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Gerald Brenan, al igual que George Orwell, nació en las postrimerías del siglo XIX, cuando la época victoriana e imperial tocaba a su fín. Con sólo 19 años, participó en la carnicería en masa conocida por la Historia como I Guerra Mundial. Al terminarla, afectado por lo que hoy en día se conoce como Síndrome de Stress Post-Traumático, es decir, harto de tener pesadillas con imágenes de cadáveres de jóvenes combatientes, que son los que suelen morir en las guerras, y no los generales, y harto también de la Inglaterra post-victoriana y su moral hipócrita, desembarcó en la atrasada España de la época, a pesar de haber prosperado con su neutralidad.

The Face of Spain

Brenan había tenido una juventud muy agitada. Se había escapado de casa a los 17 años, y desde Inglaterra llegó andando hasta Bosnia, pero allí, la deserción de un compañero de escapada y el frío de los Balcanes le hicieron recular y regresar al hogar paterno. Se alistó en la I Guerra Mundial y participó en las principales batallas, recibiendo condecoraciones inglesas y francesas. Se relacionó con el grupo de Bloomsbury, hasta que decidió venir a nuestro país, y lo atravesó con sus burras desde A Coruña hasta Granada.

Desembarcó en nuestra ciudad con sus 2.000 libros, se compró un par de burras para cargar con ellos, y subió con los libros y las burras a la comarca granadina de Las Alpujarras, entonces muy aisladas y habitadas por descendientes de gallegos que poblaron en el s. XVII las tierras habitadas por moriscos expulsados después de una revuelta contra Felipe III, que llamó a los colonos gallegos después de expulsar a los rebeldes moriscos. En realidad, casi nadie, menos moriscos y gallegos quería vivir allí. Los nombres de los pueblos lo dicen todo: Porqueira, Capileira, Campaneira…

Esa formidable atalaya, esa “splendid isolation” a la inglesa, desde la cual un extranjero podía contemplar no sólo el paisaje sino también la sociedad española con un cierto distanciamiento que favorecía la frialdad, el desapasionamiento y la ecuanimidad, dió lugar a un libro capital para comprender la evolución social española: “El laberinto Español” (The Spanish Labyrint)

Brenan vivió en las Alpujarras desde 1919 hasta su fallecimiento en 1987, Es decir, desde el aparente aislamiento de esa sierra contempló la evolución de la sociedad española, a la que comparaba con un laberinto sin salidas fáciles. Las tensiones sociales provocadas por el nulo reparto de los beneficios obtenidos por industriales y comerciantes con la rentable neutralidad durante el Gran Conflicto no habían repercutido de manera apreciable en la inmensa mayoría de la población. La labor alfabetizadora llevada a cabo por organizaciones revolucionarias (Hay que tener en cuenta que a principios de siglo sólo el 10% de la población sabía leer y escribir), había hecho tomar conciencia a ciertas capas de la población que seguían siendo proletarias y desposeídas, pero que ahora conocían sus derechos y cómo hacerlos ejercer. La huelga de la Canadiense en 1917 consiguió por fin la jornada de ocho horas (conquista teórica que se debería comprobar y hacer cumplir ahora que se va a cumplir un siglo de esa conquista social). Una compañía de inversores canadienses monopolizaba la producción y distribución de electricidad en Barcelona (como hoy en día; da la impresión de que el tiempo no pasa). La clase obrera comenzaba a ser consciente de sus derechos y de sus aspiraciones de clase, y esa tensión dialéctica entre las nuevas ideas renovadoras y las viejas ideas imperantes se convertía en una escalada. Brenan lo dijo lúcidamente en las páginas de ese libro: “¿No es España, después de todo, el país en el que la Historia, y de qué monótona manera, se repite una y otra vez?“.

Brenan ya estaba hablando en 1943 de “casta”, de “caciques” que amedrentaban a la población para tenerla controlada y que compraban votos; hablaba del mangoneo de la Justicia y de la consideración de los jueces como funcionarios que debían obedecer las órdenes que viniesen de arriba. Hablaba de muchas cosas que nos podrían sonar de hoy en día, pero se trata de que estaba metiendo el dedo en la llaga en las lacras intemporales que azotaban la sociedad de nuestro país: Corrupción, mangoneo, terrorismo de Estado, abusos policiales, opresión, falta de derechos y libertades, caciquismo, casta, pobreza endémica, democracia falsa y adulterada, “quítate tú para ponerme yo”, evasión fiscal (siempre por los más ricos…), desigualdad en todos los aspectos, etc, etc.

Según la certera mirada de Brenan, los españoles llevamos siglos dando vueltas alrededor de nuestro propio laberinto, sin ser capaces de salir de él para poder reconocer y afrontar valientemente los problemas acuciantes de la sociedad: !España podría enviar rayos de luz y energía al mundo!…

Brenan asistió desde la ventana de su habitación en un piso de un barrio de la ciudad de Málaga a la “Batalla de Málaga” cuando las tropas fascistas italianas entraron en la ciudad, después del bombardeo de la aviación nazi, y fusilaron a 5.000 republicanos, todo por orden de un hombrecillo apodado el “Carnicero de Málaga” y que luego lloraría por televisión anunciando la muerte de su caudillito… Esta impresión de la crueldad humana hizo mucha mella en el espíritu de Brenan, que pensaba que ya estaba curado de espantos después de ver la I Guerra Mundial en primera línea de trincheras.

Después de “El Laberinto Español” publicó un libro de viajes por España, en el  cual aparecen las primeras investigaciones sobre el asesinato de García Lorca, y en 1957 publica “Al Sur de Granada”.

En la década de los 80´s llegaron los reconocimientos públicos, pero también las penurias, pues en realidad Brenan se había instalado en Granada gracias a una herencia recibida, pero en realidad, como buen escritor de culto, tenía tan buenas críticas como poco dinero… En 1982 recibió un homenaje popular en Yegen, y la Orden del Imperio Británico de manos del cónsul. En Octubre de 1983 fue nombrado hijo adoptivo de Ugíjar, pero en Mayo del 1984 fue enviado a una residencia de ancianos en Londres, debido a sus estrecheces económicas. Sus admiradores consiguieron que el Gobierno nacional y el andaluz lo trajera de vuelta en Junio de 1984, y se creó la Fundación Gerald Brenan. Gerald Brenan murió el 19 de Enero de 1987. Carlos Cano le dedicó un pasodoble titulado “Don Gerardo”, que es como era conocido entre sus vecinos tanto en Granada como en las Alpujarras. Su casa en Churriana está siendo rehabilitada para ser convertida en museo. Fernando Colomo dirigió la película “Al Sur de Granada”, titulada igual que un libro suyo, en la que Matthew Goode interpreta al joven “Don Gerardo” cuando llega a Granada y percibe el choque de mentalidad y de cultura, el proceso de asimilación e integración en la comunidad, e incluso los abundantes ligues con las morenazas andaluzas del lugar. Descanse en paz, Don Gerardo.