglo; y descubrió que las nubes grises y doradas de abril, sobre el estuario, eran un collage imposible. El viento soplaba en una ráfaga de frío. «¿El virus viaja por el aire? ¿Qué pasa si estoy enfermo? ¿Podría propagarlo? Te mostraré mi sorpresa frente a los ascensores, para que no entres en la casa». Cerró la ventana de golpe y, junto a la estufa, rezó: esa máquina pequeña y persistente que el padre de sus hijos, Don Álvaro «el gallego», le había regalado en Buenos Aires hace más de medio siglo; y descubrió que las nubes grises y doradas de abril, sobre el estuario, eran un collage imposible. El viento soplaba en una ráfaga de frío. «¿El virus viaja por el aire? ¿Qué pasa si estoy enfermo? ¿Podría propagarlo? Te mostraré mi sorpresa frente a los ascensores, para que no entres en la casa». Cerró la ventana de golpe y, junto a la estufa, rezó: ¿El virus viaja por el aire? ¿Qué pasa si estoy enfermo? ¿Podrías infectarlo? Te mostraré mi sorpresa frente a los ascensores, para que no entre en la casa «. Cerró el vidrio deslizante de la ventana con esfuerzo y, al lado de la estufa, rezó: ¿El virus viaja por el aire? ¿Qué pasa si estoy enfermo? ¿Podrías infectarlo? Te mostraré mi sorpresa frente a los ascensores, para que no entre en la casa «. Cerró el vidrio deslizante de la ventana con esfuerzo y, al lado de la estufa, rezó:

«… Era octubre y el sol brillaba tanto que no se parecía a A Coruña. En tales treguas climáticas, los ciudadanos sospechan que la Virgen del Rosario intervino y, como si fueran insectos de la humedad, se atreven – después algunos tramos disfrazados: salir a caminar durante horas, dar vueltas en ambas direcciones a esa península que aman y odian con igual intensidad, para saludarse, repetidamente, unidos al continente por un istmo muy estrecho y un eslogan turístico: «La ciudad donde nadie es un extraño». La prueba definitiva de este fenómeno es que los pocos vendedores de helados sonríen.

Y bajo la misma influencia solar, el protagonista llegó a la orilla del majestuoso océano; y podía escuchar, sin verlo, un barco que se despedía tres veces. Sus fosas nasales bronceadas inhalaban el yodo del mar agitado que ahora era un plato; luego, como un animal mitológico, después del faro en funcionamiento más antiguo del mundo, surgió un transatlántico de nueve pisos de altura. Ante la visión colosal e inesperada, todos los años de tristeza y muerte se redujeron; en un segundo: tantos amigos suicidas, tantas promesas incumplidas, tanta espera inútil. Por un momento, la incapacidad de llamar a las cosas por su nombre, la tara que conocemos coloquialmente como Lie, desapareció.

«Quizás todos los personajes, incluido yo mismo, formen parte de un deporte sin campeonato, un deporte con reglas, por supuesto, pero sin trofeos. ¿Por qué debería haberlos? E inspiró concienzudamente con los ojos cerrados. “¿Por qué obsesionarse con la moralidad? Quizás el significado de este viaje es entender qué demonios significa ‘Una piedra es una piedra’ … ¡ja, ja, ja! Abrió los ojos de risa. ¡Nada más y nada menos que una piedra! Único, irrepetible. No es la imagen imperfecta de una piedra ideal. No Eso no existe. Lo REAL El que está ahí. Y él le susurró en el horizonte: «Sí, tal vez los gallegos tengan razón en que la vida es igual a sí misma, que no tiene ningún propósito, que la vida es … es … circular … ¡y maldita sea!»

Comenzó a circular y saludar a personas, viejos conocidos, extraños de ese patio de recreo, de ese emotivo centro deportivo llamado A Coruña. Iba pleno, suave, desli … »

Sonó el timbre. Tan abstracta era ella al leer los textos del escritor polidrogas al que había dado a luz. Después de 38 días sin verlo, caminó hacia la puerta, más nerviosa por el posible impacto de la «sorpresa» que por la imposibilidad de abrazar a su hijo menor en medio de una pandemia.

Foto de Paula Gomez

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 40
José Luis Ducid

– Quédate ahí.
– Pero, mamá …!
– NO …! No No por favor Quédate ahí.
– Estas equivocado?
– Precisamente porque no soy malo, tienes que quedarte allí. No molestemos la cuarentena.
– ¿Entonces me hiciste tomar un taxi para darme unos pasteles …?
– Por supuesto que no.
– ¿Qué está pasando, mamá?
– Quiero enseñarte algo … Muy importante para mí. Pero ponte donde te digo, casi al lado del ascensor.
– aqui?
– si. ¡Y no te muevas!

Determinada como un acorazado de bolsillo, colocó un paraguas en forma de cuña para que la puerta no se cerrara y dio un par de pasos hacia su hijo, hasta que estuvo a una distancia segura. Sin decir una palabra, estiró su brazo corto y le mostró algo en la pantalla del teléfono celular. El hijo no dio crédito. Ella comenzó a mostrarle más fotos.

– No quería enviártelas para poder ver tu cara … Ahora sé que soy bueno para algo más que limpiar mierda.
– No entiendo por qué dices eso, siempre me pareció a mí.
– Siempre, no …
– Es verdad …
– ¿Cuándo comenzaste a hacer estas maravillas?
– Hace unos meses Pero me di cuenta de que cada día que fotografiaba estaba relacionado con las historias que escribiste.

La miró fascinado por su revelación, los dos sumergidos en el torrente de luz blanquecina que entraba en el hueco de la escalera.

– Camina antes de los aplausos. Por lo que leí en tu diario, sé que tampoco te gusta eso …
– Al principio sí, últimamente no.
– Al igual que tu padre: crees que eres mejor que los demás.
– Sí … ¿y los pasteles?
– Hazlo tu mismo.
– Jo, jo, jo … ¿Era esta la famosa liberación femenina?
Ya he hecho suficiente.
– Te enviaré un taxi para que puedas recogerlos cuando tenga ganas.

Sonrieron cómplices, con picardía. Sacudiendo la cabeza, aprovechó el hecho de que con el COVID-19 en la torre nadie llamaba al ascensor.

– Adios mamá.
– Nooo, hijo …, espera, espera …! Aquí los tienes. Abuela estilo Cenobia.
– Ya olía todo esto muy extraño para mí …

El aroma de los pasteles calientes, fritos, al estilo de Pampan, carne jugosa, cebolla, aceitunas y pasas, subió desde una bolsa de supermercado que dejó en el suelo hasta el bulbo espinal.

– Al menos podríamos saludarnos golpeándonos los codos, eso es legal.
– Mejor culo.

Se recostaron espalda con espalda y se dieron palmaditas, haciendo que las manijas se estrellaran mientras se echaban a reír. Dándose la vuelta, reprimiendo el abrazo natural, se despidieron muy en serio.

– Chau, anciana.
– No seas un hijo de puta con Paulita … Y mira quién te lo dice …
– Soy un hijo de puta, mami.
– Tu abuela no era una puta, estaba loca.
– Yo, yo, yo … compré algunas máscaras. Quieres uno
– ¿Cuánto te costaron?
– Ocho euros.
– cada uno?
– Sipi
– Eres una pelota. Ya tengo la Cruz Roja: GRA-TIS. Pero póntelo en caso de que la policía te detenga. ¿Tienes el boleto?
– También llevo un pañuelo, llaves, un documento …
– No hagas el cancherito y te lo pongas.
– De ahora en adelante iré a verte una vez por semana.
– Dios mediante.

Durante el lento descenso al elevador, terminando con la bolsa de whisky, recordó un gallinero donde la abuela Cenobia, una mestiza, una costurera, una recitadora de gauches y poesía sádica, había encerrado a su hija por «levantarse en celo» con «el gallego de mierda «: la encerró en un cubículo de zinc lleno de gallinas ponedoras, a cincuenta grados de temperatura, durante varios días y sus noches … El mismo cobertizo donde otro verano, siendo un niño, vio alucinado mientras estaba engendrando, solo en el candado del portal, una mantis religiosa. Con un palo trató de limpiar la espuma palpitante de miles de globos, sin ninguna mala intención; solo para poder abrir y cortar el cuello de una gallina, la próxima cena con la abuela Cenobia, una mujer salvaje y muy inteligente de la Pampa, a quien adoraba y con quien se llevaba perfectamente. La mantis lo enfrentó. No lo dudó. Ese insecto de pocos centímetros de altura se puso de pie y lanzó un ataque suicida en defensa de su futura descendencia. En la memoria del escritor polidroga, la escena se grabó para siempre. Quizás por eso cuando fue hospitalizado, en medio del delirium tremens, la mantis religiosa de dos metros que lo atacó por la mañana, la tarde y la noche fue tan convincente, tan notablemente real. «Voy a prestarle atención a mamá», y por primera vez desde el comienzo de la pandemia, se puso una máscara. Le asfixiaba la boca y la nariz; en ambos oídos, payaso; En el ascensor el espejo se detuvo en la planta baja, muy triste. «El nuevo rostro humano …». Para no ceder a la tentación de volverse fácilmente trágico, se le animó a pensar que podía comer una tarta criolla sin ser notado.

La madre suspiró con resignación, siguiéndolo con ojos almendrados desde el piso 14, mirándolo alejarse de las torres con un paso entre divertido y majestuoso en medio de la avenida desierta. Sacó su teléfono celular, lo puso en modo cámara, pero no se enfocó en él. Y él disparó. Un destello instantáneo, seguido de un trueno, pulverizó una mantis religiosa de apoteosis que se cernía sobre su hijo menor … Una amenaza feroz como un virus aterrador incapaz de amamantar, sin expresión, pulmones, empatía, inocentemente criminal. Comenzó a llover y el agua barrió la suciedad de los techos, las ventanas, las calles. Miró de cerca la pantalla de su teléfono celular y confirmó con una sonrisa que, además de ser una inmigrante innecesaria, una criada para todo y poco, con algún contacto de confianza … se convertiría en una fotógrafa publicable.

