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Ahora pienso esto,
ahora aquello,
ahora lo otro.

Ahora digo y hago esto,
o aquello,
o lo otro.

Y me río a carcajadas
de la bendita coherencia.

De la bendita responsabilidad
que solo es la máscara
con que se visten aquellos
que mucho tienen que ocultar.

Yo oculto también infinidades,
mas no me someto al yugo
de las apariencias
y del qué dirán.

Aborrezco esa filosofía
hasta el punto de la indiferencia,
sin prestar mayor gravedad al asunto,
pues mejores vivencias vivo en este mundo.

El mundo está loco,
dicen algunos.

El mundo,
el mundo,
el mundo.

¿Qué mundo?

¿El que creemos que tenemos atrapado
en las palmas de las manos?

Grande es de nuevo la carcajada
que desata mi garganta
ante tanta soberbia y orgullo.

¿Por qué te ríes de mi
si te estás riendo tú solo?

¿Acaso ves a alguien más riendo?

No.

Solo te ríes tú,
pobre ciego,
que con rimel alimentas tu mirada
que cree poseer el infierno,
cuando no sabe nada de esto,
ni de aquello,
ni de lo otro.

Sigue en tu morada cómoda
que yo me arriesgo a cruzar el puente
que divide la locura en dos mitades.

Una,para descubrir la verdad.

Otra,como no,para aparentar.

Sigue chillando a gritos
que no te escucho
ni siento tu presencia
pues la primera mitad,
la loca,
me salvó de ti hace tiempo,
miró mis ojos despiertos,
me llevó de la mano del susurro,
del viento,
del ave que vuela
en lo más alto del cielo,
del Dios que en mi mano
vanagloria mi deseo
de verte crecer inmundo
mientras acicalas tu pelo
y te vistes de muerto
en un pequeño segundo.

Porque muerto estás hace tiempo.
Nunca vivirás del todo.

Jamás pisarás el suelo
que pisan mis pies descalzos,
mis zapatos,
mi espíritu libre y sereno
que danza sobre tu vientre,
te va vistiendo despacio,
comercia con tu negocio
para derribar las puertas
que jamás cruzarás,
que jamás verás
hasta que tengas la virtud del sabio,
el color extraño del camaleón,
la sonrisa de un niño,
la mirada del dragón.

Cruza la puerta,
pobre,
cruza la puerta pronto,
pues el tiempo no te va a perdonar
por muy brillante que seas.

Muere para renacer.
Duerme un poco y despierta.
Sueña para ver lo real.

Odia para sentir,
para creer,
para amar.

Darío Méndez.