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El nueve o diez de Junio, dependiendo del país, las tiendas acogerán el esperado nuevo disco de Jack White, LAZARETTO, que continúa así su exitosa carrera en  solitario después del acontecimiento que supuso su anterior BLUNDERBUSS, un álbum brillante que obtuvo una muy buena acogida y que era el primero que el geniecillo de Detroit publicaba a su nombre.  Que el tipo es un currante está claro y que le sobra talento, también, a pesar de no llegar a los cuarenta, su carrera como músico y productor, aparte de sus pinitos como actor, lo ha convertido en una figura omnipresente desde que en 1999 sorprendió a medio mundo con su irrupción al frente de The White Stripes. Ya hace algunas semanas nos había ofrecido un adelanto de esta nueva entrega en forma de single, la misma canción que da título al disco, que grabó, prensó y editó en, agárrense,  tres horas y cincuenta y cinco minutos, no sé si esta manía por pulverizar records de velocidad es la misma que le llevó a meter al bueno de Neil Young en la famosa cabina vintage para grabar su último disco ya comentado anteriormente en esta sección.

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En cualquier caso, bromas aparte, este LAZARETTO convence y nos ofrece al mejor Jack White de todos los posibles y ya conocidos. La cosa arranca con Three Women una canción potente que recuerda a su postrer álbum con White Stripes, el muy contundente Icky Thump, guitarra destemplada incluida. Y para guitarras desquiciadas la siguiente y ya conocida Lazaretto donde además hace un muy inteligente uso de la tecnología. Por cierto, el video clip es espléndido. Sosiego y aires “folkies” es lo que nos ofrece Temporary ground, guitarras acústicas, violines y voces femeninas, una delicia. Piano rampante y otra vez coros femeninos para una canción dramática e intrigante, Would you fight for my love? Que hasta recuerda a los primeros Sparks. Nos cae la quinta que se trata del primer adelanto que pudimos escuchar del álbum, High Ball Stepper, donde Jack repasa su libro de estilo. Just one drink se trata de una canción bastante más desenfada, un rock and roll con un cierto regusto al Bowie de principios de los setenta. Alone in my home camina por la misma senda que su predecesora con un buen estribillo. La octava de la tanda, Entitlement, nos devuelve la granja del tío Neil. Chulería es lo que despliega nuestro hombre en The black bat licorice con un inesperado solo de violín, gloriosa. Coros que suben y suben, constantes cambios y una breve introducción de piano que me remiten al dramatismo del Time del citado Bowie, una canción nada obvia esta I think I found the Culprit. Y así casi sin enterarnos, de sorpresa en sorpresa, llegamos al colofón del disco con Want and able, piano y voz y hasta la próxima. Once canciones, cuarenta minutos, lo justo, no sobra nada y no falta nada. Perfecto. Y entretenido.

Ahora viene lo bueno, el disco se lanzará en versión ultra-elepé, el adelanto consiste en que mientras gira podremos ver el holograma de un ángel entre las ranuras, espero que no sea el propio Jack porque a mí el careto de este hombre siempre me ha dado algo de grima y no me apetece tenerlo danzando por el salón de mi casa. Además lleva pistas ocultas en las etiquetas del disco, una a 45 rpm y otra a 75 rpm, como la velocidad del disco es de 33 rpm será el primer vinilo de tres velocidades, ¡Mira tú! Además también será el primero con una cara acabada en brillo y otra en mate. No sé …me está poniendo nervioso, creo que lo voy a comprar en CD.

 

POSDATA: Justo al acabar de escribir esto he leído la crítica del disco escrita por Julián Ruiz en Plásticos y Decibelios. No coincidimos en nada. Bien.

 

Jose Tribeca