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Me llevó lo suyo conseguirlo pero confieso que ahora tengo la musculatura perfecta para escribir y componer canciones. Incluso para comer, beber, brindar, hacer el amor(licencia poética), conducir, llevar las bolsas de la compra o pasear. También soy capaz de cascar nueces, abrir tapones, exprimir limón y llevarme el gin-tónic a la boca…

No fue fácil. Antes estaba sobremusculado y eso me exigía horas de práctica diaria para mantenerme y una alimentación y privaciones de las que, al fin, me he liberado. Pensé que si la función crea el órgano y ningún animal tiene más musculación que la que necesita para hacer su vida, yo tampoco.

Fue como una revelación. Apoyado en esta base científica decidí ejercitar mi mente, que es con lo que trabajo y lo que necesito y desde entonces me encuentro divinamente. Perdí peso, pero no contorno ni talla. Estoy más blandito, elástico, flexible y, por supuesto, mucho más suelto. Me acomodo más y mejor en las sillas, el sofá o la cama y tengo más roce con la guitarra y con las personas.

Mi musculación se vino abajo pero mi creatividad se vino arriba. Hasta se me fue el nervio y las ganas de discutir por cualquier cosa. Duermo bien, bebo mucha agua o zumos, tomo mucha fruta y me salen unas canciones cojonudas o textos como éste.

Así que nada de mazarse en el gimnasio durante horas para conseguirla y mantenerla. Musculación, la necesaria para la actividad diaria y a ejercitar la mente. Más pesas en las ideas, más mancuernas en los pensamientos y estiramientos en los proyectos. A mí me va de cine. Agüita, neno!

Los de los gimnasios me matan…

 

Bobby McFerrin – Don’t Worry Be Happy