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 childe2jun14

  Es difícil escribir sobre un amigo, sobre la obra de un amigo peor y si la obra es esta en concreto y el amigo es Carlos peor que peor. La obra de un músico no tiene por qué estar teñida de verdad, ¿hemos visto alguna vez la verdadera cara de David Bowie?, ¿Qué tiene que ver ese vagabundo beodo de voz imposible con Tom Waits? Y no, ni Alice Cooper guillotina criaturas en el sótano de su mansión ni Ozzy moja murciélagos en el Cola Cao a la hora del desayuno (solo se comió uno y tuvo que ser hospitalizado al borde de la muerte) Carlos sí es de esos que camina por el blues y la balada dejándose gotas de sudor y sangre con ese aspecto de chuleta que podía haber salido tanto de Batón Rouge como de Chamberí, desinflándose burlón delante de su público con una sonrisa en la cara y lágrimas en los ojos.

Si no lo conociésemos de los bares y escenarios de la ciudad al escuchar este nuevo More nights than days (de eso doy fe) estaríamos convencidos de enfrentarnos ante un músico procedente de alguna  barriada de Chicago, no hay impostura alguna, él suena así, él vive así. El disco se grabó de un tirón con la banda tocando en el estudio un par de días, lo justo para mirarse a los ojos y tirar pá delante, como los buenos, los de verdad, los que llevan muchas noches trabajándoselo juntos, después del “bolo” unas copitas y a por más. Fernando puede tocar la batería en tantos registros como pocos he visto en el montón de años que me llevo pimplando música, lo mismo pone la vista en Bill Brudford como en Jim Keltner y aquí está sobrio y elegante como pide la cosa. Fran le pone músculo al asunto. Y Gastón, Gastón es un guitarrista que entre la tradición y la vanguardia, entre La Coruña y Buenos Aires, es capaz de dar color al decorado más gris que uno pueda imaginar, brillante y vibrante, “chapeau”. Mención a las contadas intervenciones de Mariam Ledesma donde destila garra y buen gusto. Aquí no hay post-producción solo un sonido denso y empastado para arropar una voz que desgrana sus historias, su historia, al borde de la rotura justito balanceándose en ese hilo que va de la garganta al estómago pasando por el corazón.

childe3jun14

   El disco comienza con ese Devil´s on the sidewalk que inmediatamente nos remite al último Dylan, al de Tempest, y no solo por una voz que cada vez tienen más similitudes. El judío de Minessotta planea por toda la obra ¿o no recuerda la preciosa Under the moon  a la no menos magnífica I belive in you?  El Waits de hace unas décadas hubiese firmado con gusto Because of you , seguro que la guitarra de Gastón es la que ha estado bebiendo, no él. En When I say goodbye to my girl nuestro hombre suena animoso, magníficamente apoyado por la voz de Mariam, una canción que no hubiese desentonado en el repertorio de las Supremmes, puro Motown. Y luego un poquito de swing con Give me the key to your dreams, Bob Fosse la hubiera incluido con gusto en alguno de sus musicales. “…buscando respuesta en el silencio dando vueltas en círculo sobre la arena me estoy volviendo loco” canta desvalido en Almost Crazy y la voz se arrastra, interpreta, se quiebra  hablándonos de los demonios que habitan en su mente. Muy poquitas veces se publica en España un disco que pueda mirar a los grandes de la música americana de tú a tú sin tener que bajar la vista, es lógico, ellos moldean sus músicas partiendo de su tradición, es realmente su música, no la nuestra. Por eso, oído lo oído, es de suponer que en el pasado algún movimiento tectónico ha hecho que parte de las aguas de Mississippi se filtraran hasta Monforte y este hombre se calló en la marmita del blues, el soul, el music-hall y el rock and roll. Ustedes mismos.

childe4jun14

 

POSDATA:    Ya solo hay noche, las farolas escupen su luz sobre las aceras y le veo alejarse un poco encorvado, con el paso inseguro, sonrisa pícara y el cigarrillo entre los labios. El cantante.

 

Jose Tribeca