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CUBA, LA LIBERTAD TRAVESTIDA. Por Pepa Díaz.

Publicado el 3 marzo, 2017 | Entrevistas

Inconformismo, rebeldía y lucha interior son rasgos predominantes en las instantáneas de la serie “Nunca se sabe”, del fotógrafo cubano Carlos Abad Z. Una colección de irreverentes imágenes de transexuales y Drag Queens, que colorean las diferencias, y que se puede visitar en la Galería Begoña Malone, de Madrid, hasta el 17 de junio.

Fotografías que ilustran una ruptura con la visión unilateral de la libertad, así como de la situación de homosexuales, travestis y transexuales en cualquier parte del mundo. Gestos que, sin embargo, buscan una transformación cultural e integradora, y que procuran ir más allá de la situación exclusiva de este colectivo. Abad parte de la oscuridad para descubrir toda una revolución interior que ilumina y transforma patrones culturales, acabando con los tabúes de lo ortodoxo.

    P.D. ¿Es la libertad sexual uno de los temas centrales de “Nunca se sabe”? No es exactamente la libertad sexual, sino la libertad, en general. Las cuestiones marginales y los universos considerados más oscuros, que la sociedad tanto hace por no ver, y por olvidar. Mi obra tiene que ver con ese concepto de libertad, basado en el respeto y la tolerancia, que es el que las personas más reclaman. Nunca me ha interesado el morbo por lo sexual, o el elemento escandaloso; si no el darle a esas vidas, que realmente están apagadas, y se mueven entre las sombras, un poco de luz y un reconocimiento.

    P.D. ¿Crees que Cuba vive una revolución sexual? No, es más hay detalles en la cultura cubana que hacen que nunca haya habido una influencia eclesiástica tan fuerte como en España, o en el resto de América latina. Esto ha permitido que podamos crecer, como cultura, con determinados elementos de identidad sexual basados en conceptos de normalidad mucho más naturales, menos traumáticos.

    P.D. ¿Qué revoluciones quedan pendientes dentro de la revolución cubana? Las revoluciones pendientes, en Cuba, están mucho más dentro del individuo y en el reconocimiento de esa interioridad. Las historias de Cuba recientes han tenido mucho eco y muchas manipulaciones, de todos lados. Y en el centro estamos nosotros como individuos, como cultura, y como nación, recibiendo, a su vez, el eco de ese eco. Eso nos ha hecho ver una imagen distorsionada de nosotros mismos y a su vez de nuestra identidad.

    P.D. ¿Ha cambiado la situación de los transexuales y los homosexuales en Cuba desde la llegada de Raúl Castro? La situación es muy compleja, destaca la labor del Centro Nacional de Salud Sexual, que dirige, precisamente, la hija de Raúl Castro: Mariela Castro, que lleva más de 20 años funcionando. Y que ha conseguido que, en el caso de los transexuales, se haya avanzado más que en otras partes del mundo. Las operaciones y la atención son totalmente gratuitas, y hay un equipo de asesores, médicos y psicólogos, que intentan minimizar el trauma que supone todo el proceso.
Aunque la situación de los homosexuales en Cuba es realmente peculiar, por un lado se expresa con normalidad, pero básicamente la represión consiste en una actitud oficial por un problema cultural. Allí aún no hay mecanismos que aquí son muy simples, como el reconocimiento de que existen o que tengan lugares donde reunirse. Allí, habitualmente, suelen hacerlo en sitios clandestinos, con riesgo de ser desalojados. Sin embargo, la cultura cubana no es homófoba, a pesar de ser machista, es más abierta y tolerante de lo que aparenta. A nivel popular, yo siempre recuerdo, en los pueblos, un enorme respeto por los homosexuales.

Lo que queda pendiente es asumir la homosexualidad con una cierta normalidad, aceptar que existen sitios semi-clandestinos, tolerados, pero oficialmente no permitidos. Hay que aceptarla como un rasgo de normalidad que siempre estuvo integrado en la cultura cubana.

    P.D. ¿Tus fotos pretenden concienciar, revolucionar o, símplemente, provocar? Ninguna de las tres, no pretendo concienciar, porque entiendo que es algo mucho más profundo. Lo que yo trato es mostrar una experiencia y proporcionar niveles de normalidad a situaciones bastante marginales.
La sociedad no está muy capacitada para cambiar y esto es lo que provoca escándalo, no mi trabajo. La provocación resulta bastante fácil y tampoco me interesa. Otra cosa distinta es que las personas estén muy cerradas y vean una situación de provocación en una realidad que, simplemente, es distinta de la suya.

Fotos: Pablo Yarnoz, Texto: Pepa Díaz

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