Conjunto:

Foto cortesía de Julia Natalia Ducid.

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / DÍA 41
José Luis Ducid

Una inesperada llamada telefónica volvió a insuflarle alguna esperanza de tipo económico.

– Ducid, ¿te animas a coordinar una actividad para niños y padres, en el marco de un ciclo que organiza el Museo?
– ¿Tú crees que soy la persona indicada para coordinar actividades familiares?
– Mira, no vayas de duro conmigo. Te conozco bien.
– ¿Ah, sí?
– Estudiaste magisterio, impartiste talleres de vídeo, alfabetizaste adultos, y lo más importante para nosotros: tu diario es un verdadero éxito. Al menos a nivel local.
– ¿Sabes cuál es el peor adjetivo calificativo a la palabra artista?
– ¿Vago?
– No: local. Artista «local».
– Te llamo para darte una mano Ducid. La gente quiere conocerte y tu participación es casi obligatoria. Realmente estás de moda.
– Explícale eso al casero del edificio. O a la cajera del Gadis. O a los coleguitas de Jazztel. O…
– Antes de seguir quejándote, escucha. El ciclo parece diseñado para ti, se llama «Artistas en cuarentena». Imagínate las posibilidades…
– ¿Puedo beber y fumar?
– Es en streaming, supongo que el humo no les molestará…
– Jo, jo, jo… Me gustas. ¿Entonces quieres que les hable en bata, con un whisky en la mano, de mis desventuras «locales» a chicos de seis años y a sus mamis…?
– Por favor, no te pongas en modo imbécil. Lo que nos gustaría es que les propongas una actividad; un juego, si prefieres. A plantear y desarrollar en dos días: una charla teórica de una hora el viernes, y la puesta en común de los ejercicios el sábado.
– ¿Lo que se me antoje?
– Eres poeta, trae belleza al mundo.
– Mon dieu… GRACIAS. Te digo que sí porque estoy sin un clavel.
– Lo sé. Mañana nos cuentas que harás. Buenas noches.
– Buenas noches. Y GRACIAS, otra vez.
– Ey, ey, ey…
– ¿Sí?
– ¿Por qué sangrabas por la boca cuando te rescató la bailarina de claqué? ¿Se te volvió a abrir la úlcera?

Casi la misma pregunta le hizo aquella noche Maricarmen, la prostituta más vieja del barrio, pero la formuló meando agazapada en la esquina del callejón que conecta los contenedores de basura de la calle/rúa Orzán con la callejuela que nace al biés, «la de las putas». La pregunta resonó en la noche muda del coronavirus, emergiendo como una voz del inframundo, justo cuando la bailarina y el escritor intentaban deshacerse del costillar podrido en plan «Uno de los nuestros» («Buenos muchachos» en Hispanoamérica).

– ¿Por qué sangras así, argentinito? ¿Te pegó la zorra de tu mujer?
– ¡JODER, MARICARMEN, JODEEEER…!
– Hola… ¿Esta es la misma chavala que tenías antes?
– Me voy.
– Perdone usté señora, no he querido ofenderla… No vaya a creer que estuvimos liados, eh… Yo nunca tuve nada con él, pero porque él nunca quiso. Al enano este le gustan las zorras finas y altas… Pero es muy buen chico, no se vaya a creer…
– José Luis, te dejo. Se acabó.

Y Paula, la bailarina de claqué, subió al ático a hacer las maletas para irse esa misma noche a casa de sus padres. Cuadro antológico: el escritor politoxicómano dejó el costillar agusanado en el suelo y se quedó mirando a la prostituta anciana orinando copiosamente en los propios zapatos, al tiempo que él se limpiaba las manos en la camiseta ensangrentada.

– No has sido muy amable con mi chica, Maricarmen.
– Boh… Si te deja por esto, que le den… ¿Por qué sangras?
– Me corté el labio con una copa en casa de Miguel.
– ¿En lo de Miguel?
– Sí, tengo las llaves. ¿Quieres que te baje algunos carteles de las corridas?
– Claro, argentinito, me encantan las corridas, je, je… ¿Te queda Orfidal para darme?
– Tendría que darte una patada en la cabeza.
– ¿Por qué no me la das aquí?

Le enseñó el pubis sin bragas, canoso y casi calvo, riéndose de una forma un tanto espeluznante. La polla del escritor también se río, pero por lo bajini:

– ¡Ñe, ñe, ñe, ñe, ñe…!
– ¿De qué coño te ríes?
– Me río de los nervios.

Inmediatamente después, la prostituta histórica, hizo girar dos o tres veces la falda alrededor de su cintura ausente.

– Me aprieta el elástico.
– Voy a bajarte los carteles y las pastis. ¿Estáis en el Charrúa?
– Sí. Estamos viendo la tele sin volumen, a oscuras… Llama cinco veces.
– ¿Crisanto es consciente que por abrir puede acabar en la cárcel?
– Crisanto no está. Tiene el bicho.
– ¡No, jodas…!
– Pues sí, argentinito, pues sí… Nos dejó las llaves para que no toleemos del todo, pero no estamos trabajando. Además, ¿quién va a venir con los controles?
– ¿Entonces que cojones haces aquí en la esquina?
– El váter se atascó y rebosa…
– Dios… «Qué suerte pa’ la desgracia»… A ver si puedo arreglarlo.
– Eres un ángel. Te invito a un whisky. A UNO, EH.
– No te preocupes, bajo también la botella.

La anciana volvió al antro cochambroso a darle la buena noticia al resto de «las chicas» escondidas de la policía, del COVID-19 y de la soledad absoluta. Todas apreciaban sinceramente al escritor por haber sido el único que quiso salir de testigo a favor de una compañera africana, la negra «Mamba», cuando la atropelló una madrugada con su Mercedes Benz un concejal del PSOE, encocado hasta la bandera, que se dio a la fuga. Así fue. Dejando a la prostituta tirada en la calle con una fractura expuesta. El juicio no se ofició, por supuesto, pero con la guita que arregló bajo cuerda «Mamba» volvió a Camerún junto a sus ocho hijos y un centenar de nietos y bisnietos. Cada tanto le envía un vídeo de la familia y de los niños, siempre bailando…

Familia y niños bailando… Jo, jo, jo…

Le puso un WhatsApp a la jefa del Museo: «Ya sé que actividad voy a coordinar para el ciclo Artistas en cuarentena. Mañana adjunto vídeo.»

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 42
José Luis Ducid

La orientación del curso de Formación Profesional -FP II- que tuve el honor de recibir en la Escola de Imaxe e Son da Coruña en 1995 era Audiovisual y no Visualaudio. AUDIO-VISUAL. Combinación de dos términos que en el ordenamiento de su enunciación sugieren Palabra (audio) antes que Imagen (visual). Mmmm…. ¡Dan ganas de volver a fumarse el Génesis! «Y dijo Dios: Hágase la Luz…» Y se hizo… ¡La cámara Panasonic y Robert Mitchum in ACCIÓN!

ALERTA EN EL ORZÁN [tutorial]

+info: joseluisducid@gmail.com

 

¿Ya habéis visto el videillo instructivo de un minuto de duración en MI CANAL de Youtube? Jo, jo, jo, jo… Qué vergoña… Igual que la Paulina Rubio dando el cante, ¡pero sin coca! Y ya sé todo lo que me vais a reprochar, pandilla de estetas. Estoy de acuerdo 100 %. A mí también me lo parece… Duele ser tan obscenamente calvo. ¿Acaso hay algo peor que lucir así de calvo en la flor de la vida?

Respuesta de mi editor, Álvaro Dorda: «Sí. La ausencia de botellas de Johnnie Walker en la mesada que se aprecia detrás del gordito Ducid, en su clip tintado de celeste.» (Ey, Dorda, la panza que se derrama no es responsabilidad mía, no, no, no, no, no… es el resultado del confinamiento de estos últimos 42 ¿años? sin irnos de copas por ahí… ay, qué triste corona la del rey virus…).

Polémicas personales al margen, amigos de ALERTA EN EL ORZÁN, a pesar de las pandemias y los gilipollas engreídos, es decir acomplejados, que pretenden manejar nuestras vidas en el contexto del COVID-19, siempre todo, pero todo, todo
será
me
jor
Hey!

PD: REGLAS DEL BOOGIE-WOOGIE RELOADED

1) Se requiere de un espacio despejado y cómodo.
2) Se puede bailar solo o en grupo.
3) Dando vueltas en círculo alrededor de una hoguera imaginaria o real, cantamos a viva voz:

Bailando el Boogie-woogie
Bailando el Boogie-woogie
Bailando el Booogie-woogie
TODO (dos golpes -suaves- en las rodillas con las manos)
SERÁ (un golpe en las chichas o en ambos lados de la cadera)
ME (partimos la palabra MEJOR y nos tocamos los hombros en la primera sílaba)
JOR (nos tocamos el gerolo, bocha, balero, capocheta, cabeza o testa con la punta de los dedos -siempre con ambas manos-)
HEY! (rematamos la coreografía alzando los brazos en V hacia el cielo y gritando con brío la interjección HEY!)

*Puedes hacer la versión «manos cruzadas». Nivel avanzado.

4) Seguimos alentándonos a nosotros mismos, pero ahora quietos, cantando:

Y pongo la pierna derecha adentro (levantamos la pierna derecha hacia el fuego; después haremos lo mismo con la pierna izquierda, brazos, culete, etc.)
y la sacudo afuera
y doy la media vuelta
y bailo el Boogie-woogie (aquí es menester hacer una interpretación personalísima, propia y locoide del baile, ejemplo de movimientos son: «Hombre gusano», «Marioneta sin hilos» o «Niña del exorcista»)

5) Antes de reiniciar la ronda entorno a la hoguera, cerramos con:

Y TODO
SERÁ
ME
JOR
HEY!

