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Dejadme que os cuente una cosa. Cuando Jose Guerra, el fotógrafo que ha hecho todas y cada una de las pruebas gráficas que estáis a punto de ver, y yo aún teníamos que pagar por trabajar, ir a cubrir el Resurrection Fest era una especie de fantasía emocinal que no veíamos del todo realizable. Quiero decir con esto que aún somos unos niños, y que, al acabar el último dia del festival, el hecho de haber estado ahí este año para trabajar, para informar, para ir lejos, todavía nos sonaba un poco increíble. Por eso, escribir esto ha sido una extraña mezcla entre poder hacer lo que me dé la gana y tratar todo con el máximo respeto. Quiero decir con esto que enjoy the ride, motherfuckers:

 

SwitchtenseSwitchtense fueron los encargados de inaugurar nuestro Ressurection Fest. Los portugeses, con un público considerable, no decepcionaron, pero tampoco supusieron ninguna sorpresa. La pesadez de ritmos y la consistencia vocal de Hugo Andrade se dejo oír con una espectacular potencia en el escenario Monster, pero no dejó demasiado lugar para el dinamismo o las variaciones a nivel de setlist. Potencia, brutalidad y crudeza, que, a pesar de estar ejecutadas con precisión, daban la sensación de que el bolo estaba estructurado sobre el vacío, de que no terminaba de arrancar nunca. La excepción la marcaron los temas State of Resignation y Ghost of Past, de los que no tengo absolutamene ningún reproche.

A new Heaven AriseDespués, los coruñeses A New Heaven Arise. Lo que sucede con A New Heaven Arise es que hacen muy bien lo que hacen. Lo segundo, que algunos ya lo hemos visto muchas veces y empieza a resultarnos menos interesante. Con una presencia escénica arrolladora, especialmente la de Miguel, su vocalista, y apoyados por su público habitual, los locales encadenaron raidamente su setlist, nutrido con temas de su último trabajo, Birth Chamber. Sin embargo, y consciente de que esto me va a generar un montón de nuevos enemigos, el bolo no terminó de cuadrar. La batería de Benito sonó correctísima durante todo el bolo, pero también tremendamente falta de ganas. Sin embargo, como otra de las muchas contradicciones de este bolo de ANHA, la sinegia entre bajo y bateria se mantuvo constante. El entusiasmo de Esteban a los teclados y el abrumador dominio vocal de Miguel se contrarrestaban con una irregular guitarra por parte de Marcos. Los tema de a New Heaven Arise surgen de un proceso compositivo minuciosísimo, tanto a nival instrumental como lírico, y, quizá por eso, me sorprendió que los momentos más intensos corrieran casi exclusivamente a cargo del atmosférico teclado de Esteban. En su favor, el público estaba completamnte entregado, los temas se encadenaban con rapidez y limpieza y ciertos momentos, como el tema, Five-Sided, merecedores de aplauso.

Y, por fin, The Casualties. Lo primero que hizo Jorge Herrera fue beberse una lata de cerveza de un trago nada más pisar el escenario. Lo segundo, tocar My Blood, My Life, que se hilvanó ráidamente con Tomorrow Belongs to Us.

Unas horas antes, The Casualties parecían las personas más dulces y amables del mundo, hablando con todo el mundo en la zona de prensa. En el escenario, Meggers, el batería, que parecía un chico mu serio, trabajaba ritmos vertiginosos, la voz de Herrera sonaba al mismo tiempo perfecta y completamente destrozada en cada alarido, casi reminiscente de lo siempre brillantes GHB.

Todos los miembros del grupo parecían el frontman, todos estaban imbuídos de las mismas ganas de correr y gritar mientras atacaban Constant Struggle o la agilísima, juguetona y brutal Criminal Class

La sorpresa de la noche fue el homenaje de The Casualties a Eskorbuto, con el tema Antes de las Guerras, que se enlazó con Brick Wall of Justice, en referencia a la situación social y economica en España, y sin dar descanso en absoluto al publico, el bolo adquirió un tinte mas californiano, relajado y guitarrero, con Punk Rock Love, en el que el público hizo los coros junto con Rick Lopez. Siguió Resistance, y el cierre del bolo vino dado por un nueva vuelta a los fraseos rápidos, con Ugly Bastards, Riot y We all have.

