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Sombras.

Cuatro sombras enfrentadas

En un espejo vacío,

Cuatro frases sin sentido

Que brotan de un gran vacío.

Sombras.

Cuatro sombras enfrentadas

En un espejo vacío,

Cuatro frases sin sentido

Que brotan de un gran vacío.

Sendas que ya no encuentran

Un trozo de pan,

En vilo,

En el silencio perpetuo

De la palabra nombrada

Que va a tu encuentro.

Una rueda incandescente

Como el sol de esta mañana decreciente

Que gira sobre este mundo,

El mundo de los dioses inocentes.

A cualquier hora estaremos

Presentes en la demora naciente.

En cualquier lugar se salva

La peligrosa serpiente.

Darío Méndez.

 

Son las 3 de la madrugada.

La lluvia sigue azotando los cristales rotos y ensagrentados de mi alma,pues el alma también sangra si está triste.

Desnudo,en mi cama,mi mente no deja de pensar en la elección que se presenta ante mí contínuamente en forma de interrogación perpetua que me va a perseguir por más que intente evadirme de ella.

Seguir el camino de la naturaleza o el de la divinidad.

Vuelvo a reclinar mi cabeza sobre la almohada,pues esta decisión me llevará un tiempo.

Y ese tiempo ha comenzado en la desnudez fantasiosa de este pedazo de madrugada.

Improvisación.

Un verso para el dolor,

otro para la esperanza,

otro para el día gris

que hoy sin tregua me acompaña.

Somos libres ya por fin tras una sentencia macabra

que el artista confesó

en mis oídos abiertos de par en par,

en su sonrisa de loco

quiso y quiere matar a Dios.

Y con ello la desgracia de una mente la mía

que se empapa de tristeza o alegría según a ella le venga en gana.

Y entonces se lo dije.

Le hablé de mi mente enferma,

de mi pasado,

de mi presente

y de un futuro que no puedo divisar.

Como ella sabe,

su felicidad es la mía,

y eso jamás cambiará,

mas toda la vida mía se empequeñece en este rato fugaz

al ecribir estos versos que ahora sin Dueña,

sin Musa,

están.

creyendo que no existía el tiempo ni la verdad,

mi ilusión crecía fuerte en un mar de dudas,

el mar de los besos que la distancia no perdonaba jamás,

la pluma que cojí al vuelo,

sus fotos,

sus palabras como olas,

sin más.

Ahora,

cada segundo que pasa es un segundo más

cuando antes los segundos en el reloj no se atrevían a avanzar

pues la electricidad de nuestros cuerpos y nuestras almas

no tenían parangón en esta pequeña ciudad

que compartía yo con gusto con flashes de eternidad.

Lo único a lo que me aferro

es a lo único a lo que me puedo aferrar.

Este poema sin Dueña,

ni poeta,

que sintiendo gran tristeza acaba con la peor de las palabras

que puedo concebir ya.

Este triste poeta se despide.

Y al cabo dejo de improvisar

pues ha llegado el final.

Darío Méndez.

La Reina de mis versos.

Será la que comprenda

El conjunto de mi ser,

La que de mi cabeza arranque

Las dos espinas que,

A veces,

Y solo a veces,

Me convierten en algo que no soy,

En algo que debo sobrellevar,

Sin yo haberlo buscado,

Desde el comienzo de mi vida,

Hasta el final.

Aquella que no se avergüence

Ni sienta pena ni pesar

Sino que su amor me entregue en toda dificultad

Por mis dos espinas clavadas,

Por mi ser en tempestad.

Aquella que no tenga miedo

Cuando llegue la dificultad,

Pues yo,

Que lobo soy,

Jamás le haré daño a ella,

La que Reina de mis versos será.

Creí tenerla ya,

Mas mis dos espinas

Son siempre mi sentencia final.

Se las ofrecí por ser ella

La única capaz de arrancármelas,

Mas todo se repitió de nuevo

Por abrir todo mi ser sin miedo ni recelo.

Guardo una inmensa esperanza en ella,

En su corazón bueno.

El corazón que me podría sanar.

Más como le dije siempre

Y sigue siendo verdad,

Su felicidad es la mía

Aunque esas dos espinas ella no me quiera quitar.

Sé que juntos,

Volando,

Llegando a donde nadie ha llegado aún,

De dicha y júbilo sería nuestra vida,

Nuestro paso por esta tierra fugaz.

Más si eso no se cumple,

Yo seguiré volando alto,

Pues no sé ni quiero hacer otra cosa

Hasta encontrar sentada,

En el arcoiris de la paz,

A mi musa,

Compañera,

Reina de mis versos sin par.

Darío Méndez.

La Reina de mis versos.

Será la que comprenda

El conjunto de mi ser,

La que de mi cabeza arranque

Las dos espinas que,

A veces,

Y solo a veces,

Me convierten en algo que no soy,

En algo que debo sobrellevar,

Sin yo haberlo buscado,

Desde el comienzo de mi vida,

Hasta el final.

Aquella que no se avergüence

Ni sienta pena ni pesar

Sino que su amor me entregue en toda dificultad

Por mis dos espinas clavadas,

Por mi ser en tempestad.

Aquella que no tenga miedo

Cuando llegue la dificultad,

Pues yo,

Que lobo soy,

Jamás le haré daño a ella,

La que Reina de mis versos será.

Creí tenerla ya,

Mas mis dos espinas

Son siempre mi sentencia final.

Se las ofrecí por ser ella

La única capaz de arrancármelas,

Mas todo se repitió de nuevo

Por abrir todo mi ser sin miedo ni recelo.

Guardo una inmensa esperanza en ella,

En su corazón bueno.

El corazón que me podría sanar.

Más como le dije siempre

Y sigue siendo verdad,

Su felicidad es la mía

Aunque esas dos espinas ella no me quiera quitar.

Sé que juntos,

Volando,

Llegando a donde nadie ha llegado aún,

De dicha y júbilo sería nuestra vida,

Nuestro paso por esta tierra fugaz.

Más si eso no se cumple,

Yo seguiré volando alto,

Pues no sé ni quiero hacer otra cosa

Hasta encontrar sentada,

En el arcoiris de la paz,

A mi musa,

Compañera,

Reina de mis versos sin par.

Darío Méndez.