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 43
José Luis Ducid

La paloma chismosa se permitía algunos fines de semana salir de A Coruña para oxigenarse un poco y, sobre todo, para traer cotilleos desconcertantes. Los gorriones no; preferían los Jardines de Méndez Nuñez o la Plaza de Azcárraga en la Ciudad Vieja, simplemente por urbanitas (incluso se jactaban de ser originarios de París, cosa que las cigüeñas siempre negaron). Pero a lo que íbamos, o mejor, a donde íbamos con la paloma: ya sobrepasado el Coliseum cerrado a cal y canto, el pub para adultos Relax criando malvas frente al Puente del Pasaje, sin atascos; el pájaro siguió hasta la rotonda dedicada a otro asesino serial moralmente aceptable -tal vez por ser sudamericano- y giró hacia Gandarío, dónde cuida de su madre un gran baterista de rock coruñés. Muy orgullosa de tener el poder de volar -orgullo injustificado porque nació paloma y no hay ningún mérito en la condición heredada: ya sea nacionalidad, sexo, raza o calvicie- el ave encaró la bellísima ría rumbo a Betanzos dos Cabaleiros, ciudad medieval amurallada, protofundadora de la OTAN. Y un poquito más hacia allá, a mano izquierda, se sentó a descansar en la ermita de A Espenuca. Le gustaba esa iglesia minúscula, erigida como muchas -según afirman los estudiosos- en un «centro de poder», un promontorio mágico, druídico; donde ella había asistido a tantas bodas sin ser invitada para hacer lo que mejor sabía: criticar los vestidos y la desvergüenza de esas muchachas embarazadas vistiendo de blanco, ¡junto a sus padres tan sonrientes! Contempló las fraguas del río Mandeo, un poco como si fueran de su propiedad, y decidió dar nuevos aleteos hasta la casa de piedra de la aldea, donde Pedreira, el amigo del escritor politoxicómano, hacía tiempo que se había «confinado», muchos años antes del coronavirus. ¿Cómo impactó la pandemia en Pedreira, el socio de trapalladas de Ducid? ¿Cómo era la vida en la aldea bajo el régimen del COVID-19?

Exactamente igual que antes de las sucesivas renovaciones del estado de alarma, anunciadas en la televisión por el muñeco de torta con actitud de zapatilla gastada. Una maravilla. Aún mejor, sin coches peligrosos conducidos por cómicos de la ciudad a toda pastilla fatigando caminos secundarios.

La lareira no echaba humo, luego Pedreria no estaba dentro. Tampoco en el huerto intentando, testarudo, un injerto imposible: como el cruce de pera con nuez, o mazá con figo. Por descarte, ella supo de inmediato dónde encontrarlo. Pasó por pura diversión bajo el techo del lavadoiro sin lavandeiras y se introdujo, con cierto temor (al fin y al cabo también era una paloma de ciudad) en la espesura de la fragua. Lo halló mirando extasiado a las ninfas desnudas en el río, acariciadas por las troitas en el remanso umbrío de la tarde. Un trasno que estaba resolviendo «…en forma de soneto la raíz cuadrada de 364…» debajo de un cartel que advertía LOS PECES SE ESTRESAN * PROHIBIDO BAÑARSE * le hizo un guiño a Pedreira en dirección a la paloma chismosa. Pedreira, acariciándose la profusa barba cana, le ordenó mentalmente:

– Pomba, non sexas chunga e dalle un agarimo ao arxentino da miña parte.

Esa tarde mientras fumaba y se tomaba un amable whisky en el balcón, al ver pasar una paloma, el escritor politoxicómano pensó en Pedreira y en el asombroso parecido que su sabio amigo tenía con don Álvaro, o seu pai: forzudo de Pobra de Brollón, ex marino mercante, gran bebedor que aprendió a reparar televisores. De pronto se propuso escribir acerca de como su padre les hablaba a los árboles que sembró durante aquellos años en la inmigración; de sus estériles luchas sindicales en Bos Aires; de la feroz pelea a puñetazo limpio con el armenio Tossounian; de aquellos veranos inmóviles untados hasta el cuello en los barros curativos del lago Epecuén (tratamientos aburridos y terapeúticos a los que también se sometieron los emperadores Incas, bajando miles de kilómetros desde el actual Perú hasta el sur de la Pampa). O la vez que «los negros», los vecinos de los terrenitos colindantes, incendiaron la quinta que cultivaba para su familia y con su familia, es decir nosotros, TODOS LOS FINES DE SEMANA. Le prendieron fuego con gasolina, simplemente porque él se negó a seguir dándoles frutas y verduras gratis, pero sobre todo porque decidió regalarles semillas -tal vez se las obsequió con demasiada soberbia y prepotencia… Y tantas, tantas anécdotas a veces violentas, a veces graciosas, siempre vitales. Pero al escritor no le quedaba tiempo.

Era la hora de coordinar un taller en streaming para niños y padres. Encendió el ordenador y se miró en la cámara. Estaba nervioso. Había decidido no tener hijos (pagó un par de abortos porque nunca era el momento… porque obstaculizarían «su carrera artística»… o el mundo sufriría una pandemia…). Sin embargo todo el amor paternal que brotaba ajeno a su voluntad se le estaba pudriendo dentro del pecho operado, como la fruta que no habiendo sido recogida pudre las raíces del propio árbol. Entonces se supo un impostor, al que demandarían por promesas incumplidas.

Pedreira, encendió el fuego en la lareira. Y enderezó bajo un imán de la nevera, un retrato a lápiz de su loco amigo sudamericano que colgaba torcido. Vislumbró una señal. E hizo un gesto con los brazos, en el silencio de la casa de piedra, un gesto inconmensurablemente anterior a los dioses digitales.

 

ALERTA DE ORZÁN / Día 44
José Luis Ducid

Después de ver los videos magistrales de los niños y sus padres del Boogie-woogie, el único antídoto conocido en Occidente para el virus Wuhan … Lo siento, comenzaré de nuevo. Después de «visualizar los ejercicios prácticos de todos los participantes en el taller resaltando estas interpretaciones» del Boogie-woogie, el escritor de drogas múltiples se conmovió. Agradecido Bendito Profundamente adictivo. Viral Como si después de años de nadar en un océano de pus, mocos, recipientes de yogures promovidos por Sussana Griso, condones vencidos sin usar y cerveza de mierda con restos de sangre, hubiera llegado a las playas de Nunca más. «… El significado del mundo es niños …», evocó y fue feliz al refrigerador. Bueno … muy feliz de que pueda estar en una pandemia sabiendo que es sábado y que las Autoridades de Salud renovarán el internamiento por otros 15 (quince) días. «¿Por qué Martiña y Monchiño no liderarán este país, dos luminarias que saben que es imposible que seamos liberados hasta julio si los italianos están confinados hasta junio?» se preguntó sorprendido mientras buscaba hielo para saborear su amable refrigerio en un vaso bajo. Y bajó la guardia. Cometer un error básico, como principiante: responder un número desconocido. Con la desafortunada consecuencia de prestarse a un informe telefónico de un fanzine provincial:

«¿Cuál es la clave para hacer que tu extraña crónica funcione tan bien?»
– Que la realidad es extraña.
– ¿No debería el artista transformarlo en algo mejor?
– ¿Quién es «el artista»?
– ¿Prefieres ser considerado antiartístico?
– No quiero ser considerado de ninguna manera. Quiero pagar el alquiler, mi botella de Johnnie Walker, y dejar de hablar con mi polla. En ese estricto orden.
– ¿También publico lo del gallo?
– Te voy a preguntar. Espera un minuto … Él dice «No, no, no, no …»
– En serio, Ducid, ¿cuál es la clave para ser leído en masa en este contexto?
– Supongo que la gente tiene mucho tiempo, no les envío un Emoticon y se identifican por la simple razón de que viven lo mismo. Pero sobre todo porque no les envío un Emoticon.
– Sí, es una situación extraordinaria. Digamos que la pandemia te beneficia.
– Correcto Soy un hombre pandémico. Ahí tienes un titular con un gancho.
– Pero sus exageraciones, sus caricaturas grotescas, si me lo permiten, ¿traen luz o agregan desesperación?
– ¿Has leído lo que escribió antes del virus chino?
«¿Puedes responder mi pregunta?»
– ¿Quién quiere esperar?
– Veamos, cómo decirlo … ¿No hay una especie de berrinche infantil, al estilo de VOX, insistiendo en lo mal que lo «hacen» cuando es hora de encogerse de hombros, de mostrar solidaridad?
– Vete a la mierda.

Y él cortó. «Me quedaré con el jodido número de estos mongoles como BERRINCHE INFANTIL, mierda con tu puta madre».

