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Entiendo que tal y como está el panorama musical hoy en día, que para los entendidos habrá calidad, no lo dudo, pero para el rockero de a pie como la que suscribe es más bien decepcionante y tristón, las bandas tributo arrasen allá por donde pasan como atila y los hunos. Y crecen como las setas en otoño, oiga. Pensándolo bien no es una mala idea, es la única manera de ver en directo lo que más se parece a aquello que tanto admiras, ya sea porque los originales no se tragan o porque alguno de los miembros ha pasado a mejor vida. Así que el viernes pasado nos liamos la manta a la cabeza y allá que nos fuimos al Coliseo de A Coruña a ver a los Brothers in band (obviamente, tributo a Dire Straits) y a God save the Queen (tributo a Queen, claro). A los primeros ya los habíamos visto hace dos o tres años y nos habían sorprendido gratamente. A los segundos, nos quedamos con las ganas porque más o menos por esas fechas estábamos en otro lugar viendo a los primeros. Problemas de sincronización y ubicación, básicamente. Ambos son tributos, sí, pero hay una diferencia entre ellos más que evidente. Los primeros recrean, los segundos copian.

 

Comenzó el concierto a eso de las nueve y media de la noche con la actuación de la banda liderada por Óscar Rosende, que lo único que tiene en común con Mark Knopfler es la guitarra y su virtuosismo al tocarla, ni copia su look, ni sus movimientos, ni su voz, que aunque sí es parecida, no es ni creo que quiera ser igual. La verdad es que clavan los temas, entendiendo clavar como tocarlos bien, pero por lo menos dejan algo a la improvisación en los fraseos y en los solos. Excelentes en mi opinión Solid Rock, Tunnel of love, Brothers in arms, Walk of life y Twisting by the pool, además de, por supuesto, Sultans of swing. Tocan muy bien y recrean estupendamente a la banda de Mark Knopfler sin pretensiones y con un repaso equilibrado a toda su carrera, prevaleciendo los temas pertenecientes al primer disco, a Making movies y a Brothers in arms.

 

Harina de otro costal es el tema de los God save the queen. La banda argentina no engaña, todo hay que decirlo, ya su espectáculo se anuncia como una recreación del concierto de Wembley 86 de la banda de Freddie Mercury, pero… ¿hacía falta llevarlo hasta tal extremo? Hasta copian la ropa, las melenas de Brian May, el bigote de Freddie. Los arreglos de los temas son calcados al del concierto de Wembley y hasta no sé si el orden, no he ido a mirar la carátula del CD original.

 

Tras un buen rato de hacer esperar al respetable, la banda de Pablo Padín arrancó con un potentísimo One vision que hizo saltar a todo el personal de sus asientos (los que estaban sentados, claro). Después, y para mi deleite, tocaron Tie your mother down (es mi tema favorito), que coreé hasta la afonía. Si uno cerraba los ojos era como escucharlos en el salón de casa con el equipo a toda caña tal era el parecido. Los puristas dirán que qué horror, qué falta de creatividad y patatín y patatán, pero digo yo: ¿acaso cuando se representa Don Giovanni, o La Traviata, o Tosca no se está siguiendo la partitura al pie de la letra y nadie se queja? Pues aquí, tres cuartos de lo mismo.

 

La cosa se empezó a complicar cuando Pablo tuvo que adaptar su voz para llegar a los agudísimos tonos de Mercury en algunos temas: no lo conseguía. Lo cual no quiere decir que no tenga una voz prodigiosa, que la tiene. El asunto es que llegar a los agudos de Mercury es complicado, por eso Mercury sólo ha habido uno, y ni siquiera él mismo lo consiguió en Wembley 86, les recuerdo que la voz de Freddie estaba bastante maltrecha por aquel entonces.

 

Prevalecieron los temas de la segunda época sobre los de la primera, (mucho más rockera) tomando como referencia el álbum The Game para hacer el corte. Por abrumadora mayoría. Se marcaron un más que decente I want to break free que volvió loco al público, al igual que Radio ga-ga, Crazy little thing called love y una en mi opinión no muy afortunada Bohemian rhapsody. Digo poco afortunada porque se cargaron toda la intro y empezaron con aquello de “Mamaaaaaaa”. Padín también toca el piano, por cierto. Por lo demás, impecables en ejecución, buenos músicos, destacando la actuación del guitarrista Francisco Calgaro como sosias de Brian May, pues se marcó unos buenos solos de guitarra. Punto negrísimo en mi opinión no terminar con The show must go on, por mucho que el tema no figure en el famoso concierto del 86 (es del 91), que habría quedado redondo para despedirse. Hicieron un bis y sanseacabó.

 

Resumiendo: el concierto enseñó las dos caras de la moneda del tributo a banda extinta: los Brothers con naturalidad y manteniendo dentro de lo que cabe su personalidad, y los DSR (Dios salve a la reina) mimetizándose hasta los más mínimos detalles con el grupo al que homenajean. El objetivo que buscaban lo consiguieron: llenazo casi absoluto.

 

 

Ana Vázquez Villarreal.

Fotos cortesía del Facebook de God Save The Queen.

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