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Cuando era jovencito en los felices años 80´s (felices comparados con ahora…) y bajaba a toda pastilla la Calle Gaiteira a las siete de la mañana para coger el autobús a la Zapateira, en una enxebre casa de aldea que todavía pervivía desde los tiempos del Ayuntamiento de Oza un anciano cortaba leña para el lar de esa casa. Poco a poco, fui entablando conocimiento con él en el bar del barrio, al que acudía cada tarde a tomar, ni más ni menos, que una taza de agua caliente con una gota de descafeinado (sí, una gota nada más), taza que difícilmente levantaba entre temblores causados por un Parkinson muy probablemente consecuencia de las palizas, las amenazas, las torturas y los dos simulacros de fusilamiento provocados por la vesanía fascista que asoló las tierras del Estado conocido como Reino de España. Pues este anciano que a las siete de la mañana cortaba polas de leña, había sido un modesto albañil que en tiempos de la frustrada (no es lo mismo frustrada que fracasada) II República Española, organizó a sus compañeros anarcosindicalistas de la obra para provocar dos huelgas generales en busca de condiciones dignas y aceptables de trabajo. Se llamaba (o lo conocíamos los chavales del barrio) como el Sr. Barrós, y había sido Secretario General del Sindicato de Construcción de la Confederación Nacional del Trabajo.

Cada tarde, entre sorbo y sorbo temblorosos de ese peculiar mejunje de agua caliente con una gota de descafeinado, se ponía a contar chistes sobre la “Collares”, la esposa del Caudillito, más concretamente, sobre la racanería, la tacañería y la rapiñería de dicha “Jefa del Estado”, cuyas razzias eran muy bien conocidas por las Joyerías, Mueblerías y tiendas de LaCoru cuando el Jefecito de Estado calzonazos y la “Collares” desembarcaban en LaCoru en Agosto para pasar sus augustas vacaciones. El Sr. Barrós debía presentarse en comisaría todos los días mientras el Caudillito estuviese en LaCoru, por temor a que el Sr. Barrós lo matase, y no precisamente a base de chistes de la Collares.

Es más, cuando Fraguita se vino a tomar el pelo a los gallegos, después de comprobar que los españoles estaban hartos de que se lo intentase tomar a ellos, y se desengañó de conseguir el objetivo de su vida de ser Presidente del Gobierno de la Nación Española, precisamente al cerciorarse de que los españoles nunca consentirían que un puto franco-fascista les gobernase, en las primeras elecciones que ganó Fraguita, esas mismas en las cuales, al tomar posesión, y tener que cantar (o mejor dicho, hacer que cantaba) el Himno Galego, del cual sólo movía la boca para hacer que cantaba, y sólo sabía pronunciar el “Foooogar de Breeeeogáaaan”, tuve que hacer una encuesta a algún anciano jubilado sobre su intención de voto (Aunque la  respuesta ya se subiese, casi todos los ancianos jubilados, menos excepciones como el Sr. Barrós, votarían a Fraguita para que los rojos no les quitasen ni las vacas ni las pensiones, pues como dijo el Hispanista Paul Preston “Franquito acojonó a tres generaciones de Españoles”). Bueno, intentaré ir al grano sin desviarme. Busqué al Sr. Barrós, pensando que estaría dispuesto a colaborar con mis encuestas. Llamé en la puerta de dos contras típica de las aldeas, y me salió su hermano. Cuando me preguntó de qué eran las encuestas, y mencioné la palabra “Política”, dicho anciano hermano pegó un bote del susto como si le hubiesen mencionado al diablo, y me cerró la contra de la puerta. Al día siguiente, el propio Sr. Barrós me vino al bar preguntando si sabía quién era el que había llamado a su puerta para liarlo otra vez en “política”. Cuando le dije que era yo quien había llamado preguntando por él, y que no era liarlo en “Política”, sino hacerle una encuesta de intención de voto, el Sr. Barrós me imploró que por favor no volviese a llamar a su puerta para hablar de política, puesto que su familia le había echado la bronca pensando que se volvía a meter otra vez en berenjenales de sindicalismo y política. Más concretamete, le habían comentado acerca de las penalidades (que yo me creo) que habían tenido que sufrir por su participación en la defensa de los Derechos sociales y laborales de los trabajadores, le recordaron lo mal que lo habían pasado, mejor dicho, lo mal que se lo habían hecho pasar los cobardes y desalmados fascistas con sus amenazas, torturas y simulacros de fusilamientos, y su ingreso forzoso en el ejército fascista, pasándose 12 horas en el agua como náufrago en Alicante del “Castillo de Olite”. Incluso me pidió que me fijase en un desconchado que había en la pared de la vieja casa de aldea, al lado del marco de una ventana, y que me diese cuenta de que dicho desconchado era fruto de los disparos de una horda de fascistas que el día que estalló la Guerra Incivil le habían hecho desde un coche. En resumidas cuentas, su familia le había prohibido unánimente que a la edad de ochenta y algo años volviese a inmiscuirse en el deber cívico reconocido por la Constitución del Reino de España de participar en los asuntos públicos. Bueno, no debía ser el único anciano todavía traumatizado por el recuerdo y el shock traumático de aquellos días.