The Casualities

Amsterdam Red Light DistritTras la euforia de los neoyorquinos, The Amsterdam Red Light District. Su mezcolanza hardcore y rock demostró una sorprendente potencia escénica. Liderados por Elio, el vocalista, que consiguió, en apenas media hora de bolo que el publico conectase con su dinamismo, a pesar de no tener un gran registro ni una enorme capacidad vocal, que sin embargo sí se mostró efectiva en su registro más melodico. Por su parte. Maxime Comby, el guitarrista, alternó punzantes riffs con un intenso y critalino sabor californiano en forma de fraseos simples, concebidos para entrar enseguida en la cabeza del público. Acompañados por las ondulaciones y platillazos de Julien Chanel, y con una base rítmica contundente y un peculiar manejo del breakdown, The Amsterdam Red Light District, sin ofrecer un bolo memorable, y dejando los temas de mayor calidad en la segunda recta de su concierto, no resularon aburridos ni un solo segundo y consiguieron que mezclar rock, hardcore y metal resultase divertido.

Muchos recordaremos el bolo de Devil in Mme por la frase de Poli, su vocalista, en referencia a la distancia que marcaba el foso de prensa con respecto al escenario y el público: Si no estuviera aquí esta mierda, estaría ahi, cantando con vosotros. Este derroche de actitud ejemplifica perfectamente como funcionó el directo de los portugueses: resultaron casi intimiantes sobre el escenario. Temas como Back Against the Wall, Alive o The End, las poderosas explosiones y platillazos de Tiago, que a ratos se embrcaba en estructuras algo confusas, sonaban por debajo de las guitarras de Matos Y Pedro que, sin alejarse excesivamente de las estructuras del hardcore, exhudaban calidez y se perdían en juegos de distorsión. Devil in me brindaron el hardcore mas crudo y agresivo de la noche, acelerando progresivamente el ritmo del bolo, con apenas un par de pausas para dar las gracias y anunciar su nuevo trabajo. Los portugueses fueron glaciares, agresivos, malvados, imponentes, y tuvieron el control de su bolo drante todo el tiempo, por encima o por debajo de fallos técnicos.

Devil In Me

Devil In Me Devil In Me

TriviumTras la brutalidad de los portugueses, los esperadísimos Trivium. El concierto de los de Florida empezó de forma algo accidentada, parándose cuando apenas había emezado para colocar las vallas de seguridad. Tras esa pausa, algo pasó con Trivium, pero todavía no sé qué. Lo que quiero decir es que, si los comentarios sobre el bolo de Trivium son, o bien halagos desatadísimos o bien citicas feroces, es que algo pasó. Personalmente, el bolo de Trivium me pareció bastante decepcionante. Adjetivos como potencia, dureza, dinamismo o agilidad escénica sólo se pueden aplicar al bolo de los de Orlando para referirise a su cierre. A Trivum les costó arrancar, y Matt Heafy tardó un tiempo demasiado largo en conseguir una potencia vocal regular. Y, sin embargo, lo que sorprende del bolo de Trivum es que, a nivel técnico, a nivel objetivo, todo estaba sonando en su sitio. Temas como Throes of Perdition, Becoming the Dragon, Dusk Dismantled o Black sonaban exactamente igual que en su ultimo trabajo, pero el público no es un estudio de grabación. Gran parte de él se esperaba y merecia mas. Solo hacia a mitad de bolo Trivium empezóa conectar realmente con la totalidad del public, dando un cierre decente con la coreada Pull Harder on the Strings of Your Martyr.