«¿Con quién estabas hablando, José Luis?»
– Con mi polla.
– ¿Por qué estás tan nervioso conmigo, sabes?
– Déjame en paz.
– Estás loco.
– Dios, cuánto tiempo se hará todo esto …
– No, no, no, no …

Se encerró en la habitación de atrás. No quedaba Johnnie, ni Lepanto, ni más ese horrible vino que molestaba a la gaseosa. El propietario, un hombre santo, también le había dejado una botella de brandy blanco. De Ourense. Lo bebió en golondrinas, tumbado en la oscuridad. Atómico Explotando los años en que cometió el error de regresar a su ciudad natal después de estar en Europa; para el patriotismo, la nostalgia, el anhelo de la calidez familiar, descubra por qué. Ese 2001 cayó sobre él como Torres Gemelas: 1) «el corral»; 2) saber quién sería su futura ex esposa, la que lo jodió vivo …

La debacle económica y social fue de dimensiones colosales. El orden, como la moneda, desapareció. Un verdadero escenario apocalíptico con 16 bonos en circulación emitidos por las provincias para comprar alimentos y gasolina, regresar al trueque, fábricas cerradas o tomadas, pandillas de personas hambrientas, hasta hace poco ciudadanos con algunos trabajos, saqueando supermercados coreanos armados con escopetas. TANGUEDIA: En algunos lugares del planeta, la promesa de prosperidad infinita fue mayor que en Argentina (el país de «plata», argentum en la tabla periódica) y la estafa en algunos lugares fue mayor. ¿Que la realidad de España no puede ser peor que ahora …? Marzo de 2002, Buenos Aires / EXT. NOCHE: el escritor polidroga escuchó en la intersección de dos avenidas centrales, Santa Fe y Pueyrredón, mientras encerraban a un niño abandonado, un «niño de la calle» de unos diez años, en una furgoneta destartalada. El niño pidió ayuda y mientras corría en su ayuda le plantaron un revólver en la cara. Los llevaron al pub … ¿Dónde? ¿Y para qué …? Esa escena de la película gore lo molestó. Sucedió «… y el mundo sigue …» Ese niño, esos niños … Se quedó dormido, roncando infernalmente, y soñó con la terraza del edificio donde su padre era portero …

Bajo la luna, entre las sábanas blancas que se estaban secando colgando en hileras de cables, soplaba el viento y había alguien o algo detrás y tuvo que recoger su ropa como su madre había ordenado, algunos zapatos se movieron, negros y rojos. , eran dos personas o un elenco sobre sí misma en un abrazo retorcido, una mezcla de hombre y mujer emitiendo gemidos y risas, bailando entre las sábanas, escondiéndose para atraparlo, un paño golpeó su rostro y quiso gritar pero no pudo. Fue rescatado por su parpadeo móvil, cuando pudo entender que todavía vivía en el ático de la calle / calle Orzán, en Galicia, su querida Galicia. Era un número conocido, el del comerciante, Monchiño:

– Ducid! Ducid!
– Siiii, soy yo, soy yo, Ducid …! DUCIIIID …!
– ¡Sé que eres Ducid, gilipollas! ¡No me grites!
– ¿Qué pasa Monchiño … lo siento, fue …
– El hermano de Martiña salvó a Ducid, lo pasaron al piso!
– Eh?
– ¡Cómo se salvó el hermano de Martiña!
– ¡Yo, yo, yo, yo …! ¡Pero qué alegría!
– Sí, tío, sí …!
– ¿Cómo está Martiña?
– No se caga.
– Es porque no hace ejercicio. Todos cagan duro ahora.
– Lo estarás, mamón … Escúchame bien, si todavía tienes pelotas …
– Dime …
– Te perdonamos lo de la bolsa. Pase por la casa.

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Días 45 y 46
José Luis Ducid

¡Pero bueno…! ¿¡Comó vamos a adelantarnos un día a la realidad!? ¡A las estadísiticas de la vida o la muerte! ¿Qué es esto, un matrimonio mormón? ¿Un 2 x 1?

Ah, mis siempre ALERTAS, la explicación no puede ser más sencilla: mañana no podré escribiros. ¿Por qué? Respuesta: Porque iré a grabar un videoclip a un campo de golf vacío. Sí. ME HAN CONTRATADO PARA GRABAR UN CAMPO DE GOLF ABSOLUTAMENTE VACÍO. Demencial encargo PAGADO por un muchachote de la Zapateira con abundante cash (es lo bueno de la empresa privada, cuando hay verdadero interés, el giro llega de inmediato). ¿Quién va a detenerme? ¿La última nórdica de Tiger Woods? ¿Un caddie embalsamado llamará a la comisión directiva del Club?¿Me perseguirán en cámara rápida carritos de golf -los de los municipales de color azul y blanco, con las sirenas arriba del toldo- y caeremos todos en las aguas del lago en plan Benny Hill, en un enredo de ligueros y pelucas? Jo, jo, jo… La película puede llamarse «El ansia del hoyo», o similar. En fin, no temáis por mí, ya estuve con M&M… con lo cuál me siento lleno de energía. Química, es verdad. ¿Pero alguien es capaz de explicarme, sin apelar a ideas universales que a su vez necesitan ser explicadas, por qué está mal combatir la pena existencial con anfetaminas y, sin embargo, está bien matar de pena al COVID-19, ese simpático amiguito que viene a visitarnos desde China? ¡Qué feo dejarlo sólo vagando por las calles, sin que ninguno de nosotros se digne a recibirlo como huésped!

Así que ¡manos a la obra! Voy a contaros dos ideas que no llegué a presentar en una poderosa agencia de publicidad en la que trabajaba. En la que trabajaba hasta que me echaron nada más empezar. Pobres… Va el 2 x 1 (ey, cada una de estas IDEAS GENIALES me llevó más de un día de sesudas elucubraciones; no os podéis quejar, salís claramente ganado):

1) Spot: «Vivamos como galegos, año 2020» | Cliente. GADISA

INT. / PASILLO NAVE ESPACIAL

El encargado de mantenimiento de la nave espacial de transporte comercial Nostromo es gallego, de Chantada para ser más exactos. Lo vemos pasando la fregona bajo las tuberías en un estrecho pasillo metálico. La mascota de la tripulación de la nave, el gato Jones (conocido cariñosamente como Jonesy) juega «a cazar» los flecos de la mopa en movimiento.

MILUCHO / encargado de mantenimiento de la nave Nostromo:
– Jones, mira que eres toca collóns!

Un chorro de baba o gel gelatinoso (como el que suministran en la puerta de los supermercados Gadis, ahora mismo) cae del techo manchando el suelo del pasillo. El gato mira en dirección al origen de la baba y sale corriendo. El trabajador se limita a ponerse a limpiar la guarrada, rosmando.

MILUCHO / encargado de mantenimiento de la nave Nostromo:
– Cago na…

La boca babeante de Alien, el parásito extraterrestre, aparece ante el rostro hierático del hombre de Chantada, y extiende amenazante hacia él su segunda mandíbula.

MÚSICA DE TENSIÓN DRAMÁTICA
Y CORTE A NEGRO

INT. / PUENTE DE MANDO DE LA NAVE

En torno a una mesa improvisada con un tablero largo sobre dos caballetes, rodeada de comandos informatizados con vistas al espacio exterior, vemos a la tripulación de la nave Nostromo, feliz. Sirviéndose de un caldeiro trozos de Alien, el centollo del espacio, acompañándolo con unas pataquiñas bien aliñadas. La capitana de la nave, se da la vuelta (sí o sí DEBE SER la mismísima Sigourney Weaver: traerla para el cameo cuesta sólo 60.000 euros) e interpela a MILUCHO que está papeando con una servilleta al cuello, en la cabecera.

TENIENTE RIPLEY:
– Xántase todou Miluchou?

El encargado de mantenimiento de la nave asiente con cierto desdén ante tamaña ignorancia mientras limpia la cachola de Alien, y le tira un ojo del extraterrestre al gato Jones que, sin hacerle ascos, se lo devora debajo de la mesa.

PLANO EXTERIOR DE LA NAVE NOSTROMO, RUMBO A GALICIA. PRINTERS INSTITUCIONALES:

Vivamos como galegos!

***

– ¡Paulita…! ¡Paulita, tengo una duda…! ¿NO SE SI ESTÁ BIEN ESCRITO «XÁNTASE»? ¡PAULITAAAA..!

El escritor politoxicómano se levantó pletórico de su escritorio y fue hasta la habitación de delante donde encontró la siguiente nota: «Me llamó mi madre y te vi tan concentrado que no quise molestarte. Vuelvo en un par de horas. Te quiero.» Sorprendidísimo cogió el teléfono y en ese preciso momento le entró un lacónico WhatsApp suspendiendo la grabación del campo de golf. No se haría por problemas con la comisión directiva del Club. Le solicitaban, además, que reingresara el dinero adelantado… del que ya había gastado buena parte. La cara, redonda de por sí, se le puso como un emoticón. Verde.

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 46
José Luis Ducid

Autoconvenciéndome después de los aplausos de las 20.00 h de que es inútil, de que no es posible saltarse el día de la marmota viral, recibo un inesperado WeTransfer de dos crápulas incombustibles. Sirve la descripción adjunta: «DUCID, AUNQUE EL COVID-19 NO DESCANSE PORQUE ES CHINO, TÚ TE MERECES EL DÍA DE HOY LIBRE.» Mensaje rubricado por el compositor y director Pablo Rega y por el mejor ilustrador y cantante de rock, al menos de la calle Torreiro, Álvaro Dorda.

Entended las dimensiones del gesto… Esos dos piratas cogieron un poemario que grabé hace años, una tarde en los Estudios Bonham -con el paciente y ultra profesional José «Bonjan» Martínez- e hicieron cuatro cosas sin esperar recompensa ni alabanza. Saltándose la inercia gris del virus con coronita. A saber:

1) CONFECCIONAR el cartel de una banda todavía imaginaria.
2) MUSICALIZAR una suerte de «rap del corralito» (esa pandemia económica que azotó la Argentina en el 2001 y de la que ya algo os comenté).
3) REALIZAR un videoclip con la inestimable ayuda de la poetisa y traductora Estíbaliz Espinosa. ATENCIÓN: las páginas del «poemario» que escribí en Buenos Aires, del que yo no tengo ningún ejemplar y que se ven en el videoclip, fueron sujetadas con gran pericia por Yare, hijo de la literata, futuro astrónomo o trompetista.
4) ENVIAR todo el paquete completo, para que lo comparta con vosotros independientemente de mi opinión artística; habitualmente desfavorable «…a esa conspiración de bachilleres y mercachifles que amenaza con acabar con el sentido estético del mundo…»

Qué decir… Qué puedo decir sin dar más penita y miedito del que doy… ¿Qué hay días en que el Amor es real y te sostiene? ¿Qué no todo está dicho y que existen futuros amigos desconocidos capaces de orear las habitaciones rancias de un corazón que la va de resabido? Tal vez lo que debiera decir es un sencilo y mayúsculo:

GRACIAS.