Pero un buen día, dejé de ver al Sr. Barrós, ni cortando leña, ni tomando la taza de agua caliente con una gota de descafeinado en el bar del barrio a las siete de la tarde. Ni siquiera lo volví a ver paseando por detrás del Corte Inglés, ni volví a ver abierta su casa. Me pregunté mucho qué le podría haber pasado, llegando incluso a pensar que le debía haber llegado su hora, y no precisamente la de ser objeto de un simulacro de fusilamiento. Hasta que por fin, meses despúes, tuve la alegría de volver a verlo por el barrio de Labañou.

Entonces, me contó el motivo por el cual ni lo volví a ver por nuestro querido barrio ni siquiera volví a ver las contras de casa de aldea de su puerta abiertas de nuevo. En realidad, no había nada abierto en esa casa, porque estaba todo cerrado. Pero entonces, el ex-combativo Sr. Barrós me contó la causa de su mudanza y del cierre de la casa. Un caritativo prócer de LaCoru, famoso por sus salidas de tono, sus hipocresías, sus contradicciones, su demagogia populachera y socio-lista y sus ambigüedades, sus “boutades”, y sus mamarrachadas, se había acercado a llamar a la puerta del Sr. Barrós, que lo conocía desde que era niño en el barrio de la Cubela, y no como yo para hacerle una encuesta de política, sino para hacerle un favor, puesto que dicho prócer, movido por su “alma caritativa”, al enterarse de que había un supuesto plan urbano en la zona limítrofe al Corte Inglés (Plan urbano que sospecho que sólo existía en su calenturienta imaginación, y tal vez creado a su propia conveniencia por ánimo de lucro), se había acercado, movido por su amor (por su amor al dinero, claro) a avisar al querido anciano que se había enterado (¿Cómo no se iba a enterar si él mismo lo había diseñado?) de la supuesta existencia de ese supuesto plan urbano, según el cual, si antes de tres meses el anciano y su represiva y reprensora familia no vendían la casa de aldea antes de ese tiempo, repentina y sorpresivamente, su vieja casa con disparos de la Guerra sería fulminantemente expropiada, así que mejor que se la vendiese a algún pardillo (al final sería hembra, pero no pardilla, sino muy espabilada…) para que se la expropiasen a él/ella, aunque fuese recién comprada… Y así, movido por el miedo que los fascistas primero, y el demagogo socio-listo después le metieron en el cuerpo al viejo combatiente, él y su familia vendieron la casa y se repartieron 35 millones de pesetas producto de la apresurada venta a toda prisa, antes de que ese supuesto y desalmado plan urbano echase sus garras sobre esa histórica casa de aldea.

Un día, subiendo la cuesta en donde la casa ya había sido derrumbada, y en su lugar se estaba construyendo un edificio tan moderno como feo, salió de repente un joven amigo mío con cara de alucinado. Me pidió un cigarrillo pues dijo que estaba muy alterado y muy impresionado. Estaba trabajando con su padre en la construcción, concretamente en el revestimiento del ascensor como carpintero, y me dijo que estaba flipando y alucinando, puesto que nunca en su vida había visto tanto lujo junto y reunido: mármol, caoba en el ascensor, ébano en los pasillos y escaleras… todo de super-mega-lujo. Y me contó quién era la “pardilla” que había comprado la vieja casa, no para ser expropiada por un pretendido “plan urbano”, sino para derrumbarla y promover en su lugar un edificio de lujo para paganetas llenos de dinero, concretamente me dijo que cada piso, de los cuatro por planta y de las siete plantas, debía costar unos 50 millones de pesetas de la época. Y no sólo me dijo éso, sino que también me contó quién era el alma caritativa que se había apenado del heróico y bienintencionado Sr. Barrós y de su familia, comprándoles la casa por 35 millones de pesetas para derrumbarla, y hacer cuatro pisos por planta con siete plantas en total a 50 millones de pesetas el piso, es decir, 50 x 4 x 7 = 1.400 millones de pesetejas, todo por ser un alma caritativa con los amenazados de expropiación. La compradora, era, ni más ni menos, que la esposa de ése caritativo y de buen corazón prócer, que afirmaba que en LaCuruña debemus de hablar Castejano e Injlés, porque no hay colvidar que el Jallejo no sirve para andar por el mundu, porque es un lenguaje provinsiano y aldeanu que nos hace averjonsarnos de nuestrus oríjenes y de nuestrus antepasadus, y sarna para el restu de Jalisia, que sijen hablando ese dialectu que no sirve para andar por el mundu, así que oblijemos a nuestrus hijos a estudiar Injlés en colejius del Opus Dei, por muy sociolistus que seamus, si es que podemus robar lo suficiente para pagar eses colejius donde les quitaremos a las futuras jenerasiones las ideas nejativas de estudiar y hablar dialectus provinsianos, y les inculcaremos las ideas sociolistas de que hay colvidarse del Jalleju para estudiar Injlés, y así te entiendan por el mundu adelante, aunque lo que dijas nu sean más que mamarrachadas, demagojias y demás tonterías de especulador católico y republicano de paco-tilla… (Hemos dicho paco-tilla, no paco-vazquez, ¿Eh?). Otro día seguiremos riéndonos, porque como decía Peret, es preferible reir que llorar… Muchas jrasias.

Copyright: Tony O´Hara