Trivium Trivium

De Jello Biafra quiero empezar diciendo que es un chico divertido, y la Guantánamo School of Medicine, un grupo efectivísmo en directo, que sabe cómo resultar imprescindible sin empañar el brillo de su vocalista, con una predominancia de guitarras aceleradas, riffs simples y una total accesibilidad para el público. El bolo del ex Dead Kennedys fue una de las sorpresas del Resurrection. Su particularísima forma de atacar el escenario, sus gestos de comediante de cine mudo, gesticulando hasta el histrionismo en cada tema, y con clarísimas referencias al spoken word, reformularon por completo el concepto de concierto punk. En su setlist no faltaron clásicos como The Ballad of John Dilliger, New Feudalism, la efectivísima en directo The Brown Lipstick Parade o Werewolves of Wall Street, para, hacia mitad de un bolo que, casi como único error, resultó excesivamente largo, introducir clásicos de los Dead Kennedyes como California Uber Alles. El numerosísimo público del escenario Jagger fue testigo de cómo hacer un concierto en el que tanto fans acérrimos como curiosos puedan sentirme cómodos. Biafra, que se dirigía al público casi todo el tiempo en un peculiar español, no necesitaba grandes alardes vocales para transmitir al público la autenticidad chispeante del punk que lo caracteriza.

jello biafra and the guantanamo school of medicine

Y, finalmente, Lamb of God. Para mi, primera vez que veia a Randy Blythe, Mark Morton, Willie Adler, John Campbell y Chris Adler en directo, nada de lo que había oido me habia preparado para lo que me encontré. Los de Virginia lo destrozaron todo. Si los discos de Lamb Oof God están marcados por una rabia y una pesadez groove homogénea, sus directos son de los más complejos, demoledores, veloces y poliédricos que he visto en toda mi vida. Arrancaron con Desolation, seguida de Ghost Walkin y Walk with me in Hell, mientras la voz ruda, áspera y tridomensional de Randy Blythe se repartía el espacio sonoro del escenari Monster con la velocidad vertiginosa, fria y cortante de las guitarras de Willie Adler y Mark Morton, que después se convirtieron, en temas como Now You’ve got Something to Die For o The Passing, en riffs sucios, distorsionados, contrastados con el enorme peso del bajo de John Campbell, que apelaba directamente a las tripas, y la batería de Chris Adler, que, en términos extramusicales, cortaba la puta sangre. Sin embargo, además de la perfecta ejecución de los temas, lo más destacable del bolo de Lamb of God fué el voltaje vertginoso al que fue ejectado. No me refiero a velocidad ni a que no dieran tregua. Me refiero a que encima del escenario estaba pasando algo fuera de lo común, y vivimos en una epoca en la que los conciertos fuera de lo comun son muy poco habituales. Cinco múscos tocando cada tema con toda su fuerza, con toda su intensidad, de una forma que parecían casi dolorosa, insufrible. No hubo ningún momento bajo, sólo un pequeño descanso y un final abrasador, cercano a la locura, con Redneck, que oí mientras corria dentro del circle pit, (las reporteras musicales también saben correr en un pit, cabrones) y la desgarradora Black Label.

Lamb Of God

Lamb Of God Lamb Of God

Lamb Of God Lamb Of God

Finamente, ya de madrugada y ante un público que seguía en pie a pesar del cansancio, Sylosis, con su mezcla de death metal y sus ligeros tintes thrash. Los contrastes y la oscurisas casi retorcida de su sonido se dejaron oír con contundecia, especialmente encarnado en la figura de su frontman, Josh Middleton. El bolo de Sylosis, a pesar de que la hora en la que estaba programado no acompañaba, puede recibir como única crítica que fue mucho mas técnico que dinámico, con un setlist bien estructurado en el que no faltaron cásicos de los británicos como Fear the World, Stained Humanity, All is not Well o, como final, Empyreal, Part 1.

Sylosis

Sylosis Sylosis