Chist… Cuidadín, cuidadín, cuidadín, yo no me he reblandecido… ¡Mañana proseguiré trabajando en mi Departamento de Quejas Cósmico! ¡No os daré tregua comeyogures! Jamás. SIEMPRE ALERTA: ¡Hay demasiado pelotudo suelto, con plaza fija de hortera, al que patearle el totó…!

Pero hoy… Hoy… Intentaré estar a la altura de Paula (no valen chistes fáciles) y me pondré mi mejor camisa; también tres gotitas de Varón Dandy en cada oreja, truco infalible… Velas. Y tangos de Pichuco en la vitrola. Para bailar a media luz con mi moza mimosa. ¿O no es mi día libre? A ver si soy capaz… Tengo un poco de vergüenza. Estoy muy gordito, para qué mentir… jo, jo, jo, jo…

¡Viva el Johnnie Walker ! ¡Y vivan mis amigos del alma! ¡Salute!

PD: Para ver el videoclip «DALEALIKE» a la página de Dorda. No sé por qué es así, cosas de Rega. Yo voy a lo mío, que se me hace tarde.

PD2: Ñe, ñe, ñe, ñe…

Rega (music) + Ducid (delyrics) = YONNY KINDER [videoclip]

Concepto visual: Álvaro Dorda | Grabación de voz: Estudios Bonham | +info: ruidoxx@gmail.com | Sinceros agradecimientos a Estíbaliz Espinosa y a Yare.

 

Foto de Álvaro Dorda.

 ALERTA EN EL ORZÁN / Día 47

José Luis Ducid

– Pon a película…
– ¿Pero cómo que la película?
– Ese xa falou dabondo…
– ¿Te has enterado de que hay una pandemia y que vamos a morir todos?
– Quita ao mangurrino ese e pon a película…
– ¡O mangurrino es el presidente!
– ¿E a mí que máis me da?
– ¿No te importa lo que está pasando?
– Eu xa ía morrer igual.

Paula permanecía sonriente, cómodamente sentada en el sofá de casa de sus padres, escuchando la conversación que mantenían. Realmente los adoraba. Su madre se conservaba fuerte y bella. Su padre persistía en una silla ortopédica después de múltiples operaciones. Con la segunda rotura de cadera, ese hombretón sí que podía definir con autoridad el significado de la palabra Confinamiento.

También sentado en el sofá, pero muy serio, el escritor politoxicómano veía al mangurrino de la tele. En el ático del Orzán. Muy serio y muy solo. En una postura incómoda que le impedía disfrutar del amable Johnnie Walker: en parte por tener apoyado el trasero sobre su bata, desacierto que tensaba la tela estrangulándole la barriga; en parte porque el sofá consistía en un colchón casi al ras del suelo, montado sobre dos palés. Mobiliario diseñado por Paula que a él, íntimamente, le parecía una vuelta al lamentable hippismo, pero que a ella le hacía sentirse en Estambul. Haciendo un movimiento raro con los brazos, consiguió ponerse de pie y ante la pantalla se preguntó: «¿Por qué en todo el planeta el sistema de selección es así de desastroso?» Tampoco quería entrar en sus interminables soliloquios circulares acerca del fracaso de las democracias representativas porque sabía en carne propia que son peores las tiranías, pero de verdad: «¿Por qué en todo el planeta el sistema de selección de los maquilladores presidenciales es así de desastroso?» Y apagó la tele por no verle los brillos de sudor en la frente y en la comisura de los labios al mandatario. La ausencia de Paula sumada a la idea de los emplastes y de las pelucas mediáticas, lo condujeron a buscar un vídeo reconfortante, un clip que nunca le fallaba cada vez que se sentía demasiado desdichado en España… Un videillo en el móvil, tan a mano… En dónde aparece en todo su esplendor uno de los hijos de puta más grandes que ha sido capaz de producir el Coño Sur en su breve historia postcolonial; un Calígula sin glamour que fue reelecto por el pueblo que «nunca se equivoca», capaz de decir y de hacer cosas que ni Fellini con un supositorio de LSD hubiese imaginado. La victoria de este engendro en 1995, por amplia mayoría, fue la que convenció al escritor politoxicómano a largarse de «su Patria». A mandar a la mierda a sus compatriotas suicidas (que es donde fatal y previsiblemente acabaron) y convertirse en otro inmigrante típico, en otro náufrago del Argentitanic…

Ambrose Bierce lo advirtió en su ácido y vigente Diccionario del Diablo: “INMIGRANTE: Persona desinformada que cree que un país es mejor que otro.” Acierta. No hay países o historias nacionales «mejores». Pero lo de Carlos Saúl Menem fue y ES realmente singular. A otra escala. Sólo comparable a un ataque de diarrea de Godzilla. «Algún día se considerará como cita literaria válida, como pie de página culto, este link de Youtube.» sentenció y se puso a ver con atención el vídeo-antídoto:

https://www.youtube.com/watch?v=IkWnECZQZyk

Epílogo del Día 47:

Carlos Saúl Menem, Senador aún en funciones, con motivo de su 90 cumpleaños, el próximo 2 de julio será eternizado en vida con un busto en la Casa Rosada, sede del Poder Ejecutivo. El escritor politoxicómano recitó en voz alta su rap del corralito «…dos estatuas verdes, junto al obelisco, fueron los testigos del fusilamiento…», miró el reloj y consideró que era la hora señalada para salir a abuchear la realidad. Las gaviotas lo secundaron desde el balcón de enfrente con chillidos agudos, desencantados y hostiles. Los humanos no. Estaban encerrados en sus minúsculos apartamentos viendo la tele, aprendiendo las instrucciones para desescalar día a día, fase por fase, hasta la Nueva Subnormalidad.

1996 MENEM Y LOS VIAJES ESPACIALES

1996. Marzo 5 El presidente Carlos Menem, dando comienzo al ciclo lectivo de 1996 en Tartagal, provincia de Salta, informó a los niños de una humilde escuelita en el empobrecido Norte argentino que se licitaría un sistema de vuelos estratosféricos diciendo: «Desde una plataforma, que quizás se instale en la provincia de Córdoba, naves espaciales van a salir de la atmósfera, van a remontar a la estratósfera y desde ahí elegir el lugar donde quieran ir, de tal forma, que en una hora y media podamos, desde Argentina, estar en Japón, en Corea o en cualquier parte del mundo.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 48
José Luis Ducid

El informe del día de ayer irritó a muchos argentinos. Se indignaron. Me preocupa, ¿aún hay gente que cree en la megaboludez de «El Ser Nacional? Y, a la vez, os lo confieso abiertamente, me alegra muchísimo la virulenta reacción: ¡gracias a la confraternización pandémica internacional aún queda gente capaz de leer extensos WhatsApps! La Internacional Vírica, jo, jo, jo… Ay, ay, ay, me meo.. La Patria… El Hogar… Dios… ¿Os disteis cuenta que no se dice El Dios? ¿Por qué se omite el artículo? Porque sólo hay Uno (esquizofrénico, barbudo y sin sexo). Vale también reemplazar la reacción de los indignados término a término: La Patria x La Clase… El Hogar x El Partido… Dios x La Revolución… Permitidme un pregunta con sabor a soberbia intelectual de barrio: ¿además de leer mis sesudos y coherentes análisis, leísteis a Negri? ¿Es qué no sabéis nada de Sussana Griso y el impacto de su campaña informativa con los yogures que apadrinaba? Algunos indignados me han escrito diciéndome que robo la ilusión y falto el respeto «…a sus nietos…» [sic], que los contamino con odio por qué no he sido capaz de cerrar mis heridas. Y vuelve la burra al trigo… Nuevamente, el refugio de los mediocres: apelar a la Infancia, que es lo mismo que no ser capaz de tocar en la guitarra una melodía silbable y parapetarse en el Jazz, o tener las nalgas en llamas y pedirle a tus padres que te anoten en clases de Cabaret. ¿Qué mierda es eso? ¡No se toman clases de «Cabaret», se va al cabaret! ¡Ahí encontraréis el único y auténtico jazz, joder! Y todavía peor, esos seres humanos que creen en la nacionalidad… que creen que la identidad personal ES un compendio de símbolos caducados… esos seres humanos que me increparon durante todo el día de hoy preguntando (resumo): ¿QUÉ SOLUCIÓN PROPONÉS, SORETE TRAIDOR?

Lo pedís, lo tenéis. Solución realista de J. L. Ducid, en tres pasos, al problema del la miseria endémica, la violencia criminal y la mortalidad infantil en el Tercer Mundo:
1) veniros todos nadando a Galicia;
2) traed una botella de Johnnie Walker cada uno (vale etiqueta roja);
3) un saco o bolsa de dormir porque en mi ático sólo tengo dos colchones: uno como cama matrimonial y el otro sobre dos palés, en plan sofá turco.
ADVERTENCIA: No se puede ver la televisión. Mucho menos fútbol. Amantes de la yerba mate, abstenerse.

¿Os parezco un monstruo, verdad? Pues sí, lo soy. Y os agradezco la devolución. Definitivamente, después de comprobar vuestra visión pacata, confirmo aquello de que «El artista no debe descender a la arena política.»; mucho menos si se es coruñés: corres el riesgo de terminar poniéndole la letra al Himno de España. Bueno, si se es sudamericano tampoco conviene mezclar política y arte, uno puede acabar con la voz finita cantando como la «Yolanda»: «Ojalá» me coja «Mi Unicornio Azul» en «Playa Girón». Jo, jo, jo, no os enfadéis… A mi me gustan Silvio y Pablo; están diseñados para gustar, como los huevos fritos (luego os contaré una anécdota personal que me ocurrió con Silvio Rodríguez y no es fábula ¡hay pruebas documentales, malditos racionalistas!) Vale, le quito hierro al asunto de los cubanos: lo que ocurrió con la Nueva Trova es que al terminar la dictadura -la Argentina- ponían a estos juglares caribeños hasta en el café con leche. Pero no todo fueron canciones de misa laica, la democracia también trajo a mi vida:

el magistral «Piano Bar» de Charly García, el imposible «Llegando los monos» de Sumo, a mi amigo y profesor de Lógica y Filosofía Osvaldo Dallera (que recientemente, después de 30 años sin vernos atravesó el Atlántico para visitarme -no lo hizo a nado porque venía con su adorable esposa en barco, y no me trajo una botella de whisky porque prefirió invitar a vino y pulpo-), también la primavera democrática me trajo a mi hermano espiritual RDZ y las primeras y maravillosas rayas de cocaína con orgías y, por encima de todo, lo que trajo el retorno a la democracia fueron las lecturas liberadoras, las que deliberadamente no nos facilitaron en el colegio: Nietzsche, Foucault, Bertrand Russell, el príncipe Bakunin… Si acaso la enumeración os parece un bosque de pollas, si acaso os parece que faltan mujeres, cambio todas las revelaciones anteriores por Annemarie K., una austríaca que podía ser mi abuela y que cambió la posición de mi alma para siempre: pagó de su bolsillo un curso de submarinismo, un traje de buceo y compró un compartimento estanco para que me ganase la vida grabando vídeos de japoneses durante la temporada de avistaje de ballenas en Puerto Madryn… Que sí, también la democracia representativa y liberal trajo a Menem y a de la Rúa, las dos estatuas verdes dollar… En fin, ¿por qué os cuento mis batallitas a vosotros? Quizá es que voy viejo… ¡Me refiero a vosotros en particular, patriotas del yoghurt, los que me insultáis por disentir!

A ver, a ver, mmmm… Por que yo sé algo (SABER ALGO DE VERDAD ES DIFÍCIL, la gente cree que sabe); pero yo sé algo de vosotros «los dignos y ecuánimes». No os gusta la democracia. Ni la risa. Sólo queréis uniformar, domesticar. Quebrar la singularidad. Estar tranquilos antes de meteros en cama, para soñar vuestro sueño imposible: una eterna «Noche de paz» en que lo gregario sea norma. Menuda pesadilla. Además, sois valientes por WhatsApp, pero jamás os atreveréis a venir a nado a Galicia a defecar sobre mi tumba. ¿Por qué es imposible? No. Porque las Autoridades Sanitarias no os dejan ir a todos juntos, jo, jo, jo… Qué genialidad el virus chino, ahora os canta al oído con acento tropical: «… a la gente no le gusta que, uno tenga su pLopia fe…» Ya está bien. La diatriba se me hace larga, voy a ver una de Mitchum: Thunder Road (en España: Camino de odio). ¡Pandilla de asintomáticos, seguid masturbándoos a las 20:00 o’clock en vuestras casas! Yo voy a la nevera a por hielo, y de remate os informo para que os frotéis a fondo la entrepierna, que Poppia me envió por Amazon una botella de Walker y el Doctor Rock una caja de anfetillas. Uy.. ¿antes dije casas? Llamaré a Paulita a casa de sus padres.

La verdad, es que la echo de menos.

PD: No me olvido, debo la anécdota con Silvio Rodríguez. ¡Apuesto a que os repugnará, comeyogures!
PD2: ¡¡¡Ñe, ñe, ñe, ñe!!!

Foto de Álvaro Dorda.

 

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 49

José Luis Ducid

El escritor politoxicómano llamó por teléfono a Paula reiteradas veces. Inutilmente. El teléfono estaba «…apagado o fuera de cobertura en este momento…» No pudo evitar sonreír con amargura recordando un tema instrumental que había compùesto y grabado con el gran músico Gastón Rodríguez titulado, no sin ironía, «Llamas»… Con lo que quedaba de la botella de Johnnie se encerró a oscuras en la habitación del fondo, como solía hacer cuando padecía de un ataque de tanguitis aguda: para ahondar aún más en el dolor, que es lo único que le calmaba. Recién entonces, después de muchos años, se animó a volver a escuchar aquella composición, sudando como un bombero en los distritos de la locura, intentando extinguir el incendio de los celos: https://www.youtube.com/watch?v=-n9vzsqcxb0

Ajena por completo al drama pasional de Ducid, Paula ayudaba a sosegar la furia de su padre. El hombre se empeñaba en querer bajar. En ir al café a jugar la partida.

– Eu quero baixar!
– No puedes bajar ni tú ni nadie.
– EU QUERO BAIXAR E VOU BAIXAR, CAJONODEMO…!!!

Paula y su madre, con gran esfuerzo, lo acercaron hasta la ventana para enseñarle las calles desiertas. El hombretón preguntó sorprendido:

– E logo que pasou? Xa morreron todos?

LLAMAS (J. L. Ducid – G. Rodríguez) [experimental tango]

Tema 05 del CD: FRECUENCIA TANGO | +info: joseluisducid@gmail.com

 

ALERTA EN EL ORZÁN / Día 50
José Luis Ducid

«La explicación al celebérrimo, casi fundacional, tango Caminito es que no había un gallego con un fouciño para desbrozar de matojos ‘el caminito’. De haber existido ese esforzado gallego el caminito estaría siempre despejado, luego el amante porteño hallaría sin dificultad a su pebeta amada, ergo no existiría EL TANGO COMO GÉNERO LITERARIO. El chiste que acababa de escribir para su futuro monólogo, era una forma torpe de tramitar la culpa indisimulable: Paula no lo abandonó, el simplemente no la cuidó. La relación se clausuró porque él no se agachó a limpiar los yuyos. Estaba siempre demasiado ocupado… Ensimismado en su ególatra borrachera perpetua. Esa certeza le inspiró una idea saludable: rellenar el vaso y tomar el aire en el balcón. Bastante, pero bastante calzado. Lo primero que vio del mundo exterior le resultó un mal presagio: la pareja de británicos del ático vecino estaba grabando, ya no con el móvil, sino con una cámara con teleobjetivo, a una gaviota muerta en el tejado de enfrente, entre los helechos tornasolados. Había muerto en una posición antinatural, como si se hubiese estrellado de bruces. Los miró con cara de asco y le sonrieron. El más bajito, el «étnico», le hizo un gesto como de guardar silencio. También estaba en el balcón de un poco más allá, la vieja de la Stasi. Confirmado y vuelto a confirmar: los hijos de puta viven más y cuentan la historia. Son los Menem del mundo.

– ¿Qué pasa, os divierte la muerte?
– Shiiiit… Oh… No, no… Sorry, loco… Estamos grabando un documental.
– ¡Una documental encargaron, very good!
– ¿Pero no os íbais a las Fucklands?

No les causo gracia. El más machote de los dos, retrucó entre agresivo y ocurrente. Pizpireto:

– Por muy artista que te creas no vas a salir, ji, ji, ji…
– ¡Grabad esto para Britain´s Got Talent!

Y con la mano izquierda -la que no sirve para sujetar el vaso de Johnnie Walker- empezó a hacer «el helicóptero» con su polla decentemente amorcillada (es fácil si se vive en bata).

– ¡Ñe, ñe, ñe, ñe, ñe!
– FUCK OFF…!
– ¡Iros a tomar por culo que os gusta, comeyogures imperialistas!

Regresó dentro del ático a carcajada limpia, no sin antes chocar contra el marco de la puertita de aluminio. Se desparramó en el sofá de Estambul. Y se sintió mal. Por primera vez. Realmente mal. Tan mal que encendió la tele. «Hoy es un día Socialista, el sol brilla en todo su esplendor» Primero de Mayo. El gobierno anunciaba con cierto alivio triunfal que a partir de mañana se podría salir a hacer gimnasia, por grupos de riesgo, en un orden racional y vigilado. «Nos mandan a hacer gimnasia… Tal vez por eso me siento así.» pensó, dándole un buen trago a su merendola de cereal líquido energizante. Lo que siguió le produjo arcadas: un anunció pésimamente realizado -una animación con pretensión de «simpática», rotundamente tosca- para más inri de dos minutos de duración- explicando las reglas para sacar los niños a pasear, que le remitió a los anuncios didácticos de la dictadura militar en su infancia. Sobre todo una de las frases en particular le produjo escalofríos, de este tenor: los niños podrán salir a jugar con sus juguetes pero no compartirlos con otros niños…

Antes del golpe de 1976, suplicado a gritos por la clase media y sobre todo por las madres aterradas, una de las máximas paranoias eran las «bombas cazabobos» -que las organizaciones revolucionarias atribuían a los grupos liberados de la ultraderecha y viceversa- y que consistían en juguetes, patitos por ejemplo, dejados al azar en las esquinas… Rellenados con una buena e inestable carga explosiva con el fin estratégico de volar en pedazos a las criaturas curiosas e ilusionadas. Creo que fue en la esquina de la calles Gutierrez y Agüero, a 100 metros de la portería dónde vivíamos, donde una «bomba cazabobos» cumplió su cometido. A la perfección.

El móvil sonó y sonó… Pero no era la bailarina de claqué. Era su talentoso y elegante amigo David Carballal, que le enviaba una nueva viñeta inspirada en sus relatos cotidianos de la pandemia. Todas esas caricaturas tenían el mérito de, además de ser artística y gráficamente soberbias, llevar un brevísimo pie explicativo ¡en rima!:

«¡sorpresa!: payaso bueno en tu mesa»

Le causó tremenda ternura. Y volvió a mirar. Pero la imagen ya era distinta. También el texto:

«¡sorpresa!: payaso malo en tu mesa»

Sí. Su percepción fallaba. Entonces rumió furioso que si se lo llevaba el cobarde e involutario COVID-19, «el libro» -que todo cristo le pedía que publicase al final de la pesadilla colectiva- debería ir prologado por la muralista, escritora y camarera del pub Ummagumma; dedicado «a los espejos cóncavos»; y con un delicioso poema, a modo de epígrafe, del señor que venía a controlar el medidor de la luz del edificio de calle/rúa Orzán… Por fin se rió sereno e iluminado, babeando entre dientes: DE SÍ MISMO. Del pedante patético en que había devenido a sus 50 años, el día 50 del confinamiento. Con sorna, tal vez su único rasgo recordable, apostilló: «En argentino suena mejor: Sin Cuenta». Y como una gaviota que pifió en el cálculo al aterrizar sobre la alfombra, se imaginó visto desde arriba, con el borde de la silueta dibujada.

Fuera del alcance de la mano derecha, que jamás soltó el vaso bajo, sonó nuevamente el teléfono.

Ilustraciones-David Carballal-

Foto de Álvaro Dorda.
Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Día Sin Cuenta
José Luis Ducid

Probablemente el archienemigo de Ducid, el policía municipal Atilio, fue el que más disfrutó cuando patearon la puerta del ático del Orzán con la contundencia de un arranque sinfónico. Tras los munipas entraron a ritmo los del 061 jactándose del corte y la caída de sus trajes blanco brillante, con mascarilla a juego, perfectamente engominados, transportando en alto sobre las palmas de las manos sudorosas a la bailarina de claqué. El escritor politoxicómano contempló desde la alfombra la constelación de lunares de su espalda desnuda, sorprendido de lo lejos que quedaba la gotera del techo, convertida en una de las miles de gotas de pura bohemia que se derramaban desde una inmensa lámpara fulgurante en el salón de mármol. La diva lo dominaba absolutamente todo, esponjosa con la melena suelta en un acompasado vaivén, ceñida en un vestido negro azabache con un tajo kilométrico que dejaba ver el relumbrón del liguero (e intuir la promesa de una braga de encaje confeccionada por la abuela Florinda). Elevando la mirada desde los zapatos de tacón de aguja, pasando por las ancas, trepando por el vientre plano -prolegómeno exquisito de dos senos erizados- pensó sin poder respirar: «Es igual a la botella de Johnnie Walker DOUBLE BLACK que me regalo mi abogado.» Después de leerle en la calvorota con las yemas de los dedos la comparación DOUBLE BLACK escrita en braille, ella se humectó levemente con la lengua los infernales labios carmín; y el escritor advirtió que los pómulos y los ojazos morunos de la bailarina, eran casi los de una mantis religiosa… Sin embargo, lejos, muy lejos de sentir miedo, se puso de pie para devorarla a besos. Rápida, eficaz, en un único movimiento, ella se deshizo del literato haciéndolo caer en la camilla en la que venían a buscarlo, pero sin que se derramase ni una sola gota de whisky, provocando un silencio previo al tintineo de los dos hielos chocando contra el cristal del vaso en cámara lenta. Pausa sublime y necesaria antes de musitarle con voz de concubina de Wuhan en celo:

– BO-LU-DO …

A partir de ahí, la bajada por las escaleras fue vertiginosa, las plantas plásticas de su difunto vecino Miguel soltaron aromas de navajas andaluzas y el escritor politoxicómano sonrió al borde del llanto tras escuchar, acercando por un instante su oreja a la puerta del piso vacío, un aletear de alas como de pájaro o de ángel.

¡En un volao! Los cinco pisos del edificio acabaron ante el portal de entrada -o de salida- donde la luz se había trastocado en miel, en paralelogramos solares atravesando miles de botellas de Johnnie Walker (la misma luz de las colmenas de su padre) que transformaban la calle del barrio en una fiesta descomunal con Elvis Presley, Dorda, Miguel Varela y Rega contoneándose afiebrados con las prostitutas históricas, ahora siliconadas, teñidas y en llamas. El Chueco sumó unos tambores uruguayos a tempo y Lolo «Área Crítica», Javi Nikopol y el maestro Pablo Añón Lijó templaron gaitas haciendo que sonasen como la sesión de vientos de Mingus en «The Black Saint And The Sinner Lady». Gelitos + Pura «La Empecatá» distribuían generosas copas de Gin Tonic entre los niños felices, Raquel Koen, Margaritas. Cuando empezaron a bailar el Boogie-woogie, toda la escena fue vitoreada y aplaudida desde los balcones, independientemente de la hora oficial para expresarse, mientras el fotógrafo Andrés Valiente registraba con su réflex analógica el evento apoteósico a fin de que quedara pertinente constancia.

Las puertas de la ambulancia se cerraron y ELLA no lo abandonó, empezó a darle respiración boca a boca relajando arriba para chuparle descaradamente el whisky abajo, con dos piedras de hielo bien puestas. Indestructibles. Así llegaron a la puerta del Hospital Ex-Juan Canalejo dónde, sorprendentemente por sí sola, la camilla con ruedas quedó estacionada frente a las puertas corredizas de entrada al conocido nosocomio. El Doctor Rock, rodeado de enfermeras vampíricas, auscultó:

– Ducid, ¿quieres Morir o quieres Vivir?
– QUIERO BEBER.
– ¡Correcto! ¡Respuesta acertada! ¡El caballero está dado de alta!

Entonces Poppia, el artista emergente, le señaló el puente que cruza la autopista y se bifurca en dos opciones: el siempre humeante Tanatorio o el bar de tapas y restaurante A Toquera. Con la ayuda de Richard Hotz, el poeta roto, escogió bien su destino y al entrar al bar de tapas y restaurante al final del arco iris, el dueño le regaló una botella de Johnnie (fue el único momento en que Ducid tuvo dudas acerca de si era real o un sueño lo que estaba protagonizando). Y al descender hacia la ría para brindar bajo la luna por los amigos ausentes, se encontró con Tim Behrens delante de la Torre de Hércules. El londinense estaba sentado refrescándose los pies en un laberinto de agua que él mismo había diseñado cual Bide-matic, mientras cantaba el tango «Caminito» con marcados modales y acento de Eaton:

– «…Desde que se fue, nunca más volvió…»
– ¿Tim, por qué hiciste tu escultura al ras?
– Para no incordiar la visión de la única escultura que aquí importa.

Behrens señaló en dirección al faro más antiguo del mundo en perfecto funcionamiento: El Faro del Adiós.

No hay más arriba. NO EXISTE ALGO MAYOR. Los haces que emitía parecían los de la discoteca-balneario El Portiño. Una gaviota de Montealto se perdió en el horizonte exclamando macarra: «¡Ñe ñe ñe ñe…!». Dos gorriones que iban a ser padres se guiñaron un ojo. Los créditos de la película subían interminables por el firmamento, con los arreglos finales de la orquestación dirigida por el mismísimo Johann Sebastian Bach. La paloma chismosa caminando hacia el oscuro final, se perdió ofuscada porque ya no podría enterarse de lo que le pasó al fracasado del ático del Orzán con don Silvio Rodríguez.

Fue cuando sonó y sonó y sonó y sonó el móvil pareciéndose en su insistencia a la angustia desesperada del amor. Y por primera vez, Ducid, el escritor politoxicómano, para poder atenderle, soltó el vaso.

Foto: Paula Gomez

Foto de Álvaro Dorda.
 ducid

 

 

 

 

 

 

 

 

ALERTA EN EL ORZÁN / Día sin fin

José Luis Ducid

[11:32 AM] El Segoviano: Has visto el paseo marítimo en horario psicópata deportiú?

[11:34 AM] El Segoviano: Es como una vía de circulación de la India, o de la prehistoria

[11:34 AM] El Segoviano: Asilvestrada es poco

[11:35 AM] El Segoviano: Las normas de circulación han pasado a mejor vida

[11:36 AM] El Segoviano: Aceras, paseo, carril bici, carril extra, calzada, sentido de un lado, sentido del otro…

[11:36 AM] El Segoviano: Es todo lo mismo, y para todos a libre albedrío

[11:38 AM] El Segoviano: Peatones, bicis, patines, patinetes, skaters, runners, móviles con patas, incluso algún coche…

Ducid pensó en responderle a «El Segoviano» -titiritero con el que empezó a desarrollar «Las Aventuras de Moscavaca»- pero estaba tan nervioso por la cita con su Paula, que salió con mucha prisa (y con un puño americano en el bolsillo, por si había que confraternizar con el resto de la familia política) rumbo al Gasthof del Paseo Marítimo, situado a trescientos metros del ático del Orzán. Lito y Maxi, el resto de la familia política, daban vueltas por el barrio con ganas animales de darle un correctivo a Ducid por tanta chulería + algunas deudas impagas, sin poder bajarse del descapotable porque la policía impedía que se entorpeciese el feliz trajín deportivo de la ciudadanía. El primer día de la «desescalada», el principio del fin del encierro… De pie, bajo el imposible sol de mayo, Paula esperaba demasiado abrigada entre la barandilla del Paseo (desde la que se podía ver a un nutrido grupo de surfistas boyando en el mar planchado) y la avenida que circunvala toda la península de A Coruña, bullendo de culos embutidos en pantalones multicolores de lycra, bicicletas satisfechas de ser usadas y tarzanes pasados de peso por la ingesta indiscriminada de cerveza Estrella de Galicia viendo series de hecatombes futuristas en el sofá.

Al cruzarse con los yonquis frente a la Cocina Económica, el escritor politoxicómano coincidió con la percepción estética que describía en su WhatsApp «El Segoviano»: si no son perseguidos, los parias dan el pego como laxos santos yoguis de la India. Iluminado, tipeó en su móvil el título de un posible documental para grabar con el titiritero:

PANDEMIC FESTIVAL

Sincronía telefónica total. En ese preciso instante Paula tipeó el nombre de un poema en gallego que le obligaron en la escuela a aprenderse de memoria. Lito tipeó la palabra Virus para ganarle una apuesta a Maxi, que iba furioso conduciendo en círculos. Paula, todavía enamorada, lo hizo porque intentaba explicarle con belleza al escritor lo que intuía de la peste. El pobre Ducid, que no creía en nada, prefería imaginarse que grabar el PANDEMIC FESTIVAL sería un buen antídoto. En la tensión de esa mañana extraordinaria, antes de que el destino se cumpliese como suele siempre hacerlo (de no existir poetas-guerreros capaces de reinterpretarlo) el resultado de las búsquedas fue este:

Triste é o cantar que cantamos,mais,

¿qué facer si outro mellor non hai?

UN VIRUS ES UN AGENTE INFECCIOSO

MICROSCÓPICO ACELULAR.

Moita luz deslumbra os ollos

causa inquietude o moito desear.

INFECTAN A TODO TIPO DE ORGANISMOS.

TAMBIÉN A OTROS VIRUS.

Cando unha peste arrebata

homes tras homes, n’hai máis

SE DISEMINAN DE MUCHAS MANERAS

PERO NO TODOS PROVOCAN ENFERMEDAD.

qu’enterrar de presa os mortos,

baixa-la frente, e esperar

IMPULSAN LA EVOLUCIÓN BIOLÓGICA

E INCREMENTAN LA DIVERSIDAD.

que pasen as correntes apestadas…

¡Que pasen … que outras vendrán!

Foto de Álvaro Dorda.

TENGO EL DUDOSO HONOR DE ANUNCIARLES QUE MAÑANA SERÁ EL «GRANDE FINALE» DE ALERTA EN EL ORZÁN DE JL DUCID.

MUY PRONTO PODRÁN DISFRUTARLO EN SUS CASAS RECOPILADO EN UNA BONITA EDICIÓN EN PAPEL IMPRESA, ILUSTRADA Y BIEN DOCUMENTADA.

PERMANEZCAN ATENTOS.

SEGUIREMOS INFORMANDO.

Foto de Álvaro Dorda.

ALERTA EN EL ORZÁN / Fin
José Luis Ducid

Permanecieron a unos veinte metros de distancia, uno frente al otro, interrumpidos por el torrente de adultos disfrazados de superhéroes para salir a correr o andar en bicicleta. Estaba de pie en medio del paso de cebra; ella en la acera del paseo urbano más largo de Europa, con la barandilla detrás de ella. (Esa barandilla de «piedra» que ofrece resistencia a las tormentas de invierno y que cuesta una fortuna reemplazar año tras año; esa barandilla mal diseñada que fue «elegida» en una especie de referéndum municipal por mayoría; esa barandilla que le impide contemplar el horizonte a los ancianos cuando cometen el error de sentarse en los incómodos bancos de cemento que también eligieron).

– José, no te apoyes en la barandilla.
– por qué?
– Porque no pasé cincuenta días encerrado para infectarme en este momento.
– Mentir es anticuado, Paula. Expiró con el COVID-19.
– ¿Cómo …?
– Fueron cuarenta y siete días. Me estabas dejando una nota, ¿recuerdas ?, y nunca volviste a levantar mi teléfono.
– ¿No me dijiste activa y pasivamente que no te molestaría cuando estabas «trabajando» …?
Perdón. Tampoco eran cuarenta y siete ininterrumpidos, te habías ido antes.
– cuando?
– El día que bajamos la pantorrilla ‘podrida’ de Miguel. Si o no
– Joder … Ni siquiera me preguntaste cómo están mis padres …
– Pensé que tu hermano y tu primo vendrían a decirme …
– Jódete.
«¿Dónde están los que no vinieron a darme un abrazo fraternal?»

Ambos guardaron silencio sin tocarse. La bailarina de claqué al borde de las lágrimas. El adicto a la polidroga que examina a los surfistas. Para el gran grupo que flotaba en la tranquila chicha de la bahía de Orzán, con una actitud casi religiosa, esperando algún milagro californiano que nunca ocurriría, protegido de la hipotermia por trajes de neopreno negro. Ni el sol que arrojaba su luz de vino ribeiro, ni el bullicio de los buenos ciudadanos, alcanzaron para llenar el vacío. Afortunadamente, como siempre ha sido el caso con Ducid, un cable suelto en su cerebro hizo contacto con el chasis, relacionando a los surfistas de Orzán, las focas de la Patagonia y el tango del Río de la Plata en la chispa del cortocircuito.

– ¿Sabes por qué los tontos en Buenos Aires se llamaban tontos?
– No.
– Estas interesado?
– ¿Qué más si estoy interesado? Me dirás lo mismo …
– Así se siente … Porque nos recuerdan el género de focas llamadas focas. Los que aplauden en el circo cuando los sobornan con sardinas.
– ¿Y quiénes son los boludos …?
– Los boludos son aquellos que usan un traje de neopreno de un tamaño más pequeño de lo que se merecen.
– ¿Qué tiene eso que ver con eso?
– Que las bolas se hinchan y se hinchan y se hinchan … Como ese boludo de allá, ¿lo ves?
– Ja, ja, ja, sí …! ¿Por qué eres tan malo …?
– «Porque como soy bajo …

Ella memorizó la frase divertida recurrente:

– … como soy bajita y tengo la nariz pegada al culo, paso el tiempo oliendo mierda todo el día y eso hace que mi personaje se vuelva amargo. »
– ¡Jo, jo, jo … PER-FEC-TION! Dame un beso !
– NO. NO … No puedes …
– Vamos …
– ¡Lo que no puedes, José!
– ¡ ¿CÓMO NO PUEDES …?! QUIEN DICE NO PUEDE …?!
– SHHHH …! Por favor, José …! Por favor …
– ¿Por favor qué, Paula?
– No te enojes. Vamos al faro … … ven!
– la prueba de agua de San Andrés abierta.
– Y …?
– se unan a mí?
– No, José Luis Quiero caminar a la Torre..
– Se abrió una hermético?
– voy a caminar a la Torre y no voy a dejar que me molestes con el plan, ¿de acuerdo?
– «El Estanco Herculino», jo, jo, jo … Eso sería un buen trato, ¿ves? No, no, mejor: «Herculite | Tabaco y dulces» ¡Podría ganar dinero con dignidad y dejar de ser un pequeño artista …!

Tal vez por no tomar las píldoras que recetaron o por tomar demasiadas píldoras de venta libre o por no tomar un curso de hatta yoga en línea …

– ¿Sabes cuál es tu verdadero problema, José Luis?

O aceptar definitivamente que el amor romántico se diluye irremediablemente …

– Tabaco industrial?

Es solo que su pecho de repente le dolió tanto que ni siquiera podía moverse.

– No. Que eres una ficción constante.
– ¿Estás diciendo que no soy real?
– Ducid es pura ficción.

Y endureciéndose, se recostó en la barandilla, dejando a la bailarina a un lado, sin mirarla.

– Bueno, Paulita … Hasta que abra mi estanco en la Torre de Hércules, será difícil volver a igualar.
– Lo sé, José …
– Buena suerte …
– Adiós, mi amor …
– Adiós, mi niña …

En pandemias, las personas no se besan. Ninguno de los dos dio la vuelta: 25% por no perder el orgullo, 75% por no cometer el error de reiniciar el ciclo «polvo-reconciliación-magia-lucha-polvo-reconciliación-magia-lucha …» Acostada en la barandilla del coronavirus, estaba construyendo la distancia paso a paso, reteniendo el deseo y las lágrimas como un mariachi. Bueno, no fue exactamente así: abrió el grifo para aliviarse, sabiendo que entre la multitud repentinamente atlética su pena pasó completamente desapercibida. Normalmente, a nadie le importaba. El detalle que se le escapó es que su hermano Lito y su primo Alex no formaban parte de la multitud repentinamente atlética … Tristes coincidencias: dando la vuelta en la rotonda salesiana, la vieron perfectamente desde el descapotable, destrozado y solo. El primo Alex, que sirvió en la Legión como paracaidista, dedujo en voz alta:

– Estaba en la sudadera.
– O lo dejé tirado, esperando.
– No. Él estaba con ella y se fue al palomar.
– ¿Cómo lo sabes?
– ¿A donde vas? Las furcias duermen y los bares están cerrados.

Lito, que conocía bien la dirección del ático porque ayudó a su hermana a instalarse con ese bastardo, le dijo al antiguo legionario:

– Para ir a la calle Orzán, lo mejor es pasar por el túnel.

Foto cortesía de Paula Gómez.

Foto de Álvaro Dorda.

ATENCIÓN!

Esta noche (Venres 8 de maio de 2020) a las 23 horas colgaré el link desde el cual podréis acceder al último capítulo de ALERTA EN EL ORZÁN.

El desenlace será leído por su autor, el escritor politoxicómano, José Luis DUCID EN EXCLUSIVA para todos vosotros, sus fieles y confinados lectores.

GRACIAS por seguirnos durante estos días y no olvidéis que pronto estará disponible la edición impresa de ALERTA EN EL ORZÁN para recordarnos siempre que esto no fue un sueño.

Collage: Inés Taboada. Instagram @inesloves

Verbas de Álvaro Dorda: 

ALERTA EN EL ORZÁN llega a su fin. Conectamos con su autor José Luis Ducid para que nos lea en exclusiva el desenlace!!!

ALERTA EN EL ORZÁN – «Créditos»

+ info: https://www.facebook.com/alvaro.dorda